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Salta antaño y hogaño: Bernardo Frías, historia de un historiador

Por Gregorio A. Caro Figueroa 

Solo unos pocos historiadores dejan testimonio escrito de sus vidas y obras. Escasos estudiosos del pasado redactan sus Memorias. Apenas un puñado da un paso más y las publica en libro.

Despojados de la vanidad autobiográfica, sin jactancia, cruzan una frontera que los separa de los acontecimientos y trayectorias de los personajes que investigan.

Una memoria familiar de gran valor es la del historiador salteño Bernardo Frías, en La Casa de los Frías. Tradiciones familiares. En el centro de la escena no está él mismo, sino su familia, el frondoso árbol de antepasados. Frías teje esa historia con hilos de memoria que se extienden por más de un siglo.

En la Salta de la década de 1860, a las turbulencias políticas, enfrentamientos de clanes familiares, conflictos de intereses, intrigas y celos personales, se sumaron la cesantía y el no pago de sueldos a don Benigno Frías, su padre. El cierre de su “comercio de trapos” agravó la estrechez económica. A ello se añadió la invasión de Felipe Varela, a quien Bernardo calificó de “bandido, saqueador y degollador”.

Los recursos familiares “comenzaron a declinar” y “llegaron al extremo de la escasez”. “Nuestro anciano padre se halló materialmente sin pan para la mesa”, escribió Frías. Contra viento y marea, de la familia egresaron tres doctores. Don Benigno, acosado por una deuda de 60 pesos, recurrió al canónigo de la Catedral, quien le negó apoyo. Otras puertas tampoco se abrieron.

En ese contexto, ofreció como garantía su reloj de oro. Un extranjero irlandés, don Miguel Fleming, boticario, enterado de la necesidad, “le tendió la mano sin reparo”. Entregó los 60 pesos sin aceptar el reloj ni devolución alguna. Frías dejó constancia: “Su nombre se consagra aquí para que su memoria sea venerada, dado que la gratitud, por pequeño que el favor sea, no es afecto que deba extinguirse fácilmente en nuestra casa”.

El primer tomo de su Historia del General D. Martín Güemes se imprimió en Salta en 1902. Para pagar la imprenta, Frías ofreció entregar ejemplares al gobierno provincial, que nunca abonó la deuda. Un año antes había presentado su Informe y comprobantes sobre límites de la Provincia de Salta con las de Tucumán y Jujuy al gobernador Ángel Zerda, tras rastrear documentos en un archivo provincial deteriorado y saqueado desde el siglo XIX.

En 1907 apareció en Buenos Aires el segundo tomo. El tercero se imprimió en Salta en 1911. En 1955, se publicó el cuarto, durante el gobierno de Ricardo Durand. En 1961, gobernando Bernardino Biella, se editó el quinto tomo. Finalmente, en 1971, después de 71 años de espera, la obra completa se editó con apoyo de la Fundación Michel Torino y los ingenios azucareros El Tabacal, San Isidro y Ledesma. Fue prologada por Atilio Cornejo y supervisada por Roberto García Pinto.

Frías no escribió sus memorias personales, sino las de su casa. A través de ellas reconstruyó parte de la historia social de la Salta del siglo XIX. Quizás habría coincidido con el filósofo Jean Guitton: “No escribo mis memorias porque no tenga nada que ocultar”.

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