Salta antaño y hogaño: Los primeros teléfonos y la “Empresa de Teléfonos Salta”
Por Gregorio Caro Figueroa
Alejados los conflictos civiles, sofocada la invasión de Felipe Varela y atemperadas las guerras intestinas, a partir de 1870 en Salta se abrió un horizonte de normalidad institucional que despejó el camino no solo hacia su integración nacional, sino también hacia el crecimiento, la modernización y una paulatina corriente inmigratoria.
En 1864, bajo el impulso del presidente Bartolomé Mitre, abrió sus puertas el Colegio Nacional, complemento de la educación primaria que había sembrado Sarmiento. En 1882, las mujeres comenzaron a educarse en la Escuela Normal. En 1871, las lámparas a kerosene iluminaron las noches oscuras. En 1889, Manuel Solá publicó en Buenos Aires su Memoria descriptiva de la Provincia de Salta, un registro minucioso de 415 páginas que abordaba territorio, población, riquezas y producción.
En febrero de 1891, la locomotora llegó frente al antiguo Cabildo. El ferrocarril redujo de seis meses a apenas dos jornadas el viaje en carretas hacia Buenos Aires. En 1908, la red de cloacas higienizó la ciudad y permitió dejar atrás pestes recurrentes. Fincas y huertas se multiplicaron, diversificaron y comenzaron a mecanizarse.
A estos adelantos se sumó, en 1886, la apertura de la primera empresa telefónica privada. Cinco años antes se habían colocado los primeros aparatos en Buenos Aires. En Salta, fue Bernardo Peña quien invirtió $20.000 en el emprendimiento, sin ayuda oficial, y obtuvo el aplauso del pueblo.
El edificio de esta pionera empresa funcionaba en una casa de altos de 18 metros, en la esquina de calles 20 de Febrero y avenida Belgrano. Años después, a pocos metros, se instaló la Compañía Argentina de Teléfonos. La firma de Peña contaba con un depósito de materiales y aparatos para 260 abonados.
Las líneas telefónicas alcanzaban localidades como Güemes, San Lorenzo, Chicoana, Cobos, Campo Santo, Cerrillos, Rosario de Lerma y La Caldera. El servicio era atendido por diez empleados, en su mayoría mujeres, quienes tenían “prohibición absoluta de cambiar con los abonados más palabra que las imprescindibles”.
En la primera década del siglo XX, la “Empresa Teléfonos de Salta” comenzó a publicar una Guía de abonados, distribuida gratuitamente cada año y nutrida de avisos comerciales. Los aparatos contaban con un “manubrio del magneto” que el usuario debía girar para comunicarse con la operadora. Al recibir la llamada, se encendía una luz en el conmutador, y mediante clavijas la operadora apagaba la señal, preguntaba el número solicitado y daba curso a la comunicación.
Los números de teléfono tenían tres cifras. La empresa instruía a los usuarios a “hablar claro, sin gritar, con voz natural, clara, pausada, y a dos centímetros de distancia del transmisor”. También recomendaba no usar el aparato durante tormentas.
La mayoría de los abonados eran organismos oficiales, comerciantes, profesionales y propietarios rurales. A todos ellos se les advertía que “las bromas por teléfono serán objeto de medidas pertinentes por parte de la Compañía”.



