La LLA, entre el huevo y la gallina, optó por “matar” al mensajero
Es el título sugerido por el sitio nagNEWS.com.ar para tratar la situación ocurrida en el Concejo Deliberante, el domingo 1 de marzo. Lo que sigue es la transcripción de lo publicado en ese sitio:
“El domingo 1° de marzo quedó formalmente inaugurada la Convención Municipal encargada de llevar adelante la reforma parcial de la Carta Orgánica de la ciudad de Salta. El acto se realizó en el Concejo Deliberante y dio inicio a un proceso institucional que se extenderá por noventa días corridos, con posibilidad de prórroga por treinta días más si así lo resuelven las dos terceras partes del cuerpo.
La Convención está integrada por 21 convencionales municipales y tiene la responsabilidad de modificar normas que impactarán en la organización política y administrativa de la ciudad. Sin embargo, la sesión inaugural dejó una escena que expuso más tensiones internas que consensos institucionales.
El horario y el conflicto
Uno de los momentos más controvertidos se produjo cuando el bloque de La Libertad Avanza propuso sesionar los lunes por la mañana. El detalle no era menor: en ese mismo horario se desarrollan las comisiones del Concejo Deliberante, ámbito al que asiste el concejal Pablo López, denunciado por extorsión sexual.
La convencional libertaria Estela Méndez —quien denunció a López por abuso y cuenta con una restricción judicial de acercamiento vigente— advirtió que, de aprobarse esa moción, podría verse obligada a coincidir en el edificio con su denunciado, pese a la medida judicial.
La situación dejó al descubierto un problema institucional delicado: la posibilidad de que una decisión administrativa termine vulnerando una orden judicial de protección.
Entre la torpeza y la reacción
Lo que llamó la atención no fue solo la propuesta horaria, sino la reacción posterior. En lugar de revisar inmediatamente el planteo, el oficialismo libertario optó por cuestionar a Méndez, e incluso trascendió su desplazamiento partidario ya con anterioridad, y según la denunciante Méndez, habría sido inducido por la senadora nacional Emilia Orozco.
El presidente de la Convención, Gonzalo Guzmán Coraita —senador nacional y abogado— debió finalmente aceptar un cuarto intermedio cuando el conflicto jurídico quedó expuesto. La sesión terminó fijándose los días viernes, evitando así la superposición.
La pregunta inevitable es cómo una fuerza política que hace bandera del orden institucional no advirtió la incompatibilidad entre su propuesta y una restricción judicial vigente.
El huevo y la gallina
Aquí aparece la metáfora del título y su porqué de su tinte periodístico:
¿Fue un error administrativo? ¿Una descoordinación interna? ¿O una reacción política frente a quien señaló el problema?
En lugar de discutir la causa, el bloque eligió confrontar con quien la advirtió.
Y cuando eso ocurre, la discusión deja de ser jurídica para volverse política.
OPINION DEL PERIODISTA
La reforma de la Carta Orgánica es un acto institucional mayor. No es un trámite administrativo ni una reunión partidaria. Es el momento en que una ciudad redefine sus reglas de convivencia.
Por eso sorprende que la sesión inaugural haya dejado una escena de desprolijidad política tan evidente.
Si existe una restricción judicial de acercamiento, el debate se termina ahí. No hay interpretación partidaria posible. La política no está por encima de la Justicia. Ni debería intentar bordearla.
Lo preocupante no fue el error horario, lo preocupante fue la reacción.
En lugar de asumir la omisión y corregirla con naturalidad, se eligió tensionar con quien señaló el problema. Y cuando la política reacciona atacando al que advierte un riesgo legal, el mensaje es inquietante.
La Libertad Avanza construyó buena parte de su identidad sobre la defensa del orden, la ley y la moral pública. Es legítimo hacerlo. Pero el estándar que se exige hacia afuera debe aplicarse también hacia adentro.
La coherencia no es un discurso; es una práctica.
Predicar institucionalidad implica ejercerla aun cuando incomoda.
Porque cuando la política exige rectitud pero relativiza situaciones propias, pierde autoridad moral.
Y la autoridad moral, en política, es capital; se construye lento, se erosiona rápido.
La mujer del César no tan solo debe ser, sino parecer.
Creo yo”.
NAG



