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ATÍPICO E INÉDITO MILAGRO

El Pacto de Fidelidad con los Santos Patronos se renovó desde las casas

La festividad del Milagro en la jornada de ayer no fue masiva como años anteriores, fue netamente virtual dado que los fieles no pudieron acercarse al Santuario de la Catedral donde todos los años el Señor y la Virgen del Milagro reciben sus ruegos y gracias.

En una Catedral vacía, el Monseñor Cargnello presidió la celebración.
En una Catedral vacía, el Monseñor Cargnello presidió la celebración.

La pandemia del coronavirus lo impidió, al igual que el operativo candado de la Policía que con sus vallas controló que nadie ingresara a la plaza 9 de Julio. Desde los hogares los feligreses siguieron la transmisión por los canales de televisión y redes sociales.

Fue un Milagro atípico e inédito, sin peregrinos, sin devotos de los Patronos Tutelares de Salta debido al aislamiento social y preventivo que provoca el COVID-19.

Precisamente en su homilía el Arzobispo de Salta apuntó a la fragilidad del ser humano y a la necesidad de recurrir a la fe en los momentos difíciles que se viven y en el que se llega lamentablemente a la pérdida de vidas, entre las que se cuentan familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc.

Se pidió la protección de quienes afrontan esta terrible enfermedad, así como las del personal de salud y seguridad para que no bajen los brazos en estos momentos difíciles que vive el país y de la que no está exenta la Provincia.

Homilía de monseñor Mario Cargnello

El rostro del Arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, trasmitía preocupación por la crisis sanitaria y en su homilía buscó llevar tranquilidad a los fieles y a resguardarse en la fe.

Señaló que hoy “experimentamos la verdad de lo afirmado por el Papa en marzo pasado cuando expresó: ‘nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a rezar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca estamos todos’".

Señaló que “la violencia de la pandemia se hace sentir entre nosotros. La enfermedad se expande, el sistema de salud amenaza colapsar, nuestros trabajadores de la salud y de la seguridad se ven desbordados.

La experiencia de la fragilidad física, espiritual y social es de todos. ¿Qué mensaje susurra nuestro tiempo?

El Salmista nos lo recuerda cuando invocando a Dios, Juez de las Naciones le dice: Levántate, Señor. Que los hombres no se envanezcan, que aprendan que no son más que hombres.

En efecto, la experiencia de los límites que son inherentes a nuestra condición humana están a la vista. Los recursos humanos son muy buenos, pero son insuficientes. Porque sólo son humanos. La ciencia no es omnipotente, la tecnología también tiene sus límites, las organizaciones son limitadas. Por ello surge desde lo hondo del corazón el pedido de ayuda: iSálvanos, Señor! Sólo somos hombres, varones y mujeres, ricos y pobres, profesionales y trabajadores, jóvenes y ancianos, habitantes de las ciudades y del campo, sólo somos hombres.

Dirigimos confiados nuestra mirada a Ti, que siendo Dios te hiciste hombre. Y desde tu corazón queremos enfrentar nuestras vulnerabilidades. Las mismas atraviesan familias y sociedades y nos invitan a repensar, cada uno, su lugar en el mundo. En primer lugar, hemos de enfrentar la vulnerabilidad física y social. La salud es un bien que debemos cuidar. Cuidar la vida desde la concepción hasta la muerte. Cuidar a los niños y a los jóvenes. Cuidar la calidad de vida para crecer en justicia y equidad. Cuidar el medio ambiente y a los excluidos y sufrientes de nuestra humanidad. Cuidar al hermano, no excluir a nadie”.

Tras referirse a la vulnerabilidad física y social, tuvo en su mensaje palabras sobre la vulnerabilidad política e ideológica. Dijo que la enfermedad ha superado proyectos partidarios e ideológicos y ha puesto en evidencia sus límites y la mezquindad de segundas intenciones. Y también habló sobre la vulnerabilidad económica: “Se impone la necesidad de una solidaridad real, sostenida, transparente y de una conducción honesta, austera, paciente. Es duro ver a los que lucran con la enfermedad, con la necesidad del otro, con el dolor ajeno”, sostuvo. 

 

 

 

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