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“Mi década ganada”, la vivencia interna de una periodista, en el cumpleaños de Nuevo Diario

Entre las felicitaciones recibidas por el cumpleaños de Nuevo Diario, destaca una que lleva en sí misma la mirada interna de una de las integrantes del staff del “diario chiquito” y que, por decisión del director, se hace pública, sin ninguna corrección, porque este saludo encierra lo que la mayoría del equipo sintió al inicio de su carrera y se hizo carne y prédica después.

Creo que por deformación profesional más que por costumbre, la frase “al cierre de esta edición” termina siendo parte de mi vida diaria. Y para hacerle honores y sobre la hora, quiero hablar de este 24 aniversario de Nuevo Diario de Salta, el lugar que es mi casa desde hace 10 años. Ese lugar, donde en muchos sentidos empezó mi camino ya tenía su camino, y mirá la vida…ese camino habita hoy mis días, o al revés, todavía no lo sé bien.

Cuando Graciela Gramajo me escribió los primeros días de enero de aquél momento, para “tomarme una prueba para el diario chiquito”, yo estaba sin laburo, con mi salud comprometida y cascoteada, con muchas responsabilidades en la espalda y pocas respuestas. Así que no dudé en decir que sí, muerta de miedo, porque venía de ser la “chica de los deportes”, en un semanario, porque el desafío era para una tirada diaria, y la cobertura era local, y un montón de cuestiones más que mi caradurez me ayudó a pasar. Horas después recibí el llamado de un tal Daniel Pantoja– sí, el histórico, el jefe, ese que carga encima un peso periodístico impresionante- y me pidió presentarme esa misma tarde en la redacción del diario (alláaa en calle Caseros, qué lejos que suena todo). Ayyy cómo me temblaban las piernas, pero no tanto como cuando llegué, abrí la puerta y ví quienes estaban en “la cocina” del diarito.

A Pantoja se le sumaba toda una plantilla de lujo: Corvalán, Cervantes, Zapata, Urbano, Méndez, Guíñez, Khel, Fernández, Achi.

¡Yo los había leído a muchos desde chica! A otros los había citado en mis trabajos de la facu, y con otras compartimos muchas horas de laburo en la calle. Y al fondo la barra de diseño Matías, Cristian y Diego, “gente muy seria” hasta que salía la primer risotada. Y toda la gente de administración, ventas, expedición, y hasta los canillitas. Todo eso envuelto en la magia (de verdad, créanme, hay magia) en el hacer de un diario. Pasé mi primer día de prueba, y vino el segundo, y el tercero y al cuarto y mientras yo esperaba una devolución, el trámite fue mucho más sencillo: “¿No pensás volver mañana?”-me dijo Pantoja y recuerdo casi haberme desmayado camino a mi casa.

Después vino la entrevista final con el director NAG, y tampoco hubo muchas vueltas, “si Pantoja vio que vas a andar, vas a andar”. Simple.

Y arrancó ahí la historia que sigue hasta hoy, la que me hizo crecer y creer que podía con todo. Creo que, casi tomando la épica del diario chiquito, haciéndome paso y aprendiendo entre gigantes. Cuánto respeto, cuántas historias, cuántas risas, cuántos requeté llantos. Parecen muchas vidas en una vida de sólo diez años, pero así fue: Bernardo arrancaba el jardín de infantes, Lorenzo a mitad del primario, Joaquín terminando el séptimo, Rocío pateando el secundario y Nazarena en esas mismas. Con unos cuantos kilos menos, y definitivamente sin ni una cana. Con hambre de todo, sobre todo de crecer

Cuántas notas picantes, cuántas primeras centrales, cuántas primeras tapas (las guardo a casi todas), cuántas elecciones, cuántas conferencias en estos años. Hasta que llegó la pandemia y como a todos la vida me cambió pa siempre… pero en ese pa siempre le sumé kilómetros, lejos de Salta, y aún así la posibilidad de seguir haciendo esto, estando más presente que nunca, creciendo más que antes.

Lo que vino después fue pura ganancia, hasta tener la responsabilidad, el placer y el honor de llevar adelante muchas de las ediciones de NDS y compartir además la tarea con ese team del carajo que son “los de la web”, mi malcriada Lucía y el Juampi. Hasta hoy, donde otra vez lejos y ya con mi propio sueño en marcha, no se me cruza escindirme del diarito, con todo aquello que no es magia, que es crudo, que es la realidad para quienes hacemos periodismo y no hace falta detallar. Porque soy parte de NDS y NDS es parte mía: indisoluble. En estos días, donde hacer periodismo a veces (casi siempre desde hace tres años) duele, yo reafirmo que no amo lo suficiente esta tarea, porque siempre queda algo más por dejar, por dar, por contar. Por esa década que gané, por eso que nunca se apaga, por ese cierre de edición que hace cosquillas en la panza, por esa tapa que genera ansiedad, por todo lo que nos falta, por estos 24 años de vida (y contando más) Salud y larga vida a Nuevo Diario de Salta.

NdR: Lorena López ya recorre su propio camino y es un orgullo contarla entre sus profesionales, como al resto de los escribas.

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