Se obsesionó con la amiga de su novia y la mató: el femicidio que conmocionó a San Luis
Brenda Arias tenía 19 años. Casi una década después, Juan José Murúa fue condenado a 38 años de prisión por el crimen, pero en 2025 recibió otra perpetua por el doble asesinato de una joven y su hija de dos años.
En Villa del Carmen, un pequeño pueblo de San Luis donde casi todos se conocían, la desaparición de Brenda Arias rompió para siempre la tranquilidad y destrozó a una familia. La joven, que entonces tenía 19 años, salió de su casa la noche del 11 de julio de 2009 para encontrarse con amigos. Antes de irse, le dio un beso a su mamá y le dijo que volvería en unas horas. Fue la última vez que la vieron con vida.
Lo que siguió fue una búsqueda desesperada, una investigación atravesada por errores y sospechas de encubrimiento y una larga batalla judicial que se extendió durante casi una década. Y en el medio, un hallazgo estremecedor: el cuerpo de Brenda apareció completamente quemado, a tres kilómetros de su casa.
Con el avance de la causa, se pudo determinar que la joven fue asesinada el mismo día que desapareció y que incineraron su cuerpo después para intentar borrar las pruebas.
En noviembre de 2018, la Justicia condenó a Juan José Murúa a una pena unificada de 38 años y dos meses de prisión. El tiempo transcurrido le había dado la posibilidad de volver a matar.
Para la familia de Brenda, en cambio, la sentencia tuvo una ausencia imposible de reparar. Elba Norma Garayalde, la madre de la víctima, murió apenas cuatro días antes de que empezara el juicio.
La desaparición de Brenda y un mensaje que despertó sospechas
La noche del 11 de julio de 2009, Brenda salió de su casa en Villa del Carmen, en el departamento de Chacabuco, cerca de las 21.30. Tenía previsto encontrarse con su amiga Carolina y el novio de la joven, Juan José Murúa, pero el lugar donde iban a reunirse estaba cerrado por restricciones vinculadas con el aumento de casos de gripe A.
La última vez que la vieron fue en una esquina cuando, aparentemente, emprendía el regreso a su casa. Pero nunca volvió. Al principio, sus padres pensaron que podía haberse quedado en otro lugar o que había cambiado sus planes.
Pero a la madrugada, un mensaje enviado desde su teléfono a su mamá, Elba, aseguraba que estaba en Tilisarao y que volvería por la tarde. Sin embargo, algo en aquella comunicación no convenció a la familia.
Cuando horas más tarde el micro llegó y Brenda no estaba entre sus pasajeros, la preocupación se transformó en desesperación.
En los días siguientes aparecieron otros mensajes desde el teléfono de la joven, pero los padres seguían sin poder hablar con ella.
La familia reclamaba respuestas mientras la investigación avanzaba lentamente y la Policía, en un primer momento, no activaba una búsqueda urgente.
El hallazgo del cuerpo
El 27 de julio, a 16 días de la desaparición, un vecino encontró restos humanos en una zona ubicada a unos tres kilómetros de la casa de la joven desaparecida.
El caso de Brenda, en las tapas de los diarios de la época. (Foto: gentileza El Diario de la República).
El cuerpo estaba desnudo y completamente quemado, pero rodeado de objetos personales: un reloj con manchas de sangre, anillos, pulseras, un juego de llaves y la tira de un corpiño. Todo pertenecía a Brenda.
Así llegó la confirmación. La joven no se había ido por su propia voluntad. Tampoco se había suicidado, como se especuló en algún momento. Los peritajes revelaron que había sido asesinada el mismo día de su desaparición y que se usó un proyectil calibre .22, además de combustible para quemar el cuerpo y destruir las pruebas.
El hallazgo abrió una nueva etapa en la causa, aunque la investigación volvió a quedar atrapada en demoras y contradicciones. Durante meses no hubo avances contundentes y la familia empezó a sospechar que algunas pistas no estaban siendo profundizadas como correspondía.
Un cambio en la investigación y el nombre de Juan José Murúa
La causa comenzó a tomar otro rumbo recién 11 meses después del hallazgo del cuerpo, cuando la jueza Patricia Besso asumió la investigación y ordenó revisar testimonios, comunicaciones telefónicas y movimientos de las personas que habían estado cerca de Brenda durante sus últimas horas.
