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La Cámara Alta dio media sanción a la reforma de la Ley de Glaciares

En una jornada cargada, la Cámara alta aprobó el acuerdo comercial interino con la Unión Europea y dio media sanción a la reforma de la Ley de Glaciares.

Desde las 11 de la mañana, el Senado vivió una sesión de alto voltaje político con dos proyectos que tocan nervios sensibles del mapa productivo argentino: el acuerdo Mercosur-Unión Europea y la modificación de la Ley 26.639 de Presupuestos Mínimos para la Protección de Glaciares y del Ambiente Periglacial. Más allá del contenido, la secuencia de votaciones y la puesta en escena construyeron un mensaje claro: el oficialismo necesitaba convertir la semana más legislativa del período extraordinario en una prueba de fuerza rumbo a la apertura de sesiones.

Primero llegó el aval al Acuerdo Interino de Comercio Mercosur-UE, celebrado el 17 de enero de 2026 en Asunción. La Cámara alta lo aprobó por unanimidad con 69 votos afirmativos y 3 negativos, tras un debate de cuatro horas que el oficialismo intentó acelerar para que Argentina fuese el primer parlamento de la región en ratificarlo. La maniobra no alcanzó: Uruguay se adelantó con un trámite exprés y dejó a Argentina en segundo lugar. Los votos en contra fueron de Eduardo “Wado” de Pedro, Juliana di Tullio y Cristina López.

El texto, de 23 capítulos, plantea un esquema transitorio hacia una zona de libre comercio y fija como objetivos reducir obstáculos arancelarios y no arancelarios, fomentar inversiones y mejorar competitividad e integración en cadenas globales de valor.Luego, el recinto pasó a la discusión más explosiva: la reforma de la Ley de Glaciares. Tras cuatro horas, el Senado aprobó la iniciativa en general por 40 votos a favor, 31 en contra y 1 abstención (la neuquina Julieta Corroza), y avanzó también en la votación en particular. El resultado mostró un armado heterogéneo: La Libertad Avanza sumó apoyos de radicales, PRO, bloques provinciales y de un sector del PJ ligado a provincias mineras, con votos clave como los del sanjuanino Sergio Uñac y la catamarqueña Lucía Corpacci. En la vereda opuesta quedaron legisladores del PRO, de la UCR, provinciales patagónicos, la cordobesa Alejandra Vigo y la mayoría del bloque justicialista, entre otros. La sesión arrancó, además, con tensión en la calle: 12 activistas de Greenpeace fueron detenidos tras saltar rejas e irrumpir en las escalinatas del Congreso, en protesta contra la reforma. Ese clima se trasladó al debate, donde uno de los focos fue el procedimiento: desde el bloque de José Mayans denunciaron que circularon modificaciones “de último momento” que los senadores recibieron en papel durante las exposiciones, sin que los miembros informantes hubieran explicado esos cambios.

La letra chica de la reforma

La reforma redefine el objeto de protección: concentra la tutela en glaciares y geoformas periglaciares “que cumplan funciones hídricas”, sea como reservas estratégicas o como proveedores de agua para recarga de cuencas. Incorpora, además, una pauta interpretativa vinculada al “uso racional” de recursos del artículo 41 de la Constitución. El oficialismo y sus aliados defendieron el giro hacia una lógica de “función” antes que “forma” e insistieron con la idea de “seguridad jurídica” para inversiones, en especial mineras, bajo evaluaciones de impacto ambiental. Uno de los puntos más discutidos fue el rol de las provincias y del IANIGLA: la norma mantiene al instituto a cargo del Inventario Nacional de Glaciares, pero establece un flujo permanente de información desde las jurisdicciones y habilita a que la autoridad ambiental provincial verifique si una geoforma carece de función hídrica, con capacidad de actualizar el inventario. Para los críticos, ese esquema fragmenta estándares, debilita un criterio nacional uniforme y abre riesgos de regresión ambiental y judicialización.

Para los defensores, en cambio, “devuelve” el dominio originario de los recursos a las provincias y ordena ambigüedades del marco vigente. El oficialismo coronó el tramo final con un discurso político más amplio: el Gobierno buscó cerrar la dicotomía “ambiente o producción” y, en paralelo, mostrar que puede construir mayorías variables en el Congreso. Glaciares, Mercosur-UE y la secuencia parlamentaria funcionaron ayer como una misma escena: una exhibición de músculo legislativo antes del inicio del año ordinario.

Ahora, la reforma de Glaciares pasó a Diputados, donde se anticipa una discusión igual o más áspera.

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