Gregorio A. Caro Figueroa
Columnista invitado

Mirador del día

Detrás de un puño

Las fotos mostraron la cara ensangrentada del periodista Martín Grande. Las crónicas aportaron datos de Sebastián Ramos, el agresor, hijo del empresario, sindicalista millonario y diputado provincial Eduardo Abel Ramos. Sin embargo, esas imágenes y esos datos no lo dicen todo.

Por Gregorio A. Caro Figueroa para NDS |

Esteban Ramos, hijo del Diputado Abel Ramos, es llevado detenido.

¿Qué se esconde detrás de la furia que Sebastián Ramos descargó en forma de trompadas sobre Martín Grande? ¿Qué alimentó en Ramos su deseo de venganza y sus reiteradas amenazas, que incluían cortar la lengua al periodista? Detrás de esos puños crispados están la codicia y un oscuro fondo de corrupción organizada.

El campo de cultivo y el escenario de esta codicia corrupta cargada de violencia es una Salta donde lo único que crece es la pobreza, la indigencia y la desigualdad social, situación que coloca a nuestra provincia como una de las de más alto índice de pobreza dentro de un Noroeste que cuadruplica el índice de pobreza del centro del país.

Hace unos meses, un grupo de profesionales europeos visitó Salta, para participar en un congreso de su especialidad. Sus colegas y anfitriones salteños los agasajaron, y le hicieron conocer parte de la ciudad, incluyendo solo barrios privados y zonas residenciales exclusivas.

Cuando terminó el paseo uno de los visitantes dijo: “Bueno, ya conocimos la ciudad en su aspecto de consumo. Nos interesa conocer ahora su zona productiva”. Los anfitriones no pudieron mostrar una cara distinta de aquella del lujo y el consumo ostentoso. En las últimas décadas la asimetría ente esas dos Salta se profundizó.

Esa rápida riqueza de pocos parece menos vinculada a la actividad productiva y más próxima al capitalismo de amigos y a la corrupción. Más que condenar, por moral o ideología, la ganancia o al dinero como “estiércol del diablo”, lo que importa es comprender las raíces de estos enriquecimientos tan acelerados como excesivos.

El economista MancurOlson estudió las relaciones entre la escasez, la acumulación y los marcos institucionales“que permiten superar la primera y aumentar la segunda”. El desprecio a esos marcos institucionales explican, en gran medida, esa corrupción y ésta permite entender mejor el fenómeno de la persistencia y agravamiento de la pobreza.

El actual gobierno de China, al que no se podrá sospechar de ingenuo, está empeñado en combatir la maraña corrupción de sus funcionarios pues sabe que, si los tolera, cualquier programa para combatir la pobreza fracasará.  

El excedente es aquello que produce una sociedad por encima de sus principales necesidades. Con más excedentes, si ese excedente se distribuye de modo racional, habrá mejores condiciones de vida. Pero, si esa distribución es arbitraria y anárquica, los incentivos para invertir y producir resultan destruidos. 

En la lucha por la apropiación arbitraria del excedente hay dos bandos, dice Olson. Unos son “bandidos errantes”, que arrasan con el excedente, transformado en botín. Otros son los “bandidos estacionarios” que permanecen y aspiran a monopolizar el excedente, “bajo la forma de impuestos”, para lo cual necesitan convertirse en dictadores.

Los primeros efectos se parecen a una fiesta donde muchos disfrutan. La fiesta no tarda en traer consecuencias funestas: cae el crecimiento y los dueños del poder intensifican su codicia personal. Lanzados a apropiarse del botín por medios ilícitos,se entregan a esa forma de pillaje que llamamos corrupción”. “La corrupción es “un impuesto no sancionado por la ley”, dice Olson.

Que esta práctica se haya ido extendido por el mundo, incluyendo nuestro pequeño medio local, permite entenderla mejor, pero eso –sin duda- no disminuye un gramo su gravedad. Tampoco exculpa a quienes, desde hace 30 años, controlan y monopolizan el poder político de la provincia.

La brutal agresión a Martín Grande por parte del miembro de un clan familiar súbitamente enriquecido, desnuda una parte de un sistema que se tejió desde el poder político en los últimos 30 años en Salta. La mano que golpeó a Martín Grande no tenía guantes. Después de golpearlo, Ramos repitió que no se arrepentía y tampoco se arrepentiría de haberlo hecho.

Este ataque anunciado a Martín Grande no se explica solo por un rapto de furia del agresor. Solo se comprende como reacción violenta de uno de los miembros de uno de los tantos clanes enriquecidos en Salta, decidido a todo en su lucha para defender el espurio sistema de apropiación de su  parte en el botín.

Esta agresión es una consecuencia visible de esta distorsión del sistema político e institucional de Salta el que, a lo largo de tres décadas, y durante 24 años,permitió que solo dos familias,y una corte de sus rapaces socios menores, monopolizaran el poder político local, confesando su intención de aferrarse a él otros 24 años más, reinando hasta el año 2040.

Para funcionar, este sistema mafioso necesita impunidad, y ésta alimentarse de una vasta red de complicidades institucionales y personales. Para blindarse, esta impunidad requiere sobornar, intimidar y amordazar a periodistas que lo denuncian. Habrá que recordar la persecución que el gobierno anterior sometió a nuestro colega Sergio Poma. Si aquellos medios no son suficientes, se recurre la agresión brutal, como la que descargó el hijo de Ramos sobre Martín Grande. 

  • Gregorio A. Caro Figueroa, periodista e historiador
  • goricaro@redsalta.com
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