El otro negocio del Mundial: apuestas, chicos y salud mental en riesgo
El inicio del Mundial de Fútbol volvió a poner en escena una preocupación que ya venía creciendo en silencio, pero que ahora aparece amplificada por la pantalla, por las transmisiones deportivas y por una publicidad cada vez más agresiva: la ludopatía infanto-juvenil.
La pelota, que durante generaciones funcionó como una forma de identidad, encuentro, emoción colectiva y pertenencia, hoy convive con un mercado de apuestas online que interpela de manera directa a los hinchas y, de forma especialmente riesgosa, a chicos y adolescentes. En diálogo con Nuevo Diario, el comunicador y especialista en Salud Mental, Rodolfo Ceballos, advirtió sobre este fenómeno y fue contundente al describir el riesgo que representa la asociación permanente entre fútbol, dinero fácil y plataformas digitales de juego. “En la publicidad de los partidos del Mundial, la pantalla vende apuestas online de distintas marcas; todas asocian la imagen del deporte con el dinero que puede tocar al apostador como una varita mágica”, señaló. Para Ceballos, esa saturación publicitaria no es inocente, ni menor. Por el contrario, instala una idea peligrosa en una población que todavía no cuenta con herramientas suficientes para dimensionar las consecuencias psicológicas, económicas y familiares del juego problemático. “Estamos en el punto justo en que el fútbol se puede convertir en la puerta de entrada al juego problemático. Son las nuevas adicciones sin sustancia que trajo internet”, sostuvo.
Cuando apostar parece parte del partido
El especialista marcó que la publicidad de apuestas no sólo acompaña los partidos, sino que construye un relato en el que jugar dinero aparece como una extensión natural de la pasión futbolera. En ese marco, la presencia de ídolos deportivos o figuras asociadas a la historia del fútbol refuerza una idea que, para los adolescentes, puede resultar especialmente seductora: apostar sería una forma más de participar del Mundial. “No faltan los spots con figuras como Maradona o Messi que refuerzan la idea de que apostar es un gesto de pasión futbolera. En esas prácticas de nueva ‘timba’ instantánea y rentable, el mundo infanto-juvenil no tiene la menor idea de que corre un riesgo psicológico importante”, explicó Ceballos. La advertencia apunta al modo en que el mercado encontró en el amor popular por el fútbol una vía eficaz para captar nuevos apostadores. Según el especialista, los mensajes se repiten hasta naturalizar la conducta: apostar sería rápido, simple, emocionante y rentable. Sin embargo, detrás de esa promesa aparece una realidad mucho más dura. “Los publicitarios supieron ver en el amor al fútbol que tienen los chicos una veta para que consuman la apuesta online. Inundan siempre con el mismo mensaje: apostar es llegar rápido a la multiplicación del dinero”, afirmó. En esa línea, Ceballos planteó que el problema se agrava porque el mensaje publicitario se dirige a una etapa vital en la que niños y adolescentes todavía se encuentran en pleno desarrollo cognitivo y emocional. “Saben que pueden usar al fútbol para la captación de apostadores. La edad cognitiva que tienen los niños y los adolescentes está en riesgo de ser la de los próximos jugadores problemáticos”, advirtió.
La naturalización de la apuesta
Uno de los puntos centrales del análisis del especialista tiene que ver con la forma en que el discurso publicitario presenta la apuesta como una práctica legítima, casi inevitable, dentro del universo futbolero. “Observando atentamente el relato de las apuestas online, el enunciado básico que cuentan es que ‘apostar es parte del fútbol’. Esto naturaliza la conducta del chico apostador y la legitima socialmente”, señaló. La preocupación no es abstracta. En los últimos años, las apuestas online dejaron de estar asociadas únicamente a adultos o a espacios físicos de juego, para pasar a instalarse en los celulares, las billeteras virtuales, los grupos de WhatsApp, las redes sociales y las transmisiones deportivas. El acceso es inmediato, muchas veces sin controles reales de edad, y con plataformas ilegales que sortean las restricciones formales. Ese combo, según Ceballos, coloca a los adolescentes en un terreno de alta vulnerabilidad, porque el juego ya no requiere traslado, exposición pública ni grandes sumas iniciales de dinero. Basta un celular, una cuenta, un enlace y una promesa de ganancia rápida. Allí se abre la puerta a un circuito de dependencia psicológica que puede avanzar sin que la familia o la escuela lo detecten a tiempo.
