Salta

El turismo le torció el brazo a La Libertad Avanza

La presión del sector turístico de Salta tuvo efecto político directo en la Convención Municipal.

Luego de una semana de fuertes cuestionamientos de cámaras empresarias, agencias de viaje, hoteleros, gastronómicos y prestadores, La Libertad Avanza aceptó modificar la redacción del artículo 91 de la Carta Orgánica Municipal, que había despertado alarma por el alcance que podía tener sobre la intervención del Estado en materia turística.

La marcha atrás se produjo durante la sesión de convencionales de este viernes, después de días de tensión pública, reuniones con referentes del sector y críticas por la falta de convocatoria previa. El punto más sensible era una redacción que, según advirtieron desde la actividad turística, podía limitar el rol del municipio en políticas de promoción, financiamiento, planificación y acompañamiento a una de las actividades económicas más relevantes de la ciudad.

Para concretar el cambio, los convencionales libertarios debieron modificar el reglamento interno de la Convención, ya que el artículo se aprobó en la sesión de la semana pasada. 

El debate

La modificación original del artículo 91 había generado preocupación porque introducía una idea de intervención estatal acotada, bajo la fórmula “en casos excepcionales debidamente fundados”. Esa expresión fue una de las más cuestionadas por los actores turísticos, que advirtieron que podía abrir la puerta a interpretaciones restrictivas sobre el rol del Estado municipal.

El planteo del sector no apuntaba a que el municipio compitiera con el privado ni sustituyera a prestadores, hoteles, restaurantes o agencias. La preocupación era otra: que la Carta Orgánica dejara claramente establecido que el turismo necesita políticas públicas activas, promoción del destino, articulación público-privada y acompañamiento sostenido.

La presión obligó a La Libertad Avanza a abrir una instancia de diálogo. En ese marco, representantes del espacio libertario se reunieron con dirigentes del sector y reconocieron que había sido un error no convocarlos antes de tratar una modificación con impacto directo sobre la actividad. Ese reconocimiento se valoró, aunque no alcanzó para borrar el malestar generado por la forma en que se inició el debate.

El trasfondo de la discusión sigue siendo el mismo: el turismo salteño atraviesa un momento delicado y depende de una red económica amplia.  Lo que estuvo en juego fue la definición del turismo como política de Estado o como una actividad que debe arreglárselas sola. Y allí el sector fue claro: sin promoción pública, sin planificación y sin coordinación institucional, las pymes quedan en desventaja frente a un mercado cada vez más difícil.

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