Interés generalSalta

Salta, antaño y hogaño: Colonias en el Chaco salteño

Por Gregorio A. Caro Figueroa

Por su extensión, fertilidad y riquezas naturales, el Chaco Gualamba podía albergar tres o cuatro provincias. El Bermejo es “solo comparable a uno de los ríos más grandes del mundo”, señaló Ildefonso Arenales en 1830.

Sin embargo, esas ventajas estaban acompañadas de grandes obstáculos para aprovecharlas.

“Aquí la naturaleza se ha excedido a sí misma”, anotó Guillermo Aráoz en su Memoria del Chaco y la navegación del Bermejo (1885). En carta dirigida a Aráoz, Juan Bautista Alberdi afirmó: “No conozco industria más bella y honorable entre nosotros que la que tiene por objeto el tráfico y las vías de comunicación”.

Un primer testimonio de ingreso al Chaco fue escrito en 1683 por dos sacerdotes.

Desde entonces hasta 1834 se registran 22 libros y diarios sobre exploraciones de la región. Las primeras navegaciones fueron las de Adrián Fernández Cornejo y Francisco Gabino Arias (1780). Con el tiempo, navegación y población debían avanzar de la mano.

Esa relación comenzó entre 1856 y 1880 con reducciones franciscanas en tierras habitadas por los wichis. A partir de 1900 se intensificaron las experiencias de navegación y colonización. Arenales había formulado en 1832 un proyecto de colonización a través de la Compañía Institutora del Chaco, iniciativa laica con criterios empresariales. El capital inicial sería de $500.000, aportado por accionistas facultados para definir prioridades de inversión. Entre ellas: promover la inmigración “foránea” y la integración productiva de los indígenas, preservándolos “de toda vejación y ultraje” por parte de autoridades o particulares. Se prohibía la “deportación de niños” y el trabajo infantil.

En 1857, el gobierno de Salta contrató al sabio italiano Paolo Mantegazza para “establecer una Colonia Agrícola en las márgenes del Bermejo”. En 1858 viajó a Italia para atraer inmigrantes y colonizar, pero en 1860 sus atribuciones fueron reducidas y su proyecto desplazado por otro impulsado por fray Pellichi, que derivó en un “gobierno teocrático”.

En 1935 surgió una nueva iniciativa, esta vez de la Escuela Filosófico-Racionalista, grupo espiritista con colonias en varios países. Ese mismo año fundó una Colonia Agrícola, Ganadera e Industrial cerca de la estación Quebrachal (Anta), con 3.166 hectáreas de tierras fértiles y regadío, donde se sembraron y cosecharon cereales, frutales, hortalizas y legumbres.

Resulta paradójico que en Salta los proyectos de colonización fracasaran, mientras que fue un salteño, Aarón Castellanos, quien en 1853 fundó la primera colonia agrícola de la Argentina: Colonia Esperanza (Santa Fe).

Volver al botón superior