Deforestación sí, cosecha tradicional no: otras miradas sobre el uso del chaguar
Tras la publicación de un informe de Infobae que alertó sobre la disminución del chaguar y su impacto en las artesanas wichí, el doctor en Biología Enrique Derlindati analizó el tema en diálogo con Nuevo Diario y explicó que la evidencia científica disponible señala que el aprovechamiento tradicional del pueblo wichí es compatible con la conservación de la especie.
El reciente informe de Infobae sobre la escasez del chaguar en el norte salteño volvió a poner en agenda la situación de esta planta, indispensable para la elaboración de las artesanías que constituyen el principal sustento económico de numerosas mujeres wichí.
El trabajo periodístico describe las largas distancias que hoy deben recorrer las artesanas para obtener la fibra y advierte sobre los efectos de la degradación del bosque y el cambio climático sobre su disponibilidad.
A partir de esa publicación, Nuevo Diario consultó al doctor en Biología Enrique Derlindati, quien aportó una mirada basada en investigaciones científicas realizadas sobre Bromelia hieronymi, la especie de chaguar utilizada tradicionalmente por las comunidades del Chaco Seco.
El especialista explicó que distintos estudios compararon poblaciones sometidas a cosecha con otras donde no existe aprovechamiento y los resultados no mostraron diferencias significativas en la densidad de plantas, el tamaño de las rosetas ni en la capacidad de reproducción vegetativa. “Los datos disponibles indican que la extracción tradicional que realizan las comunidades wichí no provoca un deterioro de las poblaciones naturales”, resumió Derlindati, quien señaló que incluso se observaron plantas de mayor altura y una mayor proporción de ejemplares aptos para la cosecha en los sectores donde existe aprovechamiento.
Según explicó, este comportamiento puede responder a prácticas de manejo desarrolladas durante generaciones por el pueblo wichí, como la selección de las plantas que se extraen, la rotación de los sitios de recolección y el descanso de las áreas utilizadas, estrategias que permiten la recuperación natural de los chaguares.
Derlindati remarcó que estos resultados no contradicen la preocupación expresada por las artesanas respecto de la creciente dificultad para conseguir materia prima. Por el contrario, sostuvo que el problema debe analizarse en un contexto más amplio, donde la pérdida del bosque nativo, el avance de la frontera agropecuaria y la degradación del hábitat aparecen como las principales amenazas para la especie.
En ese sentido, consideró que es importante evitar atribuir la disminución del chaguar exclusivamente a las prácticas tradicionales de las comunidades indígenas, ya que la evidencia científica disponible indica que ese manejo ancestral resulta ecológicamente sostenible bajo las condiciones actuales.
Finalmente, el biólogo destacó que el conocimiento desarrollado por el pueblo wichí durante generaciones constituye una herramienta valiosa para la conservación del recurso.
A su entender, las políticas de protección del chaguar deben integrar esos saberes tradicionales junto con acciones destinadas a preservar el bosque chaqueño, garantizando tanto la biodiversidad como la continuidad de una actividad que representa identidad cultural, patrimonio y una fuente esencial de ingresos para cientos de familias del norte salteño.



