Del saber local a la obra: una década construyendo el acceso al agua en el Chaco Salteño
La Mesa del Agua para el Chaco Salteño cumple diez años de trabajo en un territorio donde el acceso al agua segura continúa siendo una deuda estructural. Comunidades indígenas y familias criollas que viven en áreas rurales dispersas todavía dependen de las lluvias y de fuentes alternativas porque no están conectadas a sistemas centralizados.
En una entrevista con Nuevo Diario, su coordinadora, Florencia Luñis Zavaleta, explicó los alcances, la metodología y también los límites de este espacio multisectorial, integrado actualmente por más de 30 organismos públicos, organizaciones sociales, instituciones académicas, comunidades indígenas y asociaciones criollas. Luñis aclaró desde el comienzo, que la Mesa suele ser confundida con otros espacios creados exclusivamente para canalizar intervenciones estatales. En este caso, se trata de una estructura en la que las comunidades participan y toman decisiones junto con los organismos técnicos y gubernamentales. “Nuestra Mesa es un espacio multisectorial conformado por más de 30 organizaciones del Estado, la sociedad civil, ONG de acompañamiento territorial, comunidades indígenas, organizaciones indígenas y organizaciones de familias criollas”, señaló.
Diez años de articulación
La Mesa nació por iniciativa de la Plataforma del Semiárido, Fundapaz, la International Land Coalition, Church World Service —Servicio Mundial de Iglesias— y el entonces Ministerio de Asuntos Indígenas de Salta. Su objetivo fue coordinar las intervenciones que diferentes actores desarrollaban en el territorio para mejorar el acceso y la gestión del agua segura. “Surge con el objetivo de articular el trabajo y las intervenciones que llevan adelante diferentes actores, instituciones y organizaciones para las comunidades indígenas y familias criollas que se encuentran en áreas rurales dispersas y no tienen acceso a sistemas centralizados de agua segura”, explicó Luñis. Desde los cinco socios fundadores, el espacio creció hasta reunir a más de 30 instituciones. “La participación de las comunidades es absoluta porque son parte de la Mesa. Tienen la misma capacidad de participación y toma de decisiones que las demás instituciones”, subrayó.
Más de 300 cosechas de agua
Entre los principales resultados de la Mesa se encuentran los más de 300 sistemas de cosecha de agua de lluvia construidos mediante el trabajo de sus diferentes integrantes. Las obras permiten captar el agua durante la temporada estival y almacenarla en cisternas para utilizarla durante los meses de sequía, cuando disminuye la disponibilidad de otras fuentes. Sin embargo, Luñis destacó que el elemento central no es solamente la infraestructura, sino la manera en que se construye. “A medida que avanza el sistema, las familias aprenden cómo se hace, cómo funciona, qué mantenimiento necesita y de qué manera puede repararse. Para la referenta de la Mesa del Agua, esa metodología resulta indispensable para que la infraestructura no quede como un elemento externo, completamente dependiente de técnicos o instituciones alejadas del territorio. “Se va viendo cómo la familia o la comunidad se apropia de esa tecnología y el uso que le va dando. También se dejan instalados saberes para que, si aparece algún contratiempo, pueda ser solucionado”, agregó.
Los cisterneros del Chaco salteño
Los constructores de los sistemas son pobladores de las comunidades indígenas y de los parajes criollos que fueron capacitados especialmente para realizar estas obras. Dentro de la Mesa son conocidos como “cisterneros”. “Son ellos los que trabajan construyendo los sistemas y capacitando a los beneficiarios para que sepan cómo se construyen, cómo funcionan y cómo pueden repararse”, detalló Luñis. Durante 2025, mediante un convenio con la Universidad Provincial de Administración, Tecnología y Oficios —UPATECO—, 18 constructores indígenas y criollos recibieron una certificación universitaria por sus conocimientos y experiencia. La formación abarcó tecnologías sociales aplicadas al agua, mantenimiento de sistemas, seguridad e higiene, presupuesto, logística, cambio climático, monitoreo y consulta previa, libre e informada. “Son constructores formados que, a la vez, van dejando capacidades instaladas en las comunidades”, resumió la coordinadora.
