Patricia Monserrat Rodríguez
Columnista invitada

SOBRE "CUANDO LOS CERDOS ARRASAN"

El universo teatral de Renoldi 2018

Nota de opinión de la última producción del 2018 del GIT (Grupo de Investigación Teatral). La puesta estuvo varios fines de semana en escena desde octubre a diciembre en la sala de Pro-Cultura Salta (Mitre 331).

Por Patricia Monserrat Rodríguez para NDS |

Los protagonistas de "Cuando los cerdos arrasan", dirigida por Jorge Renoldi. Estuvo en cartel de octubre a diciembre de 2018.
  • La obra teatral: “Cuando los cerdos arrasan", dirigida por Jorge Renoldi. Con las actuaciones de Fat Ferrario y Paola Laxi como los protagonistas de la obra escrita por Gabriel Cosoy.

La dramaturgia de Gabriel Cosoy (dramaturgo y director entrerriano cuyos textos ya han sido visitados por el GIT- recuérdese su puesta de “Mastroianni y el gas”) sitúa los hechos de la obra (Suplentes) …cuando los cerdos arrasan… en una pequeña ciudad sitiada por una hiperbólica inundación en cuyo cementerio dos actores – Adela y Joselo- pretenden reinventar el arte teatral aprovechando el morbo del turismo por esta urbe al estilo Macondo, rodeada de las aguas eternas.

Mientras ensayan la obra mesiánica repasan la historia del elenco, se confiesan sus mierdas personales y arremeten con lo ensayado una y otra vez para refundar la aldea y al teatro mismo.

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Jorge Renoldi, director teatral

Esta historia en el campo del arte es universal; la gran ola que arremete con todo para volver a empezar. La eterna historia de lo nuevo contra lo establecido o los nuevos en disidencia con lo establecido. Pero, vamos a los signos teatrales de la puesta y texto. Cosoy contextualiza su historia en cualquier lugar del litoral donde la inundación puede inhabilitar la normalidad de un pueblo como Aldea Spanzer. El Renoldi, once años después de aquella escritura entrerriana, traslada la escena a algún lugar que bien podría ser Salta.

Los lugares aludidos son un indicio muy valioso de lo que se quiere decir en este último estreno del 2018 teatral. Cachi, Salta o cualquier otra aldea donde el teatro esté al borde de la tragedia, donde se requiera un redentor que acuda cual hijo pródigo a refundar la actividad escénica, a refundarlo todo para que renazca el arte.

Esta base discursiva atrajo al GIT para hablar de Cachi y de Salta, entre otros temas tan dolorosos abordables sólo desde el humor negro. (Suplentes)… cuando los cerdos arrasan… es un trabajo autoreferencial y autorenoldicial (si se me permite la palabra).

Quienes conocen el campo teatral salteño perciben los guiños del director sobre sí mismo y sobre el teatro nuestro de cada día. Por ejemplo: Cachi, su ciudad natal, los ataúdes con nombres de referentes de la escena independiente, el cadáver del propio Jorgito con sus clásicas zapatillas, la alusión al iluminador que con dos tachos de aceite lograba un cenital, la música cacheña y su mixtura con un aire de beattle como única banda sonora de una obra única en su humor negro. Su madre.

Pero el signo más fuerte es la puesta misma; un panteón con altar, todo negro que en el marco de la precaria escena de Pro Cultura Salta tiñe el aire de una energía que sólo el Renoldi sigue trabajando. A pesar de las olas de cambio, ese sustrato teatral persiste, supera los diluvios y las arremetidas de los cerdos, como si Aldea Spanzer, Cachi o Salta fueran distintas barajas de un mismo mazo. Durante la obra se rememora aquel otro Macondo salteño que fue la polémica obra del mismo Jorge “Pueblo negro” que en el 2000 marcó un quiebre en el teatro de la ciudad.

La obra dramática se construye a base de fragmentos y metatetralidad ; la puesta del reconocido “hombre de negro” es más bien un caracol pues Renoldi ahonda en sí mismo, se detiene a mirar su oficio y carga con lo suyo; es decir con su poética, la forma en que cada uno concibe el teatro, el arte y el para qué sirve. En ese espiral rebuscado se puede leer que el teatro de Salta está muerto, que su lugar bien puede ser un cementerio. La ironía es que de ese camposanto surge una Adela, blanca e impetuosa actriz, dispuesta a salvar el pueblo y el arte; a superar a sus muertos y convoca por esquela al peor actor del mundo que ha triunfado en la capital para que estrenen un unipersonal escrito por la propia figuranta.

La obra dentro de la obra se llamará Suplentes, lo cual es una verdadera ironía pues a ningún actor le gusta la suplencia. Franco Fader, Falopa, Joselo o el mismo Fat Ferrario pueden ser cualquiera de los innumerables actores pródigos del teatro salteño; convocado a salvar la profesión a pesar de su falta de método, de formación o de madera u oficio. Verdaderos fracasados, changarines de la escena que aspiran a ser tigres de la escena y apenas llegan a cerdos,“chanchos locos” que arrasan con el grupo Aurora de Aldea Spanzer. También puede pensarse que ante un ahogo semejante las figuras de los ancestros son los salvavidas de las ceremonias comunitarias, como el teatro; entonces el cementerio se convierte en un lugar de redención donde otro inicio es posible.

Respecto a otra burla del destino trágico se puede ver en esta nueva obra del GIT que el tiempo y las dispersiones poéticas se han llevado a sus mejores actores; Alfredo Ferrario y Paola Laxi muestran una vez más un inconsistente trabajo actoral para causar el efecto conmovedor que otrora generaba el GIT con sus puestas. Si bien la obra tiene momentos en los que Paola Laxi deja suspendido al espectador por la carnadura de lo que está sucediendo, a Fat Ferrario no le cabe el personaje puesto que hasta para ser un mal actor a propósito hay que ser uno bueno antes.

Lo inestimable de esta versión de “Cuando los cerdos arrasan” son dos cosas.

En primer lugar, la puesta en la que interactúan los personajes. Se incluyó el espacio pasillo y algunos laterales donde ocurren hechos y se asemejan a una iglesia; en cuyo altar está Adela, de blanco virginal pero con botas de agua. Mientras que las cajas reconstituidas en ataúdes evocan amistades y referentes del teatro que ya fue; los antepasados recientes del teatro salteño, donde Renoldi se incluye socarronamente. Todo en negro y con la utilería del teatro pobre, sin grandilocuencias escenográficas y con texto muy potente que de a ratos reaparece en esta propuesta, salvándola del temporal.

En segundo orden, la disponibilidad del director de hablar de sí mismo, de su poética, de las otras y de los colegas que subyacen en el teatro salteño. Hacerlo con humor habla de una actitud diferente; ya dijo Freud que cuando uno puede reírse de sí mismo y relevar su vida con esa arma portentosa que es la ironía, el sujeto ya está en otro lugar. Para un grupo añoso como el GIT y un director curtido y aguerrido como el discípulo de José Luis Valenzuela, esta señal indica una etapa diferente.

Habrá que ver qué sucede en el universo Renoldi.

  • Patricia Monserrat Rodríguez
  • Crítica teatral.
  • labutacateatro@yahoo.com.ar​
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