Ansiedad, insomnio y pérdida del disfrute
Ceballos describió con crudeza el impacto que puede tener la ludopatía en niños, adolescentes y jóvenes. “Si se cae en la ludopatía infanto-juvenil, el principal síntoma, casi incontrolable para el apostador, es la ansiedad crónica. Lo carcome el conocer qué equipos perdieron o ganaron, se obsesiona con los resultados deportivos y, como pasa generalmente, si pierde el dinero acumulado con esfuerzo, se deprimirá”, indicó. La lógica de la apuesta, explicó, modifica por completo la relación con el deporte. El partido deja de ser una experiencia de disfrute, de encuentro familiar o de celebración colectiva, y se convierte en una fuente de tensión permanente. Cada gol, cada penal, cada tarjeta o cada resultado ya no se viven desde la emoción deportiva, sino desde el miedo a perder dinero. “El adicto busca la revancha con la conducta compulsiva de apostar; le llegó ese instante muy crítico: perdió el control de sí mismo y eso podría derivar en una ruptura familiar, en un quebranto económico. Entonces, el principal conflicto que tendrá será por el dinero proveniente del juego riesgoso”, sostuvo Ceballos. El especialista remarcó que el círculo se vuelve cada vez más difícil de cortar, porque quien pierde busca recuperar lo perdido, y quien gana cree haber encontrado un mecanismo veloz para multiplicar dinero. En ambos casos, el vínculo con el juego se vuelve más intenso y más riesgoso.
Frente a este escenario, Ceballos remarcó la necesidad de actuar desde distintos frentes. La prevención escolar, el control parental, la regulación estatal, el bloqueo efectivo de plataformas ilegales y una discusión pública sobre la publicidad de apuestas aparecen como dimensiones urgentes. No se trata de demonizar el fútbol, sino de evitar que el deporte más popular se convierta en una vía de ingreso a una adicción silenciosa, difícil de detectar y cada vez más extendida.
Una vidriera global del juego on line
La preocupación crece durante el Mundial porque la exposición publicitaria se multiplica. Cada partido concentra audiencias masivas, emoción nacional, consumo en redes y un clima social que facilita la captación de usuarios. En ese contexto, el especialista en salud mental, Rodolfo Ceballos, advirtió a este medio que la sociedad de consumo organizada alrededor del fútbol encontró en las apuestas online uno de sus motores económicos más fuertes. “En este Mundial, la sociedad de consumo que gira en torno a los partidos se organizó, principalmente, en dos grandes marcas de apuestas online, una como patrocinadora oficial de la FIFA y sponsor de la Selección Argentina y, la otra, a nivel de socio global del torneo. Además, se suman campañas de plataformas regionales, lo que significa que la publicidad de apuestas garantizará los mensajes a los futboleros”, planteó. El especialista también puso el foco en la dimensión económica del fenómeno y en la desigualdad regulatoria entre regiones. “Mientras a algunos chicos se les va la tranquilidad y la salud mental en sus respectivas ludopatías, la FIFA, solo por las marcas más famosas de apuestas online, permite embolsar ingresos récord de 8.900 millones de dólares. En Latinoamérica la publicidad es intensa, mientras que en Europa depende de normativas más restrictivas”, cuestionó. La tensión es evidente: mientras los organismos deportivos internacionales y las grandes plataformas obtienen ingresos millonarios, las consecuencias sociales y sanitarias quedan muchas veces a cargo de familias, escuelas, sistemas de salud y Estados provinciales con herramientas todavía insuficientes.
Para Ceballos, el daño más profundo aparece cuando el fútbol deja de ser una experiencia cultural, afectiva y colectiva, y pasa a convertirse en una fuente de sufrimiento individual. “Los apostadores adictos han convertido el espectáculo del fútbol en un casino en línea que contabiliza más pérdidas que ganancias. La ludopatía viene a reemplazar la destreza y el rendimiento deportivo por un manojo de síntomas psicológicos insoportables: el fracaso escolar, el insomnio, la pérdida del disfrute por ver el partido como muestra del talento humano, ya que cada encuentro perdido es una amenaza para perder dinero”, señaló. La ludopatía, en ese sentido, no solo afecta el bolsillo. También compromete la concentración, la memoria, el rendimiento escolar, el descanso, los vínculos familiares y la capacidad de disfrutar.
Una epidemia silenciosa en Salta
En Salta, la ludopatía juvenil ya comenzó a ser definida como una “epidemia silenciosa”. Informes recientes señalan que entre 6 y 8 de cada 10 adolescentes tuvieron algún contacto con apuestas online, una cifra que encendió alertas en el ámbito educativo, sanitario y legislativo. Frente a ese escenario, la Legislatura provincial avanzó con medidas destinadas a bloquear sitios ilegales y promover campañas escolares de prevención. A nivel nacional, el panorama también es inquietante. Argentina no cuenta todavía con una cifra única y consolidada de casos de ludopatía clínica, pero distintos entes reguladores y organismos de control detectaron un crecimiento alarmante del contacto adolescente con apuestas online. Más del 60% de los adolescentes habría tenido algún tipo de aproximación a estas plataformas, mientras que en los últimos años se bloquearon más de 1.000 sitios ilegales que facilitaban el acceso de menores.
La ausencia de estadísticas nacionales homogéneas dificulta una respuesta integral. Sin embargo, los indicadores indirectos, como el bloqueo de páginas, las encuestas escolares, las denuncias judiciales y los reportes de familias, muestran un crecimiento sostenido del problema. Además, la fragmentación normativa entre provincias impide construir una política común, mientras las plataformas ilegales se mueven con mayor velocidad que los mecanismos estatales de control.