El primer protocolo de consulta para obras de agua
La participación comunitaria no se limita a la construcción de cisternas. La Mesa elaboró un Protocolo de Consulta Previa, Libre e Informada para garantizar que las comunidades intervengan en las decisiones sobre las obras de agua. “El protocolo genera las herramientas metodológicas que garantizan que las intervenciones tengan el debido proceso de consulta y que sean las comunidades las que tomen las decisiones sobre cómo se interviene”, explicó.
La herramienta fue aprobada oficialmente en 2022 mediante una resolución conjunta de los ministerios provinciales de Desarrollo Social e Infraestructura. Su aplicación alcanza a las obras desarrolladas dentro del ámbito de la Mesa y establece que las comunidades deben recibir información completa y participar desde la formulación hasta la ejecución de los proyectos. El protocolo recoge los principios del Convenio 169 de la OIT, que reconoce el derecho de los pueblos indígenas a ser consultados ante medidas o intervenciones que puedan afectar sus territorios, intereses y formas de vida. Para Luñis, esta herramienta refleja la naturaleza del espacio: “La Mesa no es un lugar de demanda, sino de participación y construcción colectiva”.
Controles de calidad en el territorio
Otra de las líneas de trabajo es el análisis de la calidad del agua que consumen las familias. A través de la Organización Panamericana de la Salud —OPS— se donaron estaciones de control y se instalaron laboratorios descentralizados en el territorio. Los equipos son operados por agentes territoriales, integrantes de comunidades indígenas y representantes de familias criollas capacitados por la OPS, el Conicet, INENCO y otras instituciones especializadas. Los análisis se realizan sobre las fuentes que las propias familias identifican como lugares habituales de abastecimiento.
Un mapa actualizado de fuentes y obras
En el acto por los diez años de la Mesa, previsto para el 25 de agosto, el INTA presentará una base de datos georreferenciada sobre las fuentes y obras de agua existentes en el Chaco salteño. La herramienta funcionará como un mapa interactivo que será actualizado cada vez que se realice un nuevo relevamiento territorial. “Es una base de datos y un mapeo interactivo que se actualiza permanentemente, cada vez que se releva una obra”, adelantó Luñis. Durante la presentación se explicará cómo funcionará la herramienta y cuál será la modalidad de acceso a los datos. La plataforma permitirá reunir información que actualmente se encuentra distribuida entre diferentes organizaciones, identificar los lugares con mayores necesidades y mejorar la planificación de nuevas intervenciones.
Entre los actores mencionados por Luñis se encuentran la Organización Panamericana de la Salud, INENCO, Naciones Unidas Argentina, ONU Mujeres, UNICEF, Cruz Roja, Fundapaz y las fundaciones Plurales, El Alto, Amira, ProYungas, Pata Pila y Solidaridad, entre otras. También participan las organizaciones indígenas y criollas, junto con las mesas locales de Rivadavia Banda Norte, Rivadavia Banda Sur y Santa Victoria Este. Pese a los sistemas construidos y las capacidades instaladas, todavía existen comunidades que denuncian no tener acceso permanente a agua potable. Ante esa realidad, Luñis marcó los límites de la Mesa y diferenció su trabajo de las obligaciones estatales. “En realidad, no es la Mesa la que puede dar una respuesta contundente porque son situaciones que requieren obras mayores e intervenciones de una escala superior a la que trabaja la Mesa del Agua”, reconoció.
“Podemos aportar a dar una solución, pero la Mesa no es el espacio desde donde va a salir la respuesta para todas las comunidades indígenas y todas las familias criollas del Chaco salteño”, afirmó. La aclaración resulta central: las cisternas ofrecen una respuesta concreta ante la sequía, pero no sustituyen las grandes obras ni eliminan la responsabilidad estatal de garantizar el derecho humano al agua. Los saberes locales en la toma de decisiones al cerrar el diálogo con Nuevo Diario, Luñis sostuvo que el principal valor de la Mesa es haber creado un ámbito donde las decisiones no se toman únicamente desde el Estado o los organismos técnicos. “El espíritu de la Mesa del Agua para el Chaco Salteño es reunir en un mismo espacio al Estado, las organizaciones de acompañamiento, las comunidades y las familias criollas”, expresó.
Para la coordinadora, el trabajo debe combinar conocimientos que durante mucho tiempo fueron considerados de manera separada. “Buscamos tener en una misma mesa los saberes locales, los saberes técnicos y la toma de decisiones, trabajando de manera articulada”, concluyó.



