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Se viven situaciones violentas en tres Concejos del departamento de Orán

En la última semana, la mitad de los Concejos Deliberantes del departamento Orán presentaron situaciones grotescas que van desde la violencia y agravios en ámbitos institucionales hasta muestras de una falta de comunicación y ruptura total con los intendentes locales.

A lo largo de la semana, Nuevo Diario relevó distintas situaciones que se dieron dentro del ámbito de las sesiones ordinarias de tres cuerpos de concejales: Orán, Hipólito Yrigoyen y Pichanal.

Las situaciones dan cuenta de un estado general: la falta de formación de los concejales para ocupar sus cargos, el desconocimiento del funcionamiento de las instituciones y la vulgarización de la política institucional.

En Pichanal, los concejales opositores fueron agredidos por una supuesta patota referenciada con el intendente Julio Jalit durante el desarrollo de la sesión. Por otro lado, en Orán, renunció el secretario legislativo en medio de la sesión denunciando públicamente a la presidenta de corrupción, lo que inició una discusión que escaló hasta los agravios y provocó la suspensión del acto legislativo.

Mientras que en Yrigoyen la intendenta pidió reprogramar el inicio de sesiones alegando amenazas de un ataque violento durante la apertura de sesiones. Pese a lo grave de lo denunciado, los concejales decidieron insistir con la convocatoria.

En los primeros dos casos, la violencia dejó a la política en segundo término. Ambos hechos revisten contextos casi de ingobernabilidad con denuncias que, de mínimo, tendrían que ser revisadas por fiscales y con sanciones que en otros ámbitos legislativos serían severas para los involucrados.

Interna en Yrigoyen

En el caso de Yrigoyen, la interna local contra la intendenta Soledad Cabrera escala al punto que se le niega un pedido para preservar la paz en la localidad.
Los tres concejos dieron muestra de algo latente: los ediles parecen no tener contexto del lugar de representación en los que se encuentran, reduciendo la política y la institucionalidad a lugares tan mínimos que pierden el horizonte de su razón de ser, que están ahí para solucionar los problemas de los vecinos.

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