Soberanía bajo fuego: el derecho internacional sacrificado en Caracas
La invasión militar de Estados Unidos a Venezuela, ocurrida en la madrugada de este sábado, abrió una herida profunda en el derecho internacional y reactivó un debate que atraviesa a América Latina desde hace décadas y que se desnudó con intensidad durante las últimas horas.
Para el referente e integrante de la Mesa de Derechos Humanos en Salta, Fernando Pequeño Ragone, lo sucedido no puede ser presentado como una gesta humanitaria ni como una operación de rescate democrático. “La invasión estadounidense a Venezuela se presenta como un sacrificio del derecho internacional en favor de la hegemonía de una potencia”, sostiene en un análisis amplio en su página personal, y advierte que detrás del discurso de la libertad se esconde una violación flagrante de la soberanía nacional.
El análisis propone una lectura ética y política del conflicto que viene siendo sostenida por otros referentes en el mundo: no se trata de defender o cuestionar a un gobierno en particular, sino de comprender que la soberanía es “un pilar innegociable y la única muralla que protege a las naciones pequeñas frente a los imperios”.
La soberanía como primer derecho humano
Uno de los ejes centrales del texto de Pequeño Ragone, es la reivindicación de la soberanía como principio fundante de cualquier democracia real. “La idea de que una potencia extranjera tiene el derecho moral o legal de decidir quién gobierna un territorio ajeno es un retroceso de siglos en la civilización política”, afirma. En ese sentido, remarca que apoyar la soberanía venezolana no implica avalar la gestión de Nicolás Maduro, sino defender un principio universal: “los problemas de los venezolanos deben ser resueltos por los venezolanos”.
En la misma línea, cuestiona con dureza la noción de democracia impuesta por la fuerza. “Cuando un ejército extranjero cruza una frontera bajo el pretexto de ‘restaurar la democracia’, lo que realmente está haciendo es destruir la base misma de esa democracia: la capacidad de un pueblo de ser arquitecto de su propio destino”. En esa línea, la soberanía no aparece como un concepto abstracto, sino como una condición material de existencia política.
La fabricación del colapso como narrativa: un asedio moderno
Lejos de explicar la crisis venezolana como un derrumbe espontáneo, el texto señala una estrategia prolongada de desgaste económico. “El colapso venezolano no fue un fenómeno espontáneo, sino el resultado de un ‘asedio medieval moderno’ y una guerra económica asimétrica”, describe Pequeño Ragone. Las sanciones, el bloqueo financiero y el aislamiento internacional operaron —según el análisis— como herramientas para “fabricar las condiciones sociales que justificaran una intervención militar”.
Desde esta mirada, la invasión aparece como el último eslabón de una cadena de presiones. “Presentarse hoy como los ‘liberadores’ de un desastre que ellos mismos ayudaron a profundizar es una muestra de cinismo geopolítico”, sostiene el texto, y remarca que la no intervención es el único camino ético porque reconoce que “la crisis de un país no es una invitación al saqueo o al control estratégico de sus recursos naturales”.
De Bolivia a Caracas
El análisis establece un paralelismo directo con el derrocamiento de Evo Morales en 2019. “La agresión actual contra Venezuela no es un hecho aislado, sino parte de una coreografía de intervención que América Latina conoce bien”, advierte. En el caso boliviano, recuerda, el discurso de la “recuperación democrática” fue utilizado para interrumpir un proceso soberano y facilitar el acceso a recursos estratégicos.
“Aquella intervención demostró que, para el imperio, la democracia es solo una palabra que se usa cuando el resultado electoral le es favorable y se desecha cuando un pueblo elige un camino de independencia”, señala el texto. Venezuela, desde esta perspectiva, aparece como la continuidad de un modelo de intervención que busca transformar a las naciones en “protectorados dependientes”.
Derechos humanos y la perversión discursiva
Uno de los pasajes más contundentes del análisis se detiene en la utilización del lenguaje de los derechos humanos como justificación de la guerra. “Defender la soberanía y la no intervención no implica ignorar los abusos internos; implica comprender que la agresión militar extranjera es la violación de derechos humanos más masiva y destructiva posible”, afirma Pequeño Ragone.
“El ‘desguace humano’ que se atribuye al régimen de Maduro no se soluciona con el desguace físico que provoca una guerra”, advierte el texto, y agrega: “El uso de los derechos humanos como pretexto para la guerra es la máxima perversión de esos mismos derechos”. El texto también aborda la reacción de parte de la diáspora venezolana, atravesada por el dolor del destierro y una esperanza frágil. Sin embargo, el texto es tajante: “La historia nos enseña que cuando una potencia extranjera instala un gobierno, este responde a los intereses de quien puso los tanques, no de quienes sufrieron el exilio”. La reconstrucción de Venezuela, sostiene, solo puede surgir de un proceso interno, “libre de botas extranjeras sobre su suelo”.
El cierre del análisis propone una definición política que trasciende el caso venezolano. “La soberanía debe rearticularse como el primer derecho humano de un pueblo: el derecho a existir sin permiso de nadie”, y no como un slogan para justificar ocupaciones”, cierra Pequeño Ragone.
Argentina y el espejo de la “liberación”
El posicionamiento del gobierno argentino ocupa un lugar destacado en el análisis. Pequeño Ragone cuestiona con dureza el alineamiento del presidente Javier Milei, quien celebró el ataque como una victoria de la libertad. “Este alineamiento ignora una verdad histórica: las invasiones de Estados Unidos nunca han dejado democracias robustas a su paso, sino protectorados dependientes y sociedades fracturadas”, sostiene.
En el mismo sentido alerta sobre el impacto cultural y generacional del discurso belicista. “La juventud argentina, seducida por una narrativa de ‘eficacia’ y memes que glorifican la fuerza, corre el riesgo de olvidar que la soberanía de Venezuela es también la soberanía de la región”. Aceptar la invasión hoy, advierte, es aceptar que “la autonomía de cualquier país latinoamericano tiene fecha de vencimiento”.



