Sin garantías del Concejo Deliberante, Cerrillos se queda sin su tradicional Corso de Flores
Por primera vez en más de 120 años, el Corso de Flores no se realizará en Cerrillos. La noticia marca un quiebre histórico para la localidad y expone una falla profunda en la gestión institucional: el Concejo Deliberante no logró garantizar la organización del Carnaval 2026 y dejó acéfalo al Ente Autárquico creado para llevar adelante la festividad.
El resultado es tan contundente como doloroso: Cerrillos queda este año sin Carnaval. El problema tiene un origen concreto. La ordenanza 661/25, aprobada de manera apresurada antes de Navidad, creó un marco legal incompleto y mal diseñado. El texto no contempla qué ocurre en caso de que el Ente Autárquico no llegue a conformarse, un vacío legislativo que terminó por paralizar toda la organización. Sin previsiones ni mecanismos alternativos, la normativa dejó a la fiesta librada a la improvisación y, finalmente, a la suspensión.
La falta de planificación no es un detalle técnico, sino una responsabilidad política directa del Concejo Deliberante. Más aún, si se tiene en cuenta que Cerrillos fue declarada Capital Provincial del Carnaval y que el Corso de Flores cuenta con reconocimiento como patrimonio cultural local. La omisión legislativa no solo desarmó la estructura organizativa, sino que ignoró el peso simbólico, social y económico que tiene esta celebración para la comunidad.
Las consecuencias trascienden lo cultural. En la edición anterior, el Corso convocó a más de 30 mil personas y generó un fuerte movimiento comercial para comerciantes, feriantes, comparsas, trabajadores temporarios y el sector turístico en general. En un contexto económico adverso, la suspensión implica una pérdida concreta de ingresos y oportunidades. Mientras en el resto de la provincia el Carnaval avanza con normalidad, Cerrillos queda al margen por una interna política que derivó en torpeza institucional.
Comparsas, vecinos y referentes del sector turístico coincidieron en señalar a los ediles como responsables de un daño evitable. No hubo anticipación, no hubo correcciones a tiempo ni voluntad de asumir la magnitud del problema. Lo que debía ser una política de resguardo y fortalecimiento de una tradición histórica terminó convirtiéndose en su principal obstáculo. La comunidad esperaba dirigentes capaces de cuidar una celebración que forma parte de su identidad desde hace generaciones, y ahora deberá enfrentar solo resignación.