La causa comenzó a tomar otro rumbo recién 11 meses después del hallazgo del cuerpo, cuando la jueza Patricia Besso asumió la investigación y ordenó revisar testimonios, comunicaciones telefónicas y movimientos de las personas que habían estado cerca de Brenda durante sus últimas horas.
Las nuevas medidas pusieron el foco sobre Juan José Murúa, pareja de una amiga de la víctima, con quienes Brenda se iba a encontrar la noche que desapareció.
Distintos testigos lo describieron como un hombre violento y obsesivo, con antecedentes vinculados a situaciones de violencia de género y acoso.
También mencionaron su interés por Brenda y ciertas conductas que llamaron la atención de los investigadores.
Pero el dato clave que lo puso en el centro de las sospechas fue el tiempo que Murúa permaneció fuera de su casa la noche del crimen. Según la reconstrucción, se ausentó durante aproximadamente seis horas con la excusa de que iba a buscar una carabina para salir a cazar.
Esa ventana horaria se convirtió en una pieza importante de la hipótesis judicial, ya que le otorgaba tiempo suficiente para cometer el asesinato.
Por otra parte, Rodolfo Picapiedra, uno de los testigos en la causa, declaró que esa noche escuchó una discusión, dos disparos y finalmente el ruido de una moto que se alejaba.
Además, los mensajes enviados desde el teléfono de Brenda después de su desaparición coincidían con los movimientos de Murúa.
Una confesión inesperada, juicio y condena
La causa llegó finalmente a juicio en 2018. Para entonces, Murúa ya estaba detenido y cumplía una condena en Córdoba por un intento de abuso contra una sobrina. Fue durante ese proceso justamente cuando surgió la pieza que faltaba para terminar de reconstruir el caso de Brenda.
Mabel Bonada, sobrina del acusado, declaró que su tío le había confesado haber matado a una joven en San Luis y haber quemado su cuerpo para ocultar lo ocurrido.
El tribunal consideró la cadena de indicios: la ventana de seis horas, los antecedentes de violencia, los testimonios sobre el interés de Murúa por Brenda, los mensajes enviados tras la desaparición y la confesión ante su sobrina.
Por todo esto, el 15 de noviembre de 2018 los jueces lo declararon culpable del crimen de Brenda y unificaron las penas en 38 años y dos meses de prisión, a cumplir en el Complejo Penitenciario Provincial Pampa de las Salinas.
La última “injusticia” para la familia
Elba Norma Garayalde, o “La Negrita” como la llamaban todos los que la conocían, fue quien se puso al hombro la búsqueda de justicia por su hija durante casi una década.
Marchó, reclamó, presionó a las autoridades y mantuvo vivo el caso cuando parecía que había quedado encerrado en un callejón sin salida. Pero el tiempo y el desgaste tuvieron un desenlace doloroso.
Elba murió cuatro días antes de que se iniciara el juicio contra Murúa. No pudo sentarse en la sala para escuchar los testimonios ni conocer personalmente el fallo que finalmente condenó al responsable del asesinato de Brenda.
La sentencia llegó, pero ella ya no estaba.
Otra perpetua, por el doble crimen de Marisol Rearte y su hija
Entre el asesinato de Brenda en San Luis, y el juicio que lo condenó casi 10 años después, Murúa se mudó a Córdoba y siguió acumulando causas.
No solo fue investigado por violencia de género tras una denuncia de su esposa. También enfrentó un juicio por un intento de abuso sexual contra una de sus sobrinas y se convirtió en sospechoso de un nuevo femicidio: el de Marisol Reartes, de 18 años, que la mañana del 2 de febrero de 2014 desapareció con su hija Luz, de apenas dos, en Villa de las Rosas.
Durante cuatro años, aquella investigación no logró avances significativos hasta que, el 1 de noviembre de 2018, se encontró el cráneo de Marisol.
El hallazgo le permitió a la fiscalía avanzar con la hipótesis del doble homicidio. No obstante, a pesar de los esfuerzos, los restos de la nena nunca aparecieron.
En abril de 2025, finalmente, Murúa sumó una nueva condena a prisión perpetua. En esa ocasión, por lo asesinatos de Marisol Reartes y su pequeña hija.
Fuente: TN


