Salta antaño y hogaño: el Gorriti de pensamiento y acción
Por Gregorio A. Caro Figueroa
Juan Ignacio Gorriti nació en Jujuy en 1766. Murió anciano, pobre y olvidado, durante su exilio en Sucre, en 1842, a los 76 años. En su personalidad convergieron razón, erudición y pasión, intuición. Su padre fue vasco. En 1726, emigró de Azcoitía a Jujuy. Se casó con Feliciana de Cueto. Tuvieron diez hijos. Juan Ignacio fue el primer hijo varón.
En 1781, a sus 15 años, inició estudios en Córdoba en el Colegio Montserrat y Universidad de San Carlos. En 1789 se graduó Bachiller en Universidad de San Carlos Bachiller y Licenciado en Teología y doctor en Cánones. En 1810 inició carrera eclesiástica y trayectoria pública. Representó a Jujuy en la Primera Junta patria.
Su inteligencia, formación teológica y jurídica, ideas liberales, prosa y oratoria, brillantes no fueron valoradas, por historiadores salteños, que destacaron la actuación militar, de sus hermanos: José Ignacio y José Francisco (Pachi).
Por el contrario, Guillermo Furlong, lo consideró “egregio”, destacando su “desarrollo intelectual y la hondura” en Teología, en Cánones y Filosofía, además de su condición clérigo “sincero y sacrificado patriota” y “esclarecida inteligencia y de gloriosa actuación.
Ricardo Rojas destacó que Gorriti, antes que Sarmiento, escribió el primer tratado de educación popular, impulsó la educación común, promovió la enseñanza de latinidad e idiomas, incorporar a la mujer al aprendizaje y la docencia.
Para Tomás Auza, Gorriti ocupa una posición de adelantado en el análisis crítico del proceso histórico de sociedades americanas, de sus males, y de soluciones para erradicarlos. Su libro “Reflexiones” “es el primer esfuerzo para comprender las guerras civiles americanas”.
En opinión de Gorriti, la ignorancia, es una de las causas y consecuencias, que nuestro país no había perdido aún “el hábito y la costumbre de las cadenas” y agravando conflictos internos que obstaculizaron y retrasaron consolidar sus instituciones, base de su organización nacional.
La independencia de América española se logró 50 años después que los Estados Unidos, dejara de ser colonia de la Corona británica.
La Constitución Argentina, se sancionó en 1860, 44 años después de la Declaración de su Independencia. Para Gorriti, el prolongado proceso institucional argentino no era comparable con el inglés: “En Inglaterra se luchaba con un poder preexistente: nosotros vamos a crear un poder”.
Gorriti “fue el primero en defender la doctrina de la igualdad de las ciudades y sus autonomías”. La diferencia de opiniones no debían dirimirse con violencia, sino dialogando.
Para Ricardo Rojas, Gorriti fue “un defensor de la democracia federal”. Con convicciones liberales y republicanas, se empeñó en articular y complementar conceptos usados como antagónicos, para lograr una convivencia en libertad, con sustento ético, dentro de un marco constitucional. “Para edificar es necesario más fuerza en la cabeza que en los pies”, advirtió.
Era necesario construir el Estado nacional donde el poder central no se tradujera en centralismo opresor de provincias y tampoco que el federalismo fuera máscara de caudillismos despóticos y perpetuos clanes familiares. “No tenemos sino provincias informes”. Casi ninguna se basta a sí misma. No podemos exportar ni importar por trabas entre provincias enfrentadas entre sí. No era posible “una federación de provincias sin estar constituidas ellas mismas”.
En 1811, Gorriti señaló la necesidad de sancionar “una Constitución liberal y equitativa”. Si los gobiernos no daban ejemplos “de moderación y dignidad” y el país no se organizaba, él “llevaría hasta el sepulcro el dolor” si lo viera hecho “juguete de la intriga y la ambición”. En 1824 fue co-redactor de la Constitución. Fue rechazada, sin ser leída, por caudillos de provincias.
Gorriti, en respuesta a habladurías, de quienes no lo conocían, escribió: “¡Sepan que soy un pobre pecador indigno de desatar la correa del zapato de su héroe!”.



