Florencia Salvarezza cuestionó los métodos de alfabetización y destacó el caso de Chaco: “Lo que falla son los cimientos”
La especialista en lingüística y alfabetización analizó los resultados de las pruebas Aprender 2025 y sostuvo que las mejoras en Lengua de sexto grado no pueden atribuirse directamente al Plan Nacional de Alfabetización. Planteó diferencias entre los métodos constructivistas y los basados en evidencia científica, y destacó una experiencia implementada en Chaco que, según los datos que presentó, duplicó la comprensión lectora en primer grado en un año.
La especialista en lingüística y alfabetización Florencia Salvarezza puso en discusión la relación entre los resultados de las pruebas Aprender 2025 y el Plan Nacional de Alfabetización impulsado por el Gobierno. Según explicó, los alumnos de sexto grado evaluados el año pasado no fueron alcanzados directamente por esa política, ya que cursaron primer grado durante la pandemia de Covid-19 y el programa comenzó a implementarse en las escuelas durante 2025.
Salvarezza, directora del Instituto de Neurociencia y Educación (INECO) y profesora e investigadora de la Universidad de la Ciudad de Buenos Aires, señaló que el Plan de Alfabetización está destinado principalmente al primer ciclo de la primaria, es decir, primero, segundo y tercer grado. Por ese motivo, consideró que no existe una relación causal directa entre esa política y la mejora registrada en los estudiantes de sexto grado.
“Los de sexto grado evaluados por Aprender 2025 son los alumnos que hicieron primer grado en Covid. Es un grupo especialmente complejo en sus desarrollos. En ellos, no impactó el Plan de Alfabetización”, sostuvo.
Para la especialista, la mejora observada en Lengua puede estar relacionada con otros factores, entre ellos el cambio de prioridades dentro de las políticas educativas, las capacitaciones docentes y las iniciativas desarrolladas por algunas provincias. En ese sentido, remarcó que la alfabetización pasó a ocupar un lugar central en la agenda educativa nacional.
“Más allá del Plan de Alfabetización nacional, la alfabetización se convirtió en un tema central de la política educativa”, afirmó Salvarezza, quien consideró que ese cambio de enfoque puede haber tenido efectos indirectos sobre docentes y escuelas de otros grados.
Una discusión sobre cómo enseñar a leer
Uno de los principales planteos de Salvarezza se centra en los métodos utilizados para enseñar a leer y escribir. La especialista cuestionó la continuidad de enfoques constructivistas en distintas jurisdicciones y sostuvo que existe evidencia científica que respalda metodologías más estructuradas.
Según explicó, los métodos basados en la denominada “ciencia de la lectura” parten de una enseñanza explícita y sistemática de la relación entre grafemas y fonemas. Esto implica que los alumnos aprendan progresivamente las letras y sus sonidos, practiquen la lectura y luego avancen hacia estructuras lingüísticas más complejas.
“Los métodos estructurados enseñan las letras en una secuencia: primero, leer; después, escribir”, explicó.
Salvarezza sostuvo que el rol del docente es central en este proceso y que la enseñanza de los fundamentos de la lectura no debería quedar librada exclusivamente al descubrimiento individual del alumno. “Lo que falla en el sistema educativo argentino son los cimientos de la alfabetización”, señaló.
La especialista diferenció este enfoque de los métodos constructivistas, que, según su descripción, ponen mayor énfasis en la exposición del niño a textos, la oralidad y la construcción de hipótesis sobre el funcionamiento de la escritura. A su criterio, el debate sobre ambos modelos excede actualmente el terreno científico y también está atravesado por posiciones ideológicas y políticas.
La falta de objetivos medibles
Otro de los cuestionamientos planteados por Salvarezza está dirigido a los planes de alfabetización elaborados por las provincias. Según indicó, el acuerdo nacional dejó un amplio margen para que cada jurisdicción definiera su propia estrategia.
“Los lineamientos de Nación fueron: formación docente, evaluación, foco en primer ciclo. Había cuestiones muy generales, y después, con ese marco, cada provincia hizo su propio libreto”, explicó.
La especialista sostuvo que la mayoría de las jurisdicciones optó por mantener líneas de trabajo que ya venían desarrollándose y cuestionó que los programas provinciales no establezcan objetivos concretos que permitan evaluar sus resultados.
“La mayoría de los planes presentados son continuidad de lo que se venía haciendo”, afirmó. Y agregó que, a su entender, “el ciento por ciento de los planes no tienen objetivos medibles”.
En ese sentido, planteó que expresiones generales como que los alumnos “leerán” o “comprenderán” no permiten establecer con precisión si una política educativa alcanzó los resultados previstos.
