La suspensión partidaria de la senadora jujeña Carolina Moisés por su voto en el Senado fue el punto de partida de un enfrentamiento político que, con el correr de las horas, escaló hasta convertirse en un duro cruce personal entre el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, y el ex jefe del Ejército, César Milani.
Lo que comenzó como una discusión sobre disciplina partidaria y democracia interna terminó derivando en acusaciones cruzadas, reproches históricos y cuestionamientos institucionales. La decisión del PJ nacional de sancionar a Moisés —quien había acompañado iniciativas del oficialismo en la Cámara Alta— fue interpretada por varios dirigentes del interior como un nuevo gesto de verticalismo y disciplinamiento.
En ese contexto, Sáenz expresó públicamente su rechazo a las sanciones y puso en cuestión el funcionamiento del partido, un posicionamiento que rápidamente generó la reacción de Milani, alineado con el kirchnerismo duro.
“La democracia se cura con más democracia”
El primer tuit que encendió la polémica fue publicado por Sáenz, quien apuntó directamente contra los métodos de conducción del PJ.
En un mensaje de fuerte tono político, el gobernador sostuvo que la democracia interna no se fortalece con castigos sino con debate, y denunció prácticas de imposición y silenciamiento hacia quienes piensan distinto.
La referencia no fue casual ni aislada: el mensaje fue leído como una defensa explícita de la senadora jujeña sancionada y, al mismo tiempo, como una crítica al esquema de poder que se ejerce desde Buenos Aires sobre las provincias.
“El PJ se convirtió en una pyme familiar”
En el mismo posteo, Sáenz avanzó un paso más y cuestionó de lleno a la conducción nacional del partido. Al afirmar que el PJ “se convirtió en una pyme familiar”, acusó a la dirigencia central de decidir candidaturas “a dedo” en todo el país, sin participación real de las bases ni de los dirigentes provinciales.
El gobernador completó esa idea con una frase que profundizó la grieta interna: sostuvo que la condición para competir es la “obediencia debida”, la amistad y la lealtad hacia la figura a la que definió como “la reina del balcón”, en una alusión directa a Cristina Fernández de Kirchner.
“No tergiverse opiniones”: la respuesta extensa de Sáenz
Lejos de cerrar la discusión, horas después Sáenz volvió a publicar un extenso mensaje, ya en respuesta directa a las críticas recibidas.
Allí rechazó lo que consideró una tergiversación de sus dichos y buscó reencuadrar la discusión en términos históricos y territoriales.
El mandatario reivindicó su identidad provincial, se definió como un gobernador orgulloso de Salta y destacó el rol del Quinto de Caballería como parte de la historia local.
En ese marco, mencionó a figuras centrales del pasado salteño como Arenales, Zuviría y Juana Manuela Gorriti, a quienes ubicó como ejemplos de una dirigencia “sin facciones ni fanatismos”.
Incluso, en un tono que mezcló ironía y desafío, invitó a Milani a recorrer el interior y visitar el panteón de la Catedral, y le recomendó la lectura de la obra de Bernardo Frías sobre Martín Miguel de Güemes, remarcando que allí se describe una mirada de la historia alejada de la lógica de los servicios de inteligencia
“Gobernador, bájese del pony”
La réplica de Milani fue inmediata y mucho más agresiva en términos personales.
Con un arranque directo, le pidió a Sáenz que “se baje del pony” y cuestionó su intento de asociarse simbólicamente a la figura de Güemes. Según el ex jefe del Ejército, el gobernador “no representa ni siquiera la sombra del caudillo” y debería concentrarse en una tarea más “modesta”.
Milani también lo acusó de someterse al Gobierno nacional, con una frase que elevó aún más el voltaje del cruce: le reprochó “bajarse los pantalones” cada vez que Nación se lo pide, planteando así una contradicción entre el discurso de autonomía y la práctica política.

César Milani. Foto Google.
“Un agravio a la institución”: el capítulo militar
El intercambio sumó luego un componente institucional cuando Milani cuestionó expresiones del gobernador vinculadas al uniforme militar y a las charreteras.
Aclaró que no se trataba de una ofensa personal, sino de un agravio a las Fuerzas Armadas como institución, y defendió esos símbolos como expresión de orden y disciplina.
En ese tramo de su mensaje, recordó que tanto el uniforme como las charreteras fueron utilizados por próceres de la independencia y por Juan Domingo Perón, fundador del movimiento al que Sáenz dice pertenecer, y reclamó que se dirija a esos símbolos “con más respeto”.
Una pelea que expone la fractura del peronismo
Más allá del tono y de los cruces personales, el enfrentamiento deja al descubierto una discusión de fondo que atraviesa al peronismo: el uso de sanciones para disciplinar, el poder de las intervenciones partidarias y el rol de los gobernadores frente a una conducción centralizada.
La sanción a la senadora jujeña fue el disparador, pero el cruce entre Sáenz y Milani terminó funcionando como una radiografía de la interna peronista, donde el reclamo de autonomía provincial choca con un esquema de liderazgo concentrado y sin consensos claros.
En ese escenario, la pelea en redes aparece como la superficie visible de una disputa mucho más profunda por el rumbo, la conducción y el futuro del PJ.


