El Valle de Lerma mira al cielo con temor ante la amenaza de un “Súper Niño”
El fenómeno ya está activo y los modelos internacionales le asignan una alta probabilidad de alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. En una región atravesada por ríos, arroyos, zonas productivas y localidades que sufren anegamientos, la preocupación crece ante la llegada de las lluvias y la existencia de obras demoradas, defensas deterioradas y canales que todavía necesitan mantenimiento.
El Valle de Lerma sabe lo que ocurre cuando el agua llega de golpe. Lo saben los vecinos de La Silleta que quedan condicionados por el desborde del arroyo Los Nogales; lo saben las familias de La Merced que vieron inundarse la calle San Martín. Lo saben quienes transitan por la ruta 68 y observan el deterioro de las defensas del río Rosario. También lo saben los productores que dependen de un equilibrio cada vez más difícil entre la lluvia necesaria para los cultivos y las tormentas capaces de destruir una campaña en pocas horas.
Por eso, la posibilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026 encendió una señal de alarma en toda la región. El temor no responde solamente a una denominación impactante ni a las proyecciones internacionales. Se alimenta de una geografía vulnerable, de experiencias recientes de inundaciones y de la certeza de que varias de las obras necesarias para enfrentar la temporada de lluvias no estarán terminadas a tiempo. El Servicio Meteorológico Nacional informó en julio que las condiciones del ENOS son consistentes con una fase cálida, es decir, con la presencia de El Niño. Para el trimestre julio, agosto y septiembre calculó una probabilidad cercana al 100% de continuidad del fenómeno. Si bien el “Súper Niño” es una denominación y no constituye una categoría meteorológica, no deja de preocupar a los salteños.
Llegan las lluvias y los problemas sin resolver
La situación de La Silleta es una de las expresiones más claras de ese temor. Rubén Olarte, referente rural de la localidad, viene reclamando desde hace meses la limpieza y el acondicionamiento del arroyo Los Nogales, que corre paralelo a la ruta nacional 51. En marzo, Olarte había definido como una “odisea” la posibilidad de salir de La Silleta durante los días de lluvia. Explicó que el agua baja desde las fincas ubicadas en las zonas elevadas, atraviesa las pendientes y termina concentrándose en distintos puntos de la localidad. El arroyo se desborda incluso ante precipitaciones menores y complica la circulación de los vecinos. El problema era conocido y contaba con una obra oficialmente prevista. El 12 de noviembre de 2024 se firmó un convenio con la Municipalidad de Campo Quijano para la limpieza y el acondicionamiento del arroyo Los Nogales. La intervención había sido aprobada mediante la Resolución 1058, por un monto de $18.619.823,83 y con un plazo de ejecución de 60 días. Sin embargo, los trabajos nunca comenzaron. La Resolución 222, fechada el 9 de abril de 2026 y publicada en el Boletín Oficial el 21 de ese mes, aprobó la rescisión de común acuerdo solicitada por el intendente de Campo Quijano, Lino Yonar. El expediente mencionó como motivo la distorsión de los precios de los materiales y de la mano de obra. También dejó asentado que la obra nunca tuvo fecha de inicio y que el anticipo financiero certificado no fue abonado. La rescisión dejó a La Silleta nuevamente sin una respuesta concreta ante la cercanía de las lluvias. Olarte reclamó que se informe qué intervención reemplazará al convenio y lanzó una advertencia que resume el temor existente en buena parte del Valle de Lerma. “Estamos a meses de la llegada del ‘Súper Niño’ y no queremos lamentar daños materiales ni silletanos ahogados”, sostuvo.
El “problema” del río Rosario
El caso de La Silleta no aparece como un episodio aislado. Más al sur, la preocupación volvió a manifestarse en el río Rosario, uno de los puntos estratégicos para la conectividad del valle. Durante la sesión del jueves 30 de julio, los senadores Esteban D’Andrea Cornejo, de Chicoana, y Gonzalo Caro Dávalos, de Cerrillos, llevaron al recinto la situación de las márgenes del río y de los puentes carretero y ferroviario ubicados sobre el límite entre La Merced y El Carril. Mediante el expediente 90-34.479, el Senado aprobó un pedido para que el jefe de Gabinete informe, en un plazo de diez días, las autorizaciones otorgadas para la extracción de áridos en el sector del puente de la ruta nacional 68. Los legisladores también presentaron el expediente 90-34.480 para reclamar el mantenimiento y la reparación de los dos puentes. D’Andrea Cornejo advirtió que las defensas construidas en las márgenes del río se encuentran “totalmente dislocadas”. Se refirió específicamente a los gaviones, estructuras destinadas a contener el suelo y reducir la erosión producida por la fuerza del agua.
El senador recordó que durante el verano anterior debió realizarse una intervención de emergencia para proteger el puente ferroviario. Alertó que una nueva creciente podría comprometer también el puente carretero, provocar un corte de la ruta 68 y afectar la conexión del Valle de Lerma con Cafayate y Cabra Corral. “Los meses de mayor lluvia vienen, estamos muy cerca”, señaló durante la sesión. El riesgo planteado en el Senado muestra la dimensión regional del problema. Una creciente del río Rosario no afectaría solamente a las poblaciones ubicadas en sus márgenes. Podría interrumpir una de las principales vías de comunicación del valle y poner en peligro a quienes atraviesen los puentes durante una tormenta.
La Merced reclama respuestas urgentes
Esa diferencia entre los tiempos de las grandes obras y la urgencia cotidiana alimentó el malestar en La Merced. Un pronunciamiento vecinal difundido en la localidad recordó las inundaciones de la calle San Martín y cuestionó al intendente Javier Wayar por haber vinculado la solución del problema con la futura autopista y su canal colector. Los vecinos reclaman saber qué medidas se adoptarán mientras la obra continúa en construcción.
El planteo exige limpieza de canales y desagües, poda preventiva, mantenimiento de calles, iluminación y respuestas frente a las aguas servidas, los malos olores y la acumulación de residuos. “La Merced no necesita que nos prometan el futuro. Necesitamos que resuelvan el presente”, sostiene el texto.
La Silleta, el río Rosario y La Merced no son problemas separados, son señales de una misma vulnerabilidad extendida a lo largo del valle. La lluvia no puede evitarse, lo que ocurra antes de que llegue dependerá de la prevención.


