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A 50 años de la Masacre de Palomitas, la Memoria hizo comunidad en la Ruta 34 por Verdad y Justicia

A medio siglo de uno de los crímenes más brutales cometidos por el terrorismo de Estado en Salta, organismos de derechos humanos, familiares, militantes y jóvenes volvieron a reunirse en el paraje Palomitas, sobre la Ruta Nacional 34, para recordar a las víctimas de la masacre perpetrada el 6 de julio de 1976.

El homenaje se realizó este 5 de julio, en la antesala del aniversario número 50, en el sitio donde fueron asesinados presos políticos que habían sido sacados de la cárcel de Villa Las Rosas bajo una falsa versión de traslado. La actividad fue organizada por H.I.J.O.S. y contó con la participación de referentes de derechos humanos de Salta, familiares, estudiantes y militantes llegados desde distintos puntos de la provincia.

En diálogo con Nuevo Diario, Nora Leonard, referente histórica de derechos humanos en Salta, destacó la importancia del acto y remarcó que la conmemoración no solo interpela al pasado, sino también al presente. “Fue un acto muy importante en la ruta de Palomitas. Vinieron compañeras y compañeros de distintos lugares, gente de Rosario, de Santa Fe, de Güemes, de Metán y de Salta. Los hijos fueron quienes organizaron el acto, que estuvo muy bueno”, expresó Leonard.

Para la militante, los 50 años de la masacre obligan a volver sobre una herida que sigue abierta. “Fue algo aberrante. Se perdieron compañeras y compañeros muy valiosos, que luchaban por un mundo más justo y más humano”, sostuvo.

Un crimen planificado por el terrorismo de Estado

La Masacre de Palomitas ocurrió el 6 de julio de 1976, pocos meses después del golpe militar. Aquella noche, once presos políticos fueron retirados de la cárcel de Villa Las Rosas, en la ciudad de Salta, en el marco de un operativo conjunto del Ejército, la Policía Federal, la Policía Provincial y el Servicio Penitenciario, todos subordinados al mando militar. Las víctimas fueron llevadas hasta la zona de Palomitas, a unos 64 kilómetros de la capital salteña, donde fueron fusiladas. Luego, los responsables intentaron montar una escena falsa para encubrir el crimen: robaron vehículos, distribuyeron cuerpos en distintos puntos y simularon enfrentamientos que nunca existieron.

Los cuerpos de Savransky y del matrimonio Ávila-Leonard fueron colocados en vehículos cerca del paraje Palomitas. Otros, como Pablo Outes, José Povolo y María del Carmen “Chicha” Alonso, fueron abandonados en el paraje Ticucho, en Tucumán, también bajo la construcción de un supuesto enfrentamiento. Los restos de Amaru Luque, Rodolfo Usinger y Roberto Oglietti fueron enterrados en el cementerio de Yala, en Jujuy. Georgina Droz y Evangelina Botta continúan desaparecidas.

Sus nombres, como los de todas las víctimas, siguen siendo parte del reclamo por memoria, verdad y justicia.

La lucha judicial: avances, condenas, impunidad biológica y deudas pendientes

Leonard recordó que la búsqueda de justicia fue larga y trabajosa. Durante años, los organismos de derechos humanos impulsaron las causas judiciales hasta lograr condenas contra varios de los responsables. “Nosotros logramos, durante muchos años, conseguir condenas para quienes habían participado en la masacre. Algunos recibieron prisión perpetua, otros, penas menores”, señaló. En ese recorrido, mencionó las condenas dictadas en las causas conocidas como Palomitas I y Palomitas II. En la primera fueron condenados, entre otros, Murhold y Gentil Espeche. Luego, en Palomitas II, el juez Leonardo Bavio condenó a prisión perpetua a Luciano Benjamín Menéndez y a Joaquín Guil, ex jefe de la Policía provincial. También fue condenado el policía federal Juan Carlos Alzugaray a 20 años de prisión, aunque finalmente cumplió bajo modalidad domiciliaria.

Leonard también recordó que el ex juez Ricardo Lona fue acusado como partícipe necesario en la causa, pero no llegó a ser juzgado. Según repasó, la Corte Suprema pidió el expediente y lo retuvo durante más de tres años, lo que impidió que avanzara el juicio en su contra.

A medio siglo del crimen, todavía persisten deudas judiciales. Leonard advirtió que la causa no está completamente cerrada, ya que continúan pendientes situaciones vinculadas a guardiacárceles que habrían tenido participación en los hechos del 6 de julio de 1976.

Se cumplieron 50 años de este crimen planificado por el terrorismo de Estado

“Seguir peleando por una sociedad más justa”

Para Leonard, la conmemoración no puede quedar reducida a un ritual del recuerdo. La memoria, planteó, debe servir para mirar el presente y discutir qué sociedad se está construyendo. “Es muy importante analizar el aquí y el ahora. Hubo una generación que luchó por una causa más justa y más humana, y la respuesta de la dictadura fue una masacre en distintos lugares del país”, expresó. En ese sentido, vinculó la memoria histórica con las condiciones sociales actuales. “Tenemos que seguir luchando por una sociedad más justa y más humana. Hoy hay muchísima pobreza, se pierden fuentes de trabajo, los sueldos van siempre para atrás. Tenemos que hacer posible una sociedad donde se pueda vivir mejor, donde no tengamos que caminar por las calles viendo gente durmiendo afuera, sin las cosas básicas para vivir dignamente”, afirmó.

