Advierten por la falta de control del pasto cubano que incide en la problemática de los incendios
Los incendios que se repiten durante la estación seca volvieron a poner en evidencia un problema que permanece activo aun cuando las llamas se apagan: la expansión del pasto cubano (Tithonia tubaeformis), una especie exótica invasora que avanza sobre terrenos rurales, banquinas y ambientes naturales de Salta.
Para el doctor en Biología Enrique Derlindati, discutir solamente dónde o cómo comenzó cada incendio deja afuera una parte central del problema. En condiciones de sequedad conocidas y previsibles, la acumulación de esta planta puede convertirse en combustible y facilitar la propagación de fuegos iniciados por acciones humanas. “Es la tormenta perfecta”, resumió el especialista, en diálogo con Nuevo Diario, al describir la combinación entre incendios, condiciones climáticas adversas y ausencia de un manejo integral de la especie.
Una invasión difícil de contener
El pasto cubano es una maleza anual de gran capacidad reproductiva que invade tanto sistemas productivos como ambientes naturales. Su rápida dispersión y la permanencia de sus semillas en el suelo vuelven especialmente complejo su control. El propio Gobierno provincial reconoce que las semillas pueden permanecer latentes durante más de diez años y que la planta representa un riesgo por su relación con los incendios y por las pérdidas que ocasiona en los cultivos de primavera y verano. Investigaciones de la UNSa y el CONICET comprobaron, además, que sus semillas pueden germinar tanto en la superficie como bajo tierra. Esta capacidad de expansión, explicó Derlindati, hace que el problema exceda las posibilidades de propietarios individuales y adquiera una dimensión regional.
Una normativa pensada hace décadas
La “Tithonia tubaeformis” fue declarada plaga de la agricultura mediante la Disposición Nacional 283/83. A su vez, el Decreto-Ley 6.704/63 establece que propietarios, arrendatarios u ocupantes deben realizar el control dentro de sus terrenos, mientras que, en tierras fiscales, caminos y vías públicas la responsabilidad corresponde a las autoridades competentes. Derlindati señaló que ese marco normativo fue elaborado cuando todavía no existía una comprensión integral del impacto ecológico de las especies invasoras. Por eso consideró insuficiente trasladar la responsabilidad únicamente a particulares o municipios frente a una planta cuya propagación atraviesa límites administrativos y territoriales. “No se trata de liberar de responsabilidad a los propietarios, sino de comprender que la magnitud de la invasión exige una intervención pública mucho más amplia”, planteó.
Capacitación sin un abordaje integral
En junio de 2025, el Gobierno de Salta informó que desarrollaba capacitaciones para productores y personal encargado del mantenimiento de rutas, además de campañas de difusión. También anunció que trabajaría en una declaración de emergencia fitosanitaria y mantuvo reuniones con Vialidad, Belgrano Cargas, SENASA e INTA. Derlindati valoró la importancia de informar y capacitar, pero cuestionó que el enfoque permanezca concentrado en las pérdidas agrícolas y el mantenimiento vial. Según advirtió, el avance del pasto cubano también afecta la composición de los ambientes, desplaza vegetación nativa y pone en riesgo la biodiversidad y los servicios que brindan los ecosistemas.
Para Derlindati, el problema no radica en la falta de áreas estatales con competencia ambiental, sino en su escasa articulación.
El Ministerio de Producción y Minería cuenta con programas vinculados con Biodiversidad, Bosques y Educación Ambiental, pero —según cuestionó— esas estructuras todavía no fueron integradas en una estrategia interdisciplinaria que contemple al pasto cubano como una amenaza para el funcionamiento de los ecosistemas y no solamente como una maleza que perjudica la producción agropecuaria.
Por eso reclamó que la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable encabece un plan que articule las áreas de Biodiversidad, Bosques y Áreas Protegidas con Producción, Defensa Civil, municipios y organizaciones territoriales.
Prevenir también reduce costos
El especialista remarcó que la falta de prevención no sólo genera daños ambientales, sino también importantes costos económicos para el Estado, los productores y las familias afectadas por los incendios. Frente a ese escenario, propuso desarrollar políticas sostenidas de prevención, control, mitigación, restauración y seguimiento. “No alcanza con realizar charlas cuando el problema ya está instalado”, advirtió. Para Derlindati, el desafío consiste en dejar de considerar al pasto cubano como una maleza aislada de cada terreno y asumirlo como lo que ya es: un problema ambiental, productivo y social que requiere una respuesta provincial coordinada y permanente.



