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El comportamiento de precios en el Noroeste Argentino acumula más inflación

La desaceleración inflacionaria que muestran los indicadores nacionales encuentra matices importantes cuando se observa el comportamiento de los precios en el Noroeste argentino.

Según el último informe del INDEC, la región registró en septiembre un incremento del 1,9%, idéntico al promedio del país, aunque la inflación acumulada durante los primeros nueve meses de 2026 alcanzó el 24,6%, un punto porcentual por encima del índice nacional. En la comparación interanual, los precios del NOA aumentaron un 33,6%, frente al 33,4% registrado para el conjunto de la Argentina.

El detalle de los rubros revela diferencias que inciden directamente sobre los presupuestos familiares. Recreación y cultura encabezó los incrementos mensuales con una suba del 3,9%, seguida por Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con el 3,3%. Educación aumentó un 2,7% y Salud, un 2,6%, mientras que Alimentos y bebidas no alcohólicas registró una variación más moderada, del 1,4%.

La presión sobre los gastos esenciales se vuelve más evidente al analizar la evolución de los últimos doce meses. En el NOA, los precios vinculados con vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles acumularon un incremento interanual del 52%, mientras que los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron un 36,8%, ambos porcentajes superiores a la inflación general de la región.

También se mantiene una marcada diferencia entre bienes y servicios. Durante septiembre, los primeros aumentaron un 1,5% y los segundos un 2,8%. En términos interanuales, los servicios acumularon una suba del 43%, frente al 30,2% de los bienes, una brecha que permite dimensionar el peso creciente de los gastos fijos dentro de los presupuestos familiares.

La comparación con el inicio del año también permite observar cómo se distribuyeron los aumentos. Mientras el índice general del Noroeste acumuló un 24,6% entre enero y septiembre, los gastos de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentaron un 40,4%, y Educación registró una suba del 36,4%. Los alimentos y bebidas no alcohólicas, por su parte, acumularon un incremento del 25,1%, ligeramente superior al nivel general regional, lo que confirma que los rubros esenciales continuaron absorbiendo una parte importante de los presupuestos domésticos.

Una desaceleración que todavía busca traducirse en recuperación

Los resultados de septiembre muestran una economía que consiguió reducir considerablemente el ritmo de los aumentos respecto de los períodos de mayor inflación, pero que todavía enfrenta dificultades para transformar esa desaceleración en una mejora sostenida de la actividad y del consumo. La reducción de la inflación constituye un indicador relevante de estabilidad, aunque sus efectos sobre la vida cotidiana dependen también de la evolución de los salarios, las jubilaciones, el empleo y el acceso al crédito.

La diferencia entre la inflación general y los aumentos de determinados servicios introduce además una dificultad para interpretar el alcance de la desaceleración. No todos los precios evolucionan al mismo ritmo ni tienen el mismo peso en la economía de los hogares. Mientras algunos productos registran incrementos moderados, los servicios vinculados con la vivienda, la educación y la salud continúan acumulando subas que pueden limitar el margen disponible para otros consumos, especialmente entre quienes perciben ingresos fijos.

Cuando los ingresos no acompañan el incremento acumulado de los precios, incluso una inflación mensual relativamente moderada puede convivir con restricciones persistentes en el consumo. En el Noroeste, donde los gastos de vivienda y servicios aumentaron muy por encima del promedio durante el último año, esa diferencia adquiere especial importancia. Los hogares deben afrontar costos que continúan creciendo, mientras la capacidad de compra depende de ingresos cuya recuperación no puede darse por descontada a partir de la sola evolución del IPC.

A ese escenario se suma la necesidad de recuperar niveles de actividad que permitan sostener el empleo y dinamizar el mercado interno. Una inflación más baja puede aportar previsibilidad, pero no garantiza por sí misma una expansión de la demanda.

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