TENÍA MÚLTIPLES SANCIONES

El legajo del femicida Herrera complica aún más a las autoridades penitenciarias

Gabriel Herrera, el convicto que mató a dos mujeres en visitas privadas dentro de la cárcel, la última de ellas Andrea Neri, una joven a la que ahorcó y acuchillo en el penal de Villa Las Rosas el jueves pasado, registraba un “pésimo” concepto de parte de las autoridades carcelarias.

NDS |

El crimen se registró en la Cárcel de Villa Las Rosas.

Esta calificación se encuentra en el legajo personal de Herrera, el cual acumula más de 400 fojas. En el último resumen de su prontuario se puede advertir que Herrera registra un calificativo de “Pésimo 00” en la categoría de concepto, al cierre del cuarto trimestre del año pasado.

Además, se pueden apreciar más de 20 sanciones disciplinarias desde el año 2005 hasta febrero y marzo del año pasado, cuando Herrera fue sancionado con ocho días en cada uno de los casos por el secuestro de teléfonos celulares en su poder.

Entre otras sanciones, Herrera recibió correctivos por distintos hechos de indisciplina, la mayoría de ellos por amenazas y agresiones, tanto al personal del servicio penitenciario como a otros reclusos, hechos de violencia que Herrera cometía a fuerza de golpes o bien armado con “puntas carcelarias”.

La cantidad de sanciones disciplinarias, con un promedio de entre dos o tres por año, cantidad considerada extrema para quienes buscan obtener beneficios dentro del penal, sumado al “pésimo” concepto, una nota impuesta por las mismas autoridades del penal, no hace más que complicar la situación de los funcionarios del servicio carcelario.

El legajo de Herrera, el cual para nada evidencia algún cambio o mejoramiento de conducta, abrió una serie de interrogantes de parte de la Justicia respecto a las razones por las que el doble femicida gozaba de ciertos beneficios dentro del penal.

Uno de ellos, casualmente, tiene que ver con el uso del teléfono celular, pues de los registros de la cuenta que el homicida posee en la red social de Facebook se pudo saber que el asesino tenía un acceso frecuente, siendo el último de ellos el 22 de diciembre pasado, días antes del homicidio de Neri.

Otro de los aspectos que complican a las autoridades del servicio penitenciario tiene que ver con el arma utilizada por Herrera para matar a su mujer. Se trata de una “gubia”, una herramienta que se utiliza para tallar y que sustrajo de los talleres del penal.

Lo que todos se preguntan es por qué, y teniendo en cuenta el “pésimo” concepto registrado en su prontuario, las autoridades del servicio penitenciario no instrumentaron normas extras de seguridad en torno a Herrera, aún más sabiendo de qué mató a su primer mujer, Verónica Castro, en una visita privada en marzo de 2006.

Todos indican que como mínimo, los guardias deberían haber requisado la celda de Herrera antes de cada visita conyugal a fin de asegurarse de que no tenga armas, sin embargo, este recaudo nunca fue implementado por los guardias.

Todas estas irregularidades, y otras más que son materia de investigación, podrían arrastrar a más funcionarios del servicio penitenciario provincial de los que el gobernador, Juan Manuel Urtubey, se apresuró en descabezar, incluso nadie entiende por qué otros funcionarios de primera línea apenas pudieron hacer algunos juegos de palabras frente a una situación que viene sucediendo en el penal desde hace años.

Más de Judiciales
La droga encontrada al narcopolicía en un móvil de 911, tenía como destino los puertos de Chile.

TRAFICO DE DROGAS

Condenaron a 10 años de prisión a un narcopolicía

El Tribunal Oral Federal de la Sala II condenó al ex cabo de policía Ángel Urzagaste a 10 años de prisión al haber sido encontrado responsable del tráfico de estupefacientes agravado por su función.

Poca incidencia para la causa tuvieron los testimonios en la audiencia de ayer del juicio contra Raúl Reynoso.

SIGUE EL PRÓXIMO LUNES

Desfilan testigos irrelevantes en el Juicio a Reynoso

Mientras los abogados que testificaron ayer, se siguen preguntando, cuál fue el sentido de su testimonio, las audiencias mantienen el tono de “juro, me siento y me voy”, sin entender, en muchos casos, la importancia para la causa de sus declaraciones.