El gobernador Gustavo Sáenz transita la cuenta regresiva antes del anuncio del nuevo gabinete que lo acompañará durante los dos años restantes de su mandato.
La reforma de la Ley de Ministerios ya dio la señal de largada: menos organismos, más concentración de funciones y tres recambios de alto voltaje que anticipan un cambio profundo del rumbo político de la administración provincial.
El interrogante de fondo es si esta reconfiguración conservará la impronta federal que el mandatario se esfuerza por proyectar hacia afuera —en especial en el nuevo tablero legislativo nacional— o si marcará un repliegue hacia figuras de extrema confianza, con poder concentrado y una toma de decisiones más cerrada. En ese eje se juegan las tres incorporaciones que empiezan a ordenar el esquema que viene.
Jarsún a Gobierno
La salida de Ricardo Villada del Ministerio de Gobierno luego de cinco años abre uno de los movimientos más comentados. Su reemplazo sería hasta ahora “un secreto a voces”, Ignacio “Nacho” Jarsún quien ganó sobrada presencia en la mesa chica saencista, de la mano de su perfil ejecutor al frente de Aguas del Norte y de su llegada directa a intendentes, especialmente del Valle de Lerma (como ex jefe comunal de Rosario de Lerma) y gran parte del interior.
Jarsún capitalizó su campaña nacional junto a Flavia Royón, mostró músculo en el territorio y consolidó vínculos que hoy resultan funcionales a un Gobierno que necesita reconstruir puentes con los municipios, ordenar tensiones y reactivar la gestión en un contexto económico hostil.
El dato político no es menor: todo indica que no dejará la presidencia de Aguas del Norte por lo que esa posible doble función abre interrogantes sobre la compatibilidad jurídica, pero también sobre la conveniencia política de acumular áreas sensibles en una sola mano. ¿Busca Sáenz un “ministro operativo” que pueda intervenir simultáneamente en conflicto, gestión y obra pública menor? ¿O se trata de una señal de centralización que contradice el federalismo territorial que pregona el mandatario?
De desembarcar Jarsún, llegaría al ministerio más político del gabinete con legitimidad territorial, pero también con la expectativa de demostrar si podrá ser articulador, negociador y puente de diálogo con un mapa municipal complejo y, en varios casos, impaciente.
La ascensión de Camacho
El otro movimiento fuerte es la “consagración” de Sergio Camacho como jefe de Gabinete, un cargo que absorberá funciones hasta ahora distribuidas entre el Ministerio de Infraestructura y la coordinación política. Con la reforma aprobada, el nuevo rol de Camacho lo coloca como una de las figuras con más volumen real dentro del Ejecutivo, algo que de facto lo venía cubriendo durante los últimos meses.
Camacho pasa a ser algo así como un superministro: infraestructura, obra pública, relaciones políticas y la articulación cotidiana de la gestión quedan bajo su órbita. Esta acumulación de poder no tiene antecedentes recientes en la provincia y habla de un Sáenz que busca ordenar el gabinete con una figura de confianza absoluta, con gestión probada y con capacidad para ejecutar bajo presión.
La pregunta inevitable es cuál será el impacto interno de un funcionario que, por diseño, tendrá más poder que varios ministros juntos.
¿Habrá equilibrio institucional o la centralización será el costo para intentar agilizar una administración desgastada? ¿Será Camacho el ordenador de la gestión o el nuevo polo de decisión que concentrará tensiones políticas hacia adentro?
Producción y Minería bajo Carrizo
La tercera pieza clave es Gustavo Carrizo, ex presidente del IPV y senador provincial, quien reemplazará a Martín de los Ríos en la sensible cartera de Producción y Minería. Si bien el cambio era esperado, la señal política es más profunda y va más allá de un recambio de nombres del ministerio, otrora llamado Producción, Ambiente y Desarrollo Sustentable.
La nueva estructura elimina la mención al Ambiente en la denominación del área, lo que enciende alertas en un contexto donde la discusión sobre el impacto ambiental, las responsabilidades de control y las tensiones con comunidades del interior están más presentes que nunca, con un largo listado de reclamos que no han encontrado respuestas al menos con la saliente gestión
El nuevo Ministerio, reducido a Producción y Minería, concentra dos áreas donde confluyen intereses estratégicos: la expectativa por el desarrollo productivo y el eje que hoy ordena la economía salteña: la minería del litio. Pero también concentra la mayor cantidad de cuestionamientos sociales vinculados a impacto ambiental, uso del agua y modelos de desarrollo.
Carrizo deberá responder a demandas simultáneas: acelerar inversiones, ordenar conflictos territoriales, mejorar la relación con los sectores productivos y, al mismo tiempo, llenar el vacío simbólico —y normativo— que deja la desaparición del área de Ambiente.
¿Es este cambio un ajuste administrativo o un mensaje político que redefine prioridades? ¿Qué lugar tendrá la agenda ambiental en la nueva etapa? ¿Quién la sostendrá y con qué herramientas?
Aún queda pendiente la definición de todas las secretarías, que no podrán superar las treinta. Ese recorte genera ansiedad y movimientos subterráneos: varios funcionarios no tienen garantizada su continuidad y en Grand Bourg el clima es de expectación permanente. nómicas- sobre todo en un contexto complejo como el nacional-, sociales y ambientales. La cuenta regresiva hacia el anuncio final del gabinete no solo definirá nombres: definirá el perfil político con el que el gobernador pretende transitar el ciclo que comienza.



