En Sumalao, Cargnello llamó a vivir como hermanos y a fortalecer la fe
Durante la tradicional celebración en honor al Señor de Sumalao, el arzobispo de Salta Mario Cargnello destacó que la fe cristiana tiene como centro la Trinidad y exhortó a los fieles a construir fraternidad, reconciliación y paz.
En el marco de la festividad del Señor de Sumalao, el arzobispo de Salta presidió la celebración religiosa y en la homilía de la misa central a los pies del Señor de Sumalao, y ante miles de fieles, convocó a renovar su compromiso con el Evangelio, la fraternidad y la vida en comunidad.
Al iniciar su homilía, agradeció a Dios por permitir un nuevo encuentro de fe y señaló que la devoción al Señor de Sumalao debe conducir a los creyentes hacia Cristo y a la unidad con toda la Iglesia.
“El cariño al Señor de Sumalao nos une a Él. Así miramos al mismo Dios con toda la Iglesia”, expresó.
El prelado centró su mensaje en la solemnidad de la Santísima Trinidad y recordó que el núcleo de la fe cristiana se manifiesta cada vez que los creyentes realizan la señal de la cruz. “Creemos en un Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este es el corazón de nuestra fe”, afirmó.
En ese sentido, destacó que la fe en Dios Padre lleva a los cristianos a reconocerse como hijos y, al mismo tiempo, como hermanos entre sí. “Sabemos que debemos vivir haciendo el bien y no peleándonos, porque tenemos un mismo Padre que es Dios”, sostuvo.
También advirtió que los conflictos, enfrentamientos y guerras contradicen el mensaje cristiano. “La guerra va en desmedro de esto. Pelearnos no es propio de los hijos de Dios”, señaló, al tiempo que llamó a buscar la reconciliación cuando surgen diferencias en la familia, el barrio o la comunidad.
Durante la homilía, remarcó que el Credo constituye una de las bases fundamentales de la vida cristiana y exhortó a reconocer en cada persona a un hermano. Asimismo, recordó la importancia del Padrenuestro como la oración principal enseñada por Jesús.
Al referirse a Cristo, destacó que el Hijo de Dios compartió la vida de los hombres, acompañó a los pobres, trabajó con sus manos y enseñó el camino del Evangelio.
“Nuestra regla de vida es el Evangelio. Debemos volver a Jesús y aprender de su forma de vivir y de relacionarse con los demás”, manifestó.
El arzobispo también resaltó la acción del Espíritu Santo en la vida de los creyentes, al que definió como la fuerza que impulsa a hacer el bien y fortalece la vida de fe.
Finalmente, recordó que el bautismo deja en cada cristiano la huella del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, e invitó a vivir cotidianamente como hijos de Dios.
“En la casa, en el trabajo y en cada lugar donde nos toque estar, debemos vivir como familia de Dios”, expresó. Antes de concluir, alentó a los presentes a conservar la alegría de la fe, confiar en la presencia de Dios y trabajar por la paz. “Dios no abandona, Dios acompaña y sostiene. Anímense unos a otros y traten de vivir en paz”, dijo.
La celebración culminó con una renovada expresión de fe hacia el Señor de Sumalao, cuya cruz, señaló el arzobispo, representa “todo el amor que Dios tiene por nosotros”.
Historia
Según la tradición, un comerciante llamado Gabriel de Torres y Gaete mandó pintar en el Perú un cuadro del Señor de Vilque (una representación de Cristo muy venerada en la región andina) para llevarlo a su hacienda. Durante el viaje, al pasar por Sumalao, la mula que transportaba la imagen desapareció y fue hallada bajo un algarrobo. Cuando intentaron continuar el camino, el animal volvió varias veces al mismo lugar y se negó a avanzar mientras cargaba el cuadro. Los viajeros interpretaron este hecho como una señal divina: el Cristo quería permanecer allí.


