Un nuevo sismo vuelve a sacudir el tablero del Congreso y no viene de los lugares más esperados. Lo produjo Gerardo Zamora. El gobernador santiagueño y flamante senador nacional electo decidió reconstruir su propio bloque en el Senado y formalizó la ruptura con Fuerza Patria.
Esta ruptura nace en un momento donde el peronismo ya venía golpeado por tensiones internas y por el avance libertario en ambas cámaras. Su salida no solo achica al espacio que conduce José Mayans: vuelve a encender las viejas lógicas del Frente Cívico, reconfigura la correlación de fuerzas y, sobre todo, deja expuesto y a cielo abierto que en el peronismo ya no hay una estrategia común.
La jugada de Zamora llega justo en la misma semana en que los gobernadores del norte —entre ellos Gustavo Sáenz— y Misiones volvieron a activar métodos de coordinación política, de idéntica manera cómo lo hicieran sus pares del centro y sur con Provincias Unidas, con el objeto de equilibrar tensiones y negociar en bloque. Ahora, Santiago del Estero parece retomar ese camino por su cuenta.
El retorno del Frente Cívico: autonomía como mensaje y advertencia
Zamora revivirá el histórico sello del Frente Cívico por Santiago, con Elia Moreno como compañera de bancada. La intención es clara: conseguir volumen político propio, negociar con libertad y despegarse del desgaste del peronismo nacional, que atraviesa una crisis de cohesión evidente y en incremento.
No es la primera vez que el santiagueño marca autonomía: entre 2013 y 2017 ya había funcionado con banca propia. Pero el contexto actual convierte la decisión en un mensaje directo. Vuelve a consolidar una representación provincial pura, sin el corsé del kirchnerismo, en plena reconfiguración del mapa de poder.
En la conducción de Fuerza Patria dicen que intentarán retenerlo. Sin embargo, las señales están dadas. Y mientras el oficialismo nacional necesita cada senador de origen provincial para sostener acuerdos, el santiagueño elige plantarse solo.
Un golpe en el peor momento para el peronismo
La salida de Zamora y Moreno deja a Fuerza Patria al borde de su piso histórico. Su bancada pasaría de 28 a 26 legisladores —con cuatro de ellos pertenecientes a Convicción Federal, que ya avisó que no se subordinará a Mayans— y perdería aún más fuerza en el reparto de poder institucional.
Ese debilitamiento ocurre mientras en Diputados también tambalea el liderazgo peronista. Si Zamora replica su decisión en la Cámara baja y arma su propio espacio con los siete diputados santiagueños, Fuerza Patria dejaría de ser la primera minoría, justo cuando La Libertad Avanza avanzó a pasos firmes esta semana hasta alcanzar los 93 integrantes.
El escenario se agrava con la posible fuga de legisladores peronistas de Catamarca, alineados con Raúl Jalil, y con el ruido interno en el PRO santafesino, que terminó alimentando al bloque libertario.
El peronismo, que apostaba a sostener la primera minoría como herramienta de negociación ante el gobierno de Milei, hoy aparece en una dinámica de sangría sostenida.
Un movimiento en sintonía con el malestar federal
La fractura de Zamora también debe leerse en espejo con lo ocurrido en las reuniones de gobernadores de esta semana. Mandatarios como Gustavo Sáenz, Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Hugo Passalacqua advirtieron sobre el recorte de fondos, la falta de interlocución política y el deterioro del federalismo fiscal.
En ese marco, la jugada de Santiago del Estero consolida un patrón: las provincias vuelven a mover fichas por su cuenta. Frente al desguace del Estado nacional y la inestabilidad del peronismo, cada gobernador reconstruye márgenes propios.
Lo que viene es una disputa cruda por la primera minoría
El Senado juró pasadas apenas más de 48 horas y el mapa ya cambió. La Cámara baja jura esta semana y podría volver a moverse. Con Zamora cortándose solo, con gobernadores tensando el vínculo con la Nación y con La Libertad Avanza avanzando sobre todos los huecos que deja el peronismo; el reacomodamiento parlamentario recién empieza.
El santiagueño abre el camino para un Congreso donde la identidad provincial puede ser más determinante que la partidaria. Y en ese esquema, el peronismo enfrenta su peor dilema: o reconstruye cohesión, o seguirá perdiendo capacidad de disputa.



