Sáenz vs La Cámpora: el regreso de viejos pases de facturas, y el fuerte descargo del gobernador
El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, eligió, este martes, su cuenta de X para responder con dureza a los cuestionamientos lanzados desde el kirchnerismo duro, en particular por la intendenta de Quilmes y diputada nacional de La Cámpora, Mayra Mendoza.
El cruce no es aislado: se inscribe en el clima de máxima tensión política que rodea a la causa judicial que involucra a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que este martes declaró en los tribunales de Comodoro Py por la causa Cuadernos, y que aludió a un “Gustavo” en su declaración, señalándolo como “valijero” en el caso D’Alessio. Estas declaraciones volvieron a reactivar alineamientos, lealtades y viejas cuentas pendientes dentro del peronismo.
Pero lo interesante no es el intercambio en sí, que tiene el nivel habitual de la discusión política en redes. Lo relevante es el material que cada uno decide traer al presente. Mendoza apuntó contra Sáenz recordando su aparición en fotografías junto al fiscal Carlos Stornelli y el falso abogado Marcelo D’Alessio, figura central de una causa por extorsión y espionaje ilegal en 2019. En ese contexto, lo vinculó indirectamente con prácticas irregulares del sistema judicial y lo contrastó con la situación de Cristina Kirchner, a quien definió como víctima de persecución. La respuesta de Sáenz fue inmediata y quirúrgica: no negó el episodio, lo recontextualizó. El gobernador difundió un fragmento de la exposición del juez federal Alejo Ramos Padilla en el Congreso, donde se menciona que, al aparecer su nombre en las primeras publicaciones del caso, el entonces intendente de Salta se presentó espontáneamente en la Justicia, entregó su celular y “despejó cualquier duda” sobre su participación. Ese dato no es menor.
En el expediente del llamado “caso D’Alessio”, Sáenz nunca fue imputado, ni procesado, ni quedó formalmente involucrado. Su nombre apareció en los márgenes de una investigación mucho más amplia, donde sí quedaron comprometidos actores judiciales, mediáticos y políticos de peso y donde no hubo ninguna causa contra él.
Un expediente viejo, una pelea nueva
El punto central de este cruce no es judicial, sino político. Mayra Mendoza no está revelando nada nuevo: está reactivando un episodio del pasado para reforzar un relato actual, el del lawfare contra Cristina Kirchner. En esa lógica, cualquier dirigente que haya orbitado, aunque sea tangencialmente, cerca de figuras como Stornelli o D’Alessio, entra en la categoría de sospechoso. Sáenz, por su parte, responde desde otro lugar: el de quien busca despegarse del kirchnerismo duro y consolidar un perfil propio dentro del peronismo federal, cada vez más cercano a posiciones dialoguistas con el gobierno de Javier Milei. No es casual que, en su respuesta, haya ido más allá del desmentido y haya pedido directamente que Cristina dé “un paso al costado del PJ”. Ese no es un comentario defensivo: es una toma de posición política.
El factor Estrada
En su descargo, Sáenz también introdujo otro elemento que amplía el conflicto: la imputación contra el exdiputado nacional Emiliano Estrada, dirigente vinculado a La Cámpora en Salta, en una causa por presunta creación de cuentas falsas para difamar al gobernador. Ese expediente, todavía en desarrollo, se mueve en un terreno resbaladizo: el de la política digital, las operaciones en redes y las campañas de desgaste. No hay condenas ni definiciones judiciales firmes, pero sí un dato político relevante: la disputa ya no es solo territorial o discursiva, también es tecnológica.
El intercambio entre Sáenz y Mendoza deja en evidencia algo bastante obvio pero que igual conviene subrayar: la causa judicial de Cristina Kirchner funciona como un ordenador político, más que como un simple expediente.
El intercambio entre Sáenz y Mendoza deja en evidencia algo bastante obvio pero que igual conviene subrayar: la causa judicial de Cristina Kirchner funciona como un ordenador político, más que como un simple expediente.
Cabe recordar que Sáenz viene construyendo un discurso que ya no deja lugar a dobles lecturas. Cuando afirma que el PJ está “secuestrado”, no está improvisando una metáfora picante para redes sociales: está marcando una ruptura política con el kirchnerismo como conducción del peronismo. Ese planteo se apoya en un diagnóstico que comparten varios gobernadores del norte y del centro del país: que el PJ nacional, bajo la órbita de Cristina, funciona como una estructura cerrada, centralizada y poco representativa de las realidades provinciales.
Tampoco es detalle menor que el conflicto escaló cuando el PJ nacional avanzó con intervenciones en distritos como Salta y Jujuy. Esa decisión fue leída por Sáenz y otros dirigentes como una jugada directa de La Cámpora para ordenar el partido bajo su propia lógica interna, desplazando liderazgos locales.
Para el gobernador salteño, esa intervención no fue un gesto administrativo ni institucional: fue una señal de disciplinamiento político, y ahí se terminó la ambigüedad. Desde entonces, Sáenz endureció su discurso y comenzó a plantear, sin rodeos, que el kirchnerismo no solo no representa al conjunto del peronismo, sino que además lo limita, lo condiciona y lo encierra en una lógica de confrontación permanente.
Sáenz nunca fue kirchnerista en sentido estricto, pero durante años mantuvo una relación funcional con distintos sectores del peronismo. Esa etapa quedó atrás. Hoy su posicionamiento es más nítido: no solo toma distancia, sino que cuestiona abiertamente el liderazgo de Cristina Kirchner dentro del PJ y es lo que se puso de manifiesto en el cruce de este martes.
El kirchnerismo acusa a Sáenz de alinearse con el Gobierno nacional, especialmente en votaciones legislativas vinculadas a reformas económicas.
Desde ese lado lo califican de “panqueque” o funcional al oficialismo. Sáenz, en cambio, se mueve en una lógica más pragmática: negociar con Nación sin asumir una identidad libertaria. Algo que, en la práctica, irrita al kirchnerismo porque rompe con la idea de oposición cerrada.
El cruce con Mayra Mendoza es apenas el último capítulo de una secuencia que ya tiene varios hitos: intervenciones partidarias, declaraciones cruzadas, acusaciones por operaciones digitales, y ahora también la reactivación de causas viejas. Todo indica que la tensión no va a bajar.