Para Salvarezza, la evaluación debería comenzar durante el primer grado y no esperar hasta tercero para detectar dificultades. “Cuando recién se evalúa la alfabetización en tercer grado, como dice un colega del Banco Mundial, es autopsia, no es evaluación”, sostuvo.
Chaco como experiencia de cambio
Entre las experiencias que destacó se encuentra la desarrollada en Chaco a partir de 2025. La provincia, que había presentado inicialmente un plan de orientación constructivista, decidió modificar su estrategia luego de una capacitación realizada en 2024 con especialistas de INECO.
A partir de ese cambio, se implementó un método estructurado para el primer ciclo y se capacitó a docentes de primero, segundo y tercer grado. Según Salvarezza, alrededor de 7.000 docentes participaron del proceso de formación, que incluyó capacitaciones virtuales, seguimiento y asistencia durante el año.
Para medir los resultados, se comparó a los alumnos que habían terminado primer grado en 2024 con los que finalizaron ese mismo grado en 2025 bajo la nueva metodología.
Los datos presentados por la especialista muestran una diferencia significativa en comprensión lectora: el grupo que terminó primer grado en 2024 alcanzó un 26% de comprensión lectora, mientras que el grupo evaluado después de la implementación del nuevo método llegó al 61%.
También señaló una mejora en la cantidad de palabras leídas por minuto. Según sus datos, los alumnos pasaron de un promedio de 16 palabras por minuto en primer grado a 34, mientras que en segundo grado llegaron a 63 palabras por minuto.
Uno de los aspectos que Salvarezza consideró más relevantes fue que, según la evaluación realizada, las diferencias socioeconómicas no generaron una brecha significativa entre los alumnos alcanzados por el programa.
“Los niños de hogares más desfavorecidos no necesitan métodos distintos, necesitan más de lo mismo, más de lo que funciona”, sostuvo.
Provincia de Buenos Aires y CABA, en el centro de las diferencias
La especialista también hizo referencia a las políticas de alfabetización de distintas jurisdicciones. En el caso de la provincia de Buenos Aires, cuestionó la continuidad de un enfoque basado en la oralidad y el constructivismo.
Como antecedente, mencionó una evaluación realizada en 2019 en escuelas vulnerables bonaerenses. Según indicó, de 259 alumnos de primer grado evaluados en mayo, 175 no conocían ninguna letra.
Para Salvarezza, los sectores sociales más vulnerables requieren una enseñanza más estructurada y no una metodología diferenciada. Consideró que la escuela debe compensar las diferencias de origen y garantizar que todos los alumnos accedan a las mismas herramientas para aprender a leer y escribir.
En cuanto a la Ciudad de Buenos Aires, explicó que inicialmente se había presentado un plan basado en un “método balanceado”, que combinaba constructivismo y conciencia fonológica. Sin embargo, señaló que posteriormente la jurisdicción modificó su estrategia a partir de investigaciones realizadas con instituciones académicas y científicas.
También destacó experiencias en Mendoza, San Luis, Corrientes y Chubut vinculadas con el trabajo de la especialista Ana Borzone, aunque remarcó que la continuidad de estas políticas depende de las distintas administraciones.
Alfabetización y desigualdad
Uno de los ejes centrales de su planteo es la relación entre alfabetización y desigualdad social. Salvarezza sostuvo que un sistema educativo que funciona correctamente puede reducir el peso del origen sociocultural de los alumnos sobre sus aprendizajes.
En su interpretación, los chicos que llegan a la escuela con menos libros, vocabulario o conocimientos previos no necesitan una enseñanza menos exigente, sino una intervención docente más sistemática y acompañada.
“Cuanto más dificultad tiene el niño por la causa que sea, más estructurado el sistema de alfabetización porque tiene menos recursos propios”, explicó.
Al mismo tiempo, aclaró que la enseñanza explícita de las letras y los sonidos no debería reemplazar la lectura de textos, la conversación y la construcción de conocimientos generales. Por el contrario, sostuvo que ambos componentes deben desarrollarse en forma simultánea.
Para Salvarezza, el desafío de la educación argentina pasa entonces por fortalecer los primeros aprendizajes y contar con evaluaciones que permitan conocer tempranamente si las estrategias utilizadas están funcionando.
“La diferencia de los métodos de alfabetización es la relevancia que se le da a la enseñanza explícita de los cimientos”, resumió.
La especialista consideró que la experiencia de Chaco muestra que los resultados pueden modificarse en períodos relativamente breves si existen una decisión política, capacitación docente, materiales adecuados y mecanismos de evaluación. “Cambiar los resultados no lleva tanto tiempo. Es mucho más simple de lo que parece y mucho menos costoso”, concluyó.



