La clausura de fiestas clandestinas pone en evidencia los riesgos a los que se exponen los más jóvenes que asisten a sitios sin habilitación, sin resguardos ni cuidados.
Nuevo Diario consultó a la presidenta de la Fundación Volviendo a Casa, Isabel Soria, sobre estos hechos, que durante el verano se vuelven más visibles. La referente señaló que “en los últimos años, las fiestas clandestinas se han convertido en un escenario cada vez más frecuente y peligroso para niñas, niños y adolescentes”.
Se trata de espacios sin habilitación, sin controles, sin adultos responsables y sin condiciones mínimas de seguridad. Allí, lejos de ser un lugar de “diversión”, se multiplican los riesgos y las vulneraciones de derechos.
El consumo de alcohol y drogas, el acceso irrestricto a sustancias prohibidas, la exposición a situaciones de violencia, el abuso sexual, la explotación y la captación por redes delictivas son solo algunas de las consecuencias posibles. No se trata de hipótesis exageradas: son realidades que se repiten en investigaciones judiciales, en intervenciones de organismos de protección y en testimonios de víctimas.
Frente a este escenario, es imprescindible hablar de una responsabilidad que no puede seguir siendo esquivada: la responsabilidad parental. Padres, madres y personas adultas responsables no pueden desconocer dónde están sus hijas e hijos, con quiénes, ni en qué condiciones. La ausencia de límites, el “mirar para otro lado” o la falsa idea de que “todos lo hacen” no protege: expone.
Permitir o facilitar la asistencia de menores a fiestas clandestinas es una forma de desprotección. No alcanza con confiar en que “van a estar bien” o que “alguien los cuida”.
En estos espacios no hay controles, no hay protocolos, no hay adultos preparados para intervenir ante una emergencia. Y cuando algo sucede, ya es tarde.
Desde una perspectiva de derechos, hay que recordar que las infancias y adolescencias necesitan acompañamiento, presencia adulta y límites claros.
La libertad no puede confundirse con abandono. Cuidar también es decir que no, es poner horarios, es saber dónde están, es involucrarse activamente en sus vidas.
Asimismo, es necesario que el Estado, las fuerzas de seguridad y la justicia actúen de manera articulada para prevenir, detectar y sancionar estas prácticas ilegales. Pero ninguna política pública será suficiente si como sociedad no asumimos que la primera línea de protección comienza en el hogar.
Cuidar a nuestras niñas, niños y adolescentes no es una opción: es una obligación legal, ética y social.
Las fiestas clandestinas no son un juego
Son espacios donde se ponen en riesgo vidas y se vulneran derechos fundamentales.
“La prevención empieza con adultos responsables que eligen proteger. Porque las infancias no se cuidan solas”, sostuvo Soria.
Clausuran una “clande” en San Lorenzo
La intervención se realizó en la madrugada del domingo tras una alerta al Sistema de Emergencias 911.
El propietario del lugar fue infraccionado por intervención de la Unidad Fiscal Contravencional.
Efectivos de la Comisaría 9 de San Lorenzo infraccionaron a un hombre mayor de edad por realizar una fiesta no autorizada en un domicilio particular ubicado en calle Belisario Roldán.
La situación fue alertada por vecinos al Sistema de Emergencias 911.
Se constató la venta de entradas y la presencia de 250 personas aproximadamente en el interior del inmueble.
Con intervención de la Unidad Fiscal Contravencional se labró acta de infracción al artículo 124 y se procedió al despeje de las personas, entre los que había menores de edad.



