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El hambre ya no espera: Relevamiento sentencia que 4 de cada 10 personas pasan un día sin comer

El dirigente social Ignacio Palarik habló con Héctor Alí en FM Pacífico sobre el relevamiento del Instituto Periferias: el 42,3% de las personas encuestadas pasó al menos un día entero sin comer por falta de dinero.

La crisis de ingresos, las deudas y la tristeza que encontró en las recorridas atraviesan una realidad que, sostuvo, obliga a discutir las consecuencias concretas de las decisiones políticas. Cuando Héctor Alí le preguntó si pasar un día entero sin comer era una manera de hablar, Ignacio Palarik no dejó lugar a interpretaciones: «No, es literal. Hay gente que ha estado un día completo sin comer». El dirigente social y referente del Instituto Periferias se refería al dato más duro de un relevamiento realizado durante agosto en barrios populares de todo el país. El 42,3% de las personas encuestadas atravesó esa situación por falta de dinero; entre quienes tienen otras personas a cargo, el porcentaje asciende al 45,2%. La cifra no cuenta solamente lo que le pasó a una persona. También habla de lo que ocurre alrededor de una mesa familiar cuando la comida no alcanza. «Priorizás a tus hijos, priorizás a tus abuelos, priorizás a algún familiar de mayor riesgo», explicó Palarik en la entrevista para FM Pacífico. Alguien come menos o directamente no come para que otro pueda hacerlo. «En un país que tiene todos los alimentos, esta realidad es trágica», afirmó.

La plata no alcanza y la deuda entra en la casa

El informe del Instituto Periferias reúne 5.088 encuestas a personas adultas que viven en barrios populares. El día entero sin comer es la expresión más extrema de un problema que aparece mucho antes: el 67,8% dijo que comió menos de lo que consideraba necesario por falta de dinero; el 57,3% sintió hambre y no pudo comer, y el 53,8% declaró que en algún momento su hogar se quedó sin alimentos. Además, el 73,4% no pudo consumir alimentos saludables y nutritivos. Palarik ubicó el origen de esas privaciones en los ingresos. «Hay una crisis de ingresos que es fenomenal. Realmente no hay plata que aguante», sostuvo. De acuerdo con el relevamiento, el 75,4% respondió que lo que entra en su hogar no alcanza para cubrir los gastos mínimos, mientras que apenas el 10,8% dijo que sí le alcanza. Cuando el dinero se termina antes que el mes, agregó el dirigente, aparece el endeudamiento como una «rueda de auxilio». La expresión describe una salida inmediata que no resuelve el problema de fondo: se toma deuda para sostener gastos que los ingresos ya no permiten afrontar. Comer menos, comprar alimentos de menor calidad y deber plata no son, en su análisis, dificultades separadas, sino distintas caras de la misma crisis. Ese cuadro convive con el aumento de la pobreza informado por el INDEC para el primer semestre de 2026: alcanzó al 32,3% de las personas, frente al 28,2% del semestre anterior. El dato oficial y el estudio de Periferias no miden lo mismo. Uno estima pobreza por ingresos en los aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares; el otro indaga experiencias de privación entre personas de barrios populares. Leídos en conjunto, muestran por qué una discusión sobre porcentajes también exige mirar qué pueden comprar y comer las familias.

Más que pudor

Alí llevó la conversación a un lugar al que no llegan los cuadros estadísticos: qué pasa cuando alguien tiene que contar que no pudo comer. Le preguntó a Palarik si había pudor o vergüenza al reconocerlo. El referente de Periferias, que participó personalmente de las encuestas, respondió: «Más que pudor, lo que yo veía era como mucha tristeza». No hablaba de una impresión tomada desde lejos. Palarik explicó que quiso salir a relevar para escuchar esos testimonios de primera mano. En esas conversaciones encontró frustración y desesperanza, pero también una reflexión sobre las expectativas que algunas personas habían puesto en el Gobierno. Cuando Alí le preguntó si había entrevistados que reconocían haber votado a Javier Milei y ahora se sentían afectados por sus políticas, Palarik aclaró un límite del estudio: la encuesta no preguntó por el voto. Lo que relató surgió de las charlas mantenidas durante el trabajo de campo. «Hay mucha gente que te dice: “Mirá, yo lo voté con la idea, con la expectativa de que íbamos a estar mejor”», contó. Para el dirigente, la dificultad de llegar a fin de mes vuelve visibles decisiones políticas que antes podían parecer lejanas. «La gente empieza a darse cuenta de que la política efectivamente se metió con su realidad cotidiana», planteó. La entrevista también se detuvo en la distancia entre los discursos oficiales sobre la economía y lo que registran las familias encuestadas. Palarik cuestionó las afirmaciones del Gobierno sobre la reducción de la pobreza y señaló que, para quien debe elegir entre pagar gastos básicos y comprar comida, la discusión tiene un límite concreto: «Cuando vos tenés que dejar de comer durante todo un día porque no te alcanza la plata, no hay relato que valga».

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