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Activan plan de emergencia en el área Puesto Guardián

Tras varios meses, el Gobierno de la provincia de Salta puso en marcha un plan de emergencia en el área hidrocarburífera CNO-8 “Puesto Guardián”, en el departamento San Martín, por la pérdida descontrolada de petróleo en el denominado “Lomas de Olmedo”, luego de declarar la caducidad de la concesión que estaba en manos de la empresa President Petroleum S.A.

La medida, oficializada en el Boletín Oficial, implica la reversión total del área al Estado provincial, junto con todas sus instalaciones, pozos y equipos. La decisión se encuadra en el Decreto Nº 826/2025 y responde a una serie de incumplimientos detectados en la operatoria de la firma concesionaria, en el marco de lo establecido por la Ley Nacional de Hidrocarburos.

Con el área ya bajo control estatal, el Ejecutivo avanzó en una estrategia de contención para evitar que el abandono derive en consecuencias mayores. En ese sentido, el Ministerio de Producción y Minería aprobó un Acta Acuerdo de Operación de Emergencia que delega en la empresa estatal Recursos Energéticos y Mineros de Salta S.A. (REMSa) la responsabilidad de sostener la actividad mínima indispensable. La intervención tiene carácter transitorio y apunta a preservar los activos, garantizar condiciones de seguridad y evitar impactos ambientales hasta que se convoque a una nueva licitación pública. Desde el Gobierno señalaron que la prioridad es “resguardar la integridad de los yacimientos” en un contexto crítico, marcado por la falta de un cierre ordenado de las operaciones por parte de la concesionaria saliente. La ausencia de mantenimiento técnico y controles adecuados había dejado a la zona en una situación de alto riesgo.

Un escenario ambiental bajo presión

La intervención estatal no ocurre en el vacío. En los últimos años, el área Puesto Guardián y zonas cercanas quedaron bajo fuerte cuestionamiento por denuncias de contaminación vinculadas a pozos abandonados o mal gestionados. Uno de los casos más críticos es el del pozo Lomas de Olmedo X-10, donde desde hace más de dos años se registran fugas de gases y líquidos hidrocarburíferos sin control. Según denuncias de pobladores y organizaciones ambientales, el impacto ya es severo: más de 350 animales muertos, desaparición de vegetación y contaminación de suelos y fuentes de agua en un área estimada de 20 hectáreas. El deterioro llegó a escalar a nivel internacional. Durante la Cumbre Climática COP 30, realizada en Belém do Pará en noviembre de 2025, Greenpeace expuso el caso como un “Chernobyl salteño”, alertando sobre el riesgo ambiental y sanitario en la región. A pesar de que el Gobierno provincial sostiene que mantiene controles técnicos sobre el área —incluyendo mediciones de gases, perímetros de seguridad y monitoreo permanente—, las denuncias de comunidades locales continúan. Vecinos de Tartagal, Mosconi y parajes cercanos aseguran que la contaminación persiste y que las respuestas estatales han sido tardías o insuficientes.

En este contexto, la operación de emergencia a cargo de REMSa aparece como un intento de contener una situación límite. La empresa estatal deberá garantizar el mantenimiento de los pozos, evitar filtraciones y sostener condiciones básicas de seguridad en una zona donde la actividad hidrocarburífera convive con ecosistemas sensibles. El objetivo oficial es claro: sostener la transición hasta que una nueva concesionaria asuma la explotación del área bajo condiciones que, al menos en los papeles, aseguren el cumplimiento de las normas ambientales y operativas. Sin embargo, el desafío es mayor. La experiencia reciente dejó en evidencia que la falta de controles y la desidia empresarial pueden traducirse en daños irreversibles. Y en ese punto, la intervención estatal ya no es solo una medida administrativa, sino una obligación frente a un territorio que viene acumulando pasivos ambientales.

Mientras tanto, en el norte salteño, el equilibrio entre producción y cuidado del ambiente sigue siendo una deuda abierta. Y Puesto Guardián, más que un yacimiento, se convirtió en un símbolo incómodo de lo que pasa cuando el control llega tarde.

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