Autorizan la caza de iguanas coloradas con un cupo de 30 mil cueros
La actividad estará permitida hasta el 31 de marzo de 2027 en cuatro departamentos y el municipio de El Galpón. La Provincia estableció controles sobre la captura y comercialización de los cueros, que deberán medir al menos 30 centímetros de ancho.
La medida busca regular una práctica tradicional que representa una fuente de ingresos para comunidades originarias y criollas del Chaco salteño.
El Gobierno de Salta habilitó una nueva temporada de aprovechamiento comercial de la iguana colorada, con un cupo máximo de 30.000 cueros y un pago de $10.000 por cada pieza que cumpla con los requisitos establecidos.
La autorización regirá hasta el 31 de marzo de 2027 y alcanza a los departamentos de Anta, San Martín, Rivadavia y Orán, además del municipio de El Galpón, en Metán.
La medida quedó oficializada mediante la Resolución Nº 899/2026 de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, publicada el 4 de noviembre en el Boletín Oficial.
La normativa establece condiciones para la captura, el acopio y la comercialización legal de los cueros, además de mecanismos de control destinados a evaluar el estado de las poblaciones silvestres.
Uno de los principales requisitos es que los cueros tengan un ancho mínimo de 30 centímetros, medido transversalmente.
Aquellos que no alcancen esa dimensión serán decomisados. El límite total autorizado representa una reducción de 10.000 unidades respecto de la temporada anterior, cuando se había fijado un cupo de 40.000 cueros.
La resolución también establece obligaciones para comerciantes y acopiadores, quienes deberán estar inscriptos en los registros correspondientes y contar con documentación que acredite la procedencia de los productos.
Además, deberán registrar la identidad de los cazadores, las cantidades adquiridas, los lugares de origen y los pagos realizados.
Una actividad tradicional para las comunidades del Chaco salteño
El aprovechamiento de la iguana colorada constituye una práctica arraigada entre las comunidades originarias y criollas de la región chaqueña, especialmente durante los meses de verano, cuando estos animales presentan mayor actividad.
Para numerosas familias rurales, la comercialización de los cueros representa una alternativa económica complementaria.
Por esta razón, la Provincia busca incorporar esta actividad a un circuito legal que permita generar ingresos y, al mismo tiempo, establecer condiciones para la conservación de la especie.
La política de manejo tiene antecedentes en una Carta Acuerdo suscripta en el año 2000 entre las autoridades provinciales responsables de la fauna silvestre y la Dirección de Fauna y Flora Silvestre de la Nación.
Desde entonces, se desarrollan tareas de seguimiento de las poblaciones, mediante la medición de los cueros comercializados y el registro del sexo de los ejemplares.
Estos datos permiten analizar posibles modificaciones en la estructura demográfica de la especie y establecer criterios para futuras temporadas.
El Proyecto Tupinambis y la conservación de la especie
La regulación se inscribe en el Proyecto Tupinambis, un programa de alcance nacional destinado al manejo sustentable de los lagartos overo y colorado, que se desarrolla en distintas provincias argentinas, entre ellas Salta, Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Santa Fe y Jujuy.
El proyecto contempla cupos máximos de comercialización, tamaños mínimos de captura, temporadas reguladas y mecanismos de seguimiento de las poblaciones silvestres. También promueve criterios comunes entre las jurisdicciones para ordenar el aprovechamiento del recurso.
Entre sus objetivos se encuentra compatibilizar la preservación de las especies y sus hábitats con el sostenimiento de actividades económicas tradicionales. El programa prevé, además, la recopilación de información biológica que permita detectar cambios en las poblaciones y ajustar las autorizaciones cuando resulte necesario.
En este marco, la Secretaría de Ambiente destacó que los registros obtenidos durante cada temporada constituyen una herramienta para definir las condiciones del aprovechamiento futuro.
El desafío será garantizar que los controles se cumplan efectivamente, tanto en los lugares de captura como en los circuitos de acopio y comercialización, para que la actividad genere ingresos para las comunidades involucradas sin comprometer la conservación de la fauna silvestre.


