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La lixiviación in situ, la técnica propuesta para la extracción del uranio

En su respuesta, Cornejo hizo referencia al método ISL, conocido como lixiviación in situ, una técnica que no implica abrir una mina a cielo abierto ni construir galerías subterráneas tradicionales. Según explicó, el procedimiento consiste en perforaciones mediante pozos, de manera similar a determinadas prácticas de exploración hidrocarburífera. “Sugirió el método ISL, lixiviación in situ.

Es la técnica que utiliza Kazajistán, que produce cerca del 40% del uranio del mundo. No se abre una mina a cielo abierto ni galerías, se perforan pozos como si buscaras petróleo”, detalló. Para el senador, esta diferencia técnica es clave para discutir el tema sin caer en alarmismos. Cornejo insistió en que una eventual explotación debería cumplir con todas las normas ambientales vigentes y contar con auditorías internacionales, precisamente para dar tranquilidad a las comunidades de la zona. “De poderse desarrollar esta iniciativa sería con auditoría de la OIEA, sumado al cumplimiento de todas nuestras normas ambientales, para tranquilidad de los pobladores de la zona”, remarcó.

Recurso estratégico

Cornejo también ubicó el debate en una dimensión nacional. En su exposición legislativa, explicó que el uranio es el combustible utilizado por las centrales nucleares y lo definió como un mineral crítico y estratégico, producido actualmente por un número reducido de países. En ese marco, recordó que Argentina tiene una larga trayectoria en materia nuclear, con la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica, el desarrollo de centrales como Atucha I, Embalse y Atucha II, y la producción de radioisótopos utilizados en medicina, como el yodo 131 y el cobalto 60. El senador sostuvo que el país importa actualmente uranio por un valor millonario y que recuperar la producción local permitiría sustituir importaciones, abastecer al programa nuclear argentino y fortalecer capacidades productivas que Argentina ya supo desarrollar. “Argentina tiene las condiciones para volver a producir uranio”, remarcó.

Empleo, actividad económica y controles ambientales

Cornejo defendió que la iniciativa podría generar empleo y movimiento económico en la provincia, siempre bajo condiciones de control ambiental. “Desde el Senado siempre lo que proponemos es para mejorar las condiciones y calidad de vida de los salteños, y este proyecto generaría empleo, actividad económica, con protección ambiental”, sostuvo. Para el vicepresidente del Senado, la discusión no debe plantearse como una oposición automática entre minería y turismo, sino como una oportunidad para analizar si Salta puede diversificar su matriz productiva. Consideró que rechazar la iniciativa de antemano implica clausurar una posibilidad estratégica para la provincia. Sin embargo, el debate también deja expuesta una preocupación real en los Valles Calchaquíes. La palabra uranio arrastra una carga histórica sensible y despierta interrogantes ambientales, sociales y económicos en comunidades que reclaman información clara antes de cualquier avance. Allí se ubica el centro de la discusión: cómo compatibilizar una agenda productiva con la necesidad de licencia social, transparencia y garantías concretas.

El cruce entre Cornejo y Peñalba muestra que la posible reactivación de la explotación de uranio en Salta no será un tema menor en la agenda política provincial.

En el medio quedan las comunidades de los Valles Calchaquíes, que serán necesariamente protagonistas de cualquier debate serio sobre el futuro de sus territorios. La discusión no solo involucra minería, energía o inversiones privadas; también pone en juego el modelo de desarrollo que Salta quiere construir y los mecanismos institucionales con los que se toman decisiones sobre recursos sensibles.

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