Leonard también destacó el rol de los organismos que sostienen la memoria en Salta, entre ellos la Asociación Lucrecia Barquet, la Asociación Coca Gallardo, H.I.J.O.S., la Comisión de Familiares de Detenidos Desaparecidos, la Liga Argentina por los Derechos Humanos y la Asociación Miguel Ragone.

Las palabras de Nora cobran un significado particular en un contexto de permanentes retrocesos en materia de Derechos Humanos y de una avanzada de discursos de odio e intolerancia.

Tres generaciones frente a un sitio de Memoria, búsqueda de verdad y Justicia

El acto en Palomitas también fue narrado por Fernando Pequeño Ragone, referente de la Asociación Ragone y nieto del ex gobernador Miguel Ragone, desaparecido durante la última dictadura. En una reflexión compartida con Nuevo Diario, describió la escena como un encuentro entre generaciones al costado de la ruta. “Llegué al paraje con el frío metido en los huesos. Al costado de la ruta 34, en esa recta larga y silenciosa por la que paso cada semana hacia la finca, los cuerpos se fueron juntando en torno a dos carteles: el que lleva los nombres de las doce víctimas y el que marca el sitio de memoria”, relató.

Pequeño Ragone observó el acto desde una triple pertenencia: como militante político, activista de la memoria y nieto de Miguel Ragone. Desde allí, identificó la presencia de tres generaciones: los jóvenes, los hijos y las mujeres mayores que durante décadas reclamaron justicia.

Entre los jóvenes, destacó a estudiantes del colegio secundario de la UNSa que participaron leyendo semblanzas de las víctimas. “Algunos conocían los nombres por primera vez in situ, parados exactamente donde ocurrió. Vi en sus caras la mezcla de horror y promesa que produce un sitio de memoria cuando funciona bien: la conciencia de que algo terrible pasó aquí y, al mismo tiempo, la certeza de que estar parados aquí es un acto de emancipación”, expresó.

También subrayó el rol de H.I.J.O.S., la generación que desde los años noventa convirtió el dolor en organización política y la impunidad en escrache. “Fueron ellos quienes sostuvieron la lucha en los tribunales cuando parecía imposible. Quienes nombraron a los desaparecidos no solo como víctimas, sino como militantes con nombre político y con proyecto”, sostuvo.

Y recordó, además, a las mujeres mayores, muchas ya ausentes, que durante décadas reclamaron al Estado lo que el éste les debía. “Esas voces no estaban en el micrófono esta mañana. Estaban en el aire frío del paraje, en la tierra al costado de la ruta, en el cartel con los doce nombres”, escribió.

La memoria como resistencia

La conmemoración de los 50 años de la Masacre de Palomitas volvió a dejar en evidencia que la memoria no es una pieza quieta del pasado. Es una disputa presente, una forma de nombrar lo que ocurrió y de impedir que el crimen sea relativizado, negado o convertido en una nota al pie. En esa ruta donde la dictadura intentó borrar pruebas, inventar enfrentamientos y desaparecer responsabilidades, familiares, militantes, estudiantes y organismos de derechos humanos volvieron a decir los nombres de las víctimas. Medio siglo después, el reclamo sigue siendo el mismo: memoria, verdad y justicia.

Pequeño Ragone lo sintetizó con una imagen sencilla y potente: cuerpos reunidos en una mañana fría, haciendo comunidad al costado de la ruta. “Por ahora, eso alcanza. Lo llamo resistencia”, escribió.

A 50 años de la Masacre de Palomitas, Salta volvió a mirar uno de sus capítulos más dolorosos. No para quedarse en el pasado, sino para sostener una pregunta urgente sobre el presente: qué hacemos, como sociedad, con esa memoria que todavía exige justicia en un presente adverso.

“Recordar Palomitas no significa permanecer anclado en el dolor, significa asumir una responsabilidad histórica, significa comprender que ninguna democracia puede consolidarse si se olvida las consecuencias del autoritarismo, la persecución política y la violencia ejercida desde el propio Estado. La memoria, tampoco pertenece únicamente a quienes fuimos víctimas directas  del terrorismo de Estado, es patrimonio  de toda la sociedad argentina. Que cada derecho conquistado, cada juicio realizado y cada verdad reconstruida, fortalece en la calidad de nuestra democracia. Hoy, 50 años después, seguimos reuniéndonos frente a este lugar de Memoria porque sabemos que el olvido nunca es neutral. Allí donde el olvido avanza, también encuentra espacio la alineación de los hechos, la relativización de los crímenes y los discursos de odio que buscan minimizar el genocidio (…). La experiencia argentina es reconocida en todo el mundo porque eligió un camino excepcional, juzgar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad desde tribunales ordinarios, con todas las garantías del debido proceso y dentro del Estado de derecho. Esa decisión convirtió a nuestor país en un ejemplo (…), esta conquista pertenece a todos los argentinos”, señalaron este domingo en el sitio de Memoria de Palomitas En Salta, donde todavía persisten deudas judiciales, archivos por abrir y responsabilidades por terminar de esclarecer, cada conmemoración en Palomitas funciona como una advertencia contra el olvido y contra los intentos de banalizar el terrorismo de Estado.

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