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Obispos del NOA llamaron a ser “sal y luz” frente a la pobreza, violencia y crisis social en la región

Tras su reunión anual realizada del 7 al 10 de febrero en la ciudad de Salta, los obispos del Noroeste Argentino (NOA) difundieron un mensaje dirigido al Pueblo de Dios en el que expresan su profunda preocupación por la compleja realidad social que atraviesan las provincias de la región y renuevan el llamado a una Iglesia “cercana, corresponsable y comprometida” con los más vulnerables.

El comunicado fue elaborado luego de varios días de reflexión pastoral compartida entre los prelados, quienes también asumieron como propio el documento presentado por el equipo de Pastoral Social del NOA.

En ese texto se describe un escenario atravesado por la pobreza estructural, el crecimiento de la indigencia, la violencia en barrios populares, el abandono escolar, el consumo problemático de drogas y los conflictos socioambientales que impactan especialmente en jóvenes y familias en situación de vulnerabilidad.

En su mensaje, los obispos invitan a los fieles a asumir con mayor conciencia su identidad cristiana citando el Evangelio de Mateo: ser “sal de la tierra y luz del mundo”.

La exhortación apunta a que la fe no quede reducida al ámbito privado, sino que se traduzca en presencia activa y transformadora en la vida cotidiana, en las comunidades, en el mundo del trabajo y en los espacios de decisión pública.

Frente a las situaciones de dolor, pobreza y violencia, la Iglesia del NOA propone llevar “la luz del Evangelio” como horizonte de esperanza y compromiso.

El pronunciamiento adquiere un tono especial en el marco de dos conmemoraciones de fuerte significado eclesial para la región: los 200 años del nacimiento del beato Mamerto Esquiú y los 50 años del martirio de los riojanos encabezados por Enrique Angelelli, junto a Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera. Los delegados de Pastoral Social subrayan que estas efemérides no son solo una memoria histórica, sino una invitación a releer en clave actual el testimonio de quienes encarnaron la unidad, la reconciliación, la palabra profética y la opción por los pobres. La figura de Esquiú, pastor de la unidad, y el compromiso de Angelelli y sus compañeros, aparecen como faros para iluminar los desafíos presentes.

Entre las preocupaciones señaladas se encuentra la caída sostenida de la natalidad, fenómeno que también afecta al NOA. Para los obispos, este dato interpela no solo desde lo demográfico, sino también desde dimensiones culturales, económicas y pastorales, y abre interrogantes sobre el valor social de la vida y la disposición a asumir la responsabilidad por las nuevas generaciones. En este contexto mencionan también la realidad del aborto, la trata de personas, el aumento de suicidios juveniles y la violencia creciente, especialmente en los sectores más empobrecidos. El texto expresa dolor por los “rostros de jóvenes destruidos por la droga y la pobreza”, una imagen que resume la gravedad del escenario.

El crecimiento de la delincuencia juvenil y el debate en torno a la baja de la edad de imputabilidad penal ocupan un lugar destacado en la reflexión. Los obispos se suman a los planteos de la Conferencia Episcopal Argentina y de la Pastoral Social nacional al sostener que no basta con endurecer las penas, sino que es necesario impulsar políticas integrales que prioricen la prevención, la inclusión, la educación y la justicia restaurativa.

Señalan que el norte tiene los índices más altos de pobreza. Foto: RRSS.

Fracaso colectivo

A su juicio, el solo hecho de que se discuta una reforma en ese sentido revela un fracaso colectivo en el acompañamiento y cuidado de adolescentes y jóvenes.

La región también ha sido golpeada por tornados, inundaciones, sequías y otros eventos climáticos extremos que afectan sobre todo a los más pobres. A la luz de la encíclica Laudato si’, los referentes pastorales hablan de una crisis socioambiental que excede lo meramente natural y que exige una respuesta integral.

Se preguntan cómo incorporar con mayor claridad la ecología integral en la acción pastoral, cómo articular con organizaciones sociales y el Estado, y de qué manera acompañar espiritualmente a las comunidades afectadas.

El documento insiste en que el NOA concentra algunos de los indicadores sociales más dolorosos del país. Frente a la pobreza estructural y al aumento de la indigencia, los obispos llaman a reafirmar una Iglesia samaritana, a revisar y fortalecer las acciones de Cáritas y la Pastoral Social y a pronunciar una palabra profética que denuncie las causas estructurales de la exclusión. En la misma línea, manifiestan su preocupación por el incremento del abandono escolar en el nivel secundario, vinculado a la pobreza, el trabajo infantil y juvenil, el consumo problemático y la falta de expectativas. Sostienen que la educación constituye la respuesta más adecuada para el desarrollo integral de niños y jóvenes, e interpelan a las familias, parroquias y escuelas católicas a asumir un rol activo en la reconstrucción de la esperanza.

El avance del consumo de drogas y la presencia del narcotráfico son descritos como un flagelo que golpea con fuerza a las comunidades y que está estrechamente ligado a la falta de oportunidades y a la fragmentación social. La Iglesia valora las experiencias de prevención y recuperación ya existentes, pero reconoce la necesidad de mayor articulación pastoral y social, así como de políticas públicas más eficaces.

En el plano económico y laboral, la posible reforma laboral suscita interrogantes en una región caracterizada por la informalidad y la precarización. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, los obispos plantean la importancia de escuchar a trabajadores, sindicatos y sectores productivos, analizando los impactos concretos de cualquier modificación normativa y priorizando siempre la dignidad del trabajador y el bien común.

Por las actividades extractivas, como la minería y los monocultivos, que afectan el desarrollo económico, el cuidado ambiental y los derechos de las comunidades locales, la Iglesia del NOA propone escuchar a las comunidades afectadas y promover el diálogo social.

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