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El “diario chiquito”, 24 años después, la persistencia de estar

Veinticuatro años de vida no es poco. Y es que hoy, 11 de febrero, Nuevo Diario cumple esa edad.

En este lapso de tiempo, muchas cosas pasaron y ya quedó atrás la historia de ese hombre que, sin trabajo y en una situación completamente adversa, por suerte, o por ayuda divina, generó una “nueva” manera de hacer periodismo.

Con un formato atípico, en contraposición con la hegemonía del diario más antiguo de la ciudad, que imponía su presencia desde el tabloide nació este “pasquín” que sigue vivito y coleando.

Podría decirse que Nuevo Diario nació de una urgencia, pero con el tiempo se transformó en una convicción. No fue solo la necesidad de trabajar, sino la decisión de no callar, de mirar la realidad desde otro ángulo, de animarse a incomodar cuando lo cómodo era repetir. Así, casi sin darse cuenta, ese diario “chiquito” empezó a ocupar un lugar que nadie estaba cubriendo.

Y ahí ocurrió algo que no estaba en los planes de nadie: la gente empezó a reconocerse en esas páginas. Porque no eran perfectas, porque no pretendían serlo. Eran cercanas, directas, humanas.

Contaban lo que pasaba, pero también lo que se sentía. Y eso, en el periodismo, no es menor.

Durante estos 24 años, Nuevo Diario fue testigo incómodo y compañero silencioso. Estuvo cuando hubo que señalar, pero también cuando hubo que acompañar. Registró caídas, regresos, errores, abusos de poder y pequeñas historias que no salían en ningún otro lado, pero que también construyen la identidad de una ciudad, una ciudad que en el actual contexto no se hace una pregunta, para algunos, muy importante:

¿le importa hoy la libertad de expresión y la libertad de prensa al ciudadano común?

Tal vez no siempre de manera consciente. Cuando el bolsillo aprieta, cuando la urgencia es llegar a fin de mes, esas palabras parecen abstractas.

Sin embargo, es justamente en esos momentos cuando más falta hacen. Porque sin libertad de prensa no hay denuncia, sin denuncia no hay control, y sin control los más vulnerables siempre pierden.

Nuevo Diario eligió, desde su nacimiento, no ser neutral frente a la injusticia, pero sí ser honesto con los hechos. Y en ese equilibrio imperfecto -hecho de convicciones, errores y aprendizajes- fue construyendo una voz propia, reconocible, que hoy forma parte de la historia reciente de Salta.

Veinticuatro años después, el diario sigue siendo chiquito en tamaño, pero grande en persistencia.

Y quizá ahí esté su mayor mérito: haber resistido, haber estado, haber salido todos los días aun cuando parecía más fácil bajar los brazos.

Presentes

No hay nombres propios en estas líneas.

Hay recuerdos de ausentes siempre presentes: los que se fueron a seguir preguntando, a averiguar qué hay más allá.

Y también están quienes ya cumplieron con la patria cotidiana del oficio y hoy, tal vez desde la pausa de la jubilación, siguen siendo parte de esta historia.

A todos ellos, un gracias enorme.

La paradoja de la edad

Dicen que un diario en papel no cumple años: se sostiene. Y tal vez sea cierto. Porque llegar hasta acá no es cuestión de calendario, sino de constancia. Hoy son 210.240 horas en las que el equipo de Nuevo Diario -periodistas, administrativos, personal de impresión, expedición, área comercial-, su hermana Radio FM Ya, y pronto su otro hermano Portezuelo Streaming, junto a los canillitas y, sobre todo, los lectores, vienen sosteniendo con esfuerzo y abnegación esta realidad.

Realidad con una voz que no grita ni busca imponerse. Una voz que no repite consignas ajenas. Una voz que cuenta lo que pasa y, en ese contar, se encuentra con su otro yo: ustedes, los destinatarios de cada edición, de cada línea impresa, de cada intento por estar a la altura de lo que la realidad exige.

Porque un diario no existe sin quien lo lea, lo critique, lo discuta o lo espere. Y en ese ida y vuelta silencioso, cotidiano, Nuevo Diario fue construyendo algo que no se compra ni se decreta: un vínculo.

Veinticuatro años de vida no es poco.

Y en esa frase hay un simbolismo inevitable: el tiempo no se detiene. Los que ayer fuimos, en algún momento ya no estaremos. Tal vez por edad, tal vez por cansancio. Pero nunca por renuncia.

Porque sostener un diario no es solo imprimir páginas: es aceptar que todo es transitorio, salvo los valores. Y en ese andar, lo verdaderamente bueno es saber que el camino no se corta. Que el relevo empieza a aparecer. En mi caso, a través de mis hijas: sangre joven para conducir lo que hoy hago, acompañadas por también jóvenes periodistas que vienen a honrar a los “maestros” que iniciaron esta aventura.

Una aventura hermosa y maravillosa, la de hacernos un lugar en la historia de Salta. No desde el poder, sino desde la persistencia. No desde el grito, sino desde la palabra y siempre haciendo lo que más sabemos y más nos gusta

Porque desde el 11 de febrero de 2002 estuvimos; hoy, estamos y, con la gracia de Dios, mañana estaremos.

Porque somos Nuevo Diario, el “diario chiquito”.                    

NAG

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