Sin explicaciones formales y a días del montaje, la Secretaría de Cultura levantó una exposición de arte indígena que ya había sido aprobada. Artistas y organizadores advierten un grave retroceso en la visibilidad cultural de los pueblos originarios y reclaman respuestas claras del Estado.
La cancelación intempestiva de una muestra de arte wichí prevista en el Palacio Libertad, en la Ciudad de Buenos Aires, desató una fuerte polémica en el ámbito cultural y reavivó las denuncias por censura y segregación institucional hacia comunidades originarias del norte argentino. La decisión, comunicada sin fundamentos formales y a contrarreloj, impactó de lleno en artistas y organizadores que venían trabajando desde hacía meses en la exposición.
La muestra formaba parte de la Primera Bienal de Arte Indígena, cuya sede principal es la Universidad Católica Argentina (UCA), y que incluye una serie de actividades paralelas en distintos espacios. Entre ellas, estaba prevista una exposición en el sexto piso del Palacio Libertad —dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación— y un mercado de artesanías en la planta baja del edificio. Todo estaba listo para el montaje: las obras habían sido seleccionadas, se contrataron seguros, se organizó el traslado y se habían acordado los trabajos de armado. Sin embargo, el viernes previo al inicio del montaje, programado para el lunes siguiente, los artistas recibieron la notificación de que la muestra quedaba cancelada. No hubo una explicación oficial ni un comunicado institucional que fundamentara la decisión. Ante la consulta periodística, la única respuesta que trascendió fue que la exposición “no encuadraba dentro del perfil del Centro Palacio Libertad”. Qué significa exactamente ese “encuadre” nunca fue aclarado.
Más aún, la explicación genera mayor desconcierto si se tiene en cuenta que la misma institución había aprobado previamente la realización de la muestra, hasta que —según se indicó— una orden superior dispuso su levantamiento. La exposición reunía obras de artistas wichí surgidas de una experiencia comunitaria singular. Todo comenzó cuando un pintor enseñó a pintar a una mujer wichí en Misión Chaqueña. Con el tiempo, ella desarrolló un estilo propio, profundamente vinculado a la vida cotidiana y a la cosmovisión de su comunidad. Luego, otros integrantes de su familia y de la comunidad continuaron esa práctica artística, que hoy constituye su principal —y en muchos casos única— fuente de ingresos.
Las pinturas se caracterizan por un lenguaje visual directo y auténtico, con escenas de caza, pesca, recolección y vida comunitaria. No contienen consignas políticas ni mensajes ideológicos: reflejan una forma de vida, una relación con el territorio y un universo simbólico ancestral.
Precisamente por eso, la cancelación despertó una fuerte reacción en redes sociales y en el ambiente cultural, donde comenzó a instalarse la idea de un acto de censura y segregación ejercido desde el Estado. La situación resulta aún más contradictoria si se considera que la Bienal continúa desarrollándose con normalidad en la Universidad Católica Argentina, una institución sin identificación partidaria y con la misma calidad artística que iba a exhibirse en el Palacio Libertad.
La única diferencia es el espacio institucional que decidió dar marcha atrás. Según trascendió, la única “reparación” ofrecida hasta el momento habría sido la devolución de algunos gastos operativos, como seguros y costos de traslado. Para los artistas y organizadores, esa respuesta es insuficiente y hasta humillante, ya que no contempla el daño simbólico, ético y moral causado a quienes trabajaron durante meses con la expectativa de exponer y vender su obra en Buenos Aires. Si la cancelación se mantiene, las obras probablemente se exhiban en otro espacio.
Sin embargo, el daño ya está hecho: quedará instalada la idea de que el Estado nacional censuró una muestra que él mismo había aprobado, sin explicitar razones y afectando directamente a comunidades indígenas históricamente postergadas. Para los organizadores y para la propia Secretaría de Cultura, revertir la decisión no solo sería un acto de justicia hacia los artistas wichí, sino también una forma de evitar un costo político y cultural innecesario. Ningún gobierno sale fortalecido cuando se lo asocia con prácticas de censura, y mucho menos cuando esas acusaciones recaen sobre acciones que perjudican a pueblos originarios.


