Identicidio: cuando la violencia institucional apunta a borrar identidades
La aparición con vida de Marlen “La Grillo” Villarrubia no clausura el debate que su caso abrió en Salta. Por el contrario, obliga a profundizar una pregunta incómoda: ¿qué tipo de violencia estatal se ejerce hoy sobre ciertos cuerpos y ciertas identidades?
Para Fernando Pequeño Ragone, integrante de la Mesa de Derechos Humanos de Salta y referente de la Asociación Ragone, lo ocurrido no puede leerse como un exceso aislado ni como una simple irregularidad administrativa. Tiene un nombre político y conceptual preciso: identicidio. “El identicidio es el nombre contemporáneo del terrorismo de Estado”, sostiene.
No se trata, explica, de la desaparición forzada clásica que caracterizó a la dictadura militar, sino de una forma actualizada de violencia institucional que apunta a eliminar existencias disidentes. “Ya no se persigue al enemigo político reconocible. Se persigue al enemigo de género, al excluido social, al sujeto cuya identidad misma lo convierte en blanco”, señala.
De los militantes a las identidades disidentes
El planteo de Pequeño Ragone propone una continuidad histórica inquietante. La dictadura, recuerda, inauguró una tecnología de poder que no desapareció con el retorno democrático, sino que mutó. “Si los militares desaparecían militantes, los policías democráticos desaparecen travestis. Cambió el objetivo, no la lógica del terror institucional”, advierte.
En ese marco, el caso de Marlen Villarrubia se vuelve paradigmático. Su detención irregular, basada en un pedido de captura inexistente o no vigente; el recorrido errático por dependencias policiales; el rechazo del Centro de Contraventores a alojarla por su identidad de género; y, sobre todo, la desaparición absoluta de registros administrativos, configuran un escenario donde el Estado deja de garantizar derechos básicos y se transforma en amenaza, resume el referente de derechos humanos.
Tres hipótesis
El análisis plantea tres hipótesis posibles sobre lo ocurrido con Marlen, todas atravesadas por una misma matriz identicida. La primera, la más grave, apunta a una desaparición forzada con encubrimiento: violencia durante la detención y una eliminación deliberada de rastros para diluir responsabilidades.
La segunda contempla un abandono estatal igualmente letal: una liberación irregular, sin recursos ni protección, que expone a una persona trans a agresiones previsibles en contextos de extrema vulnerabilidad.
La tercera hipótesis es discursiva, pero no menos peligrosa. Es la construcción de la víctima “desechable”. “Se resaltan antecedentes, se habla de ‘malos pasos’, se la corre del campo de la ley. Esa narrativa no es neutra: justifica la violencia y prepara el terreno para que cualquier cosa parezca aceptable”, advierte Pequeño Ragone. En ese sentido, el identicidio no es solo un acto material, sino también una operación simbólica que precede y legitima la agresión.
El caso de Marlen no es leído de manera aislada. Pequeño Ragone lo vincula con la muerte de Daniela Fernanda Arias, ocurrida en noviembre de 2025 bajo custodia policial en Rosario de Lerma. Distintos hechos, misma estructura: comisarías que funcionan como “cajas negras”, sin control efectivo, sin cámaras, sin registros confiables. “En la dictadura había zonas liberadas geográficas. Hoy la zona liberada es la comisaría”, afirma. Allí, explica, la policía no solo ejerce la fuerza, sino que también construye el relato inicial que luego tiende a ser validado por el sistema judicial. “El policía miente y esa mentira se convierte en verdad institucional”, denuncia.
Para el referente de la Asociación Ragone, lo ocurrido con Marlen Villarrubia expone una fragilidad profunda del Estado democrático. “La persona pobre, travesti, disidente, vive con la certeza de que puede ser detenida sin motivo, trasladada sin registros y borrada del sistema”, sostiene. Y cuando busca justicia, se enfrenta a un Poder Judicial que suele otorgar credibilidad inicial a la versión policial y no a las víctimas o sus familias. “El identicidio nombra eso: no la muerte de un individuo, sino la supresión de una identidad que el sistema considera prescindible”, define.



