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Propios, creen que la crisis Adorni paraliza la gestión y acción de gobierno

“Tenemos buenas noticias para dar, pero no podemos ir a un medio porque queremos hablar de la llegada de inversiones y tenemos que responder por la cascada de Adorni”, un funcionario deslizó un malestar que ya hace eco en todo el Gobierno, excepto –nada más y nada menos– que entre los hermanos Milei. La sensación de gestión paralizada, que arrastra también a los proyectos del oficialismo en el Congreso, empezó a incomodar a funcionarios de todo nivel.

La cabeza de Manuel Adorni, pese a su cabellera rala, se parece en lo simbólico a la de Medusa, esa suerte de monstruo de la mitología griega. Aquí, las serpientes que se desprenden como mechas literarias son la crisis política, la parálisis de la gestión, el recrudecimiento de la interna y los desmarques de dirigentes que empiezan a descreer del proyecto. Todo parece tener una misma raíz. El final de Medusa es conocido.

Milei reunió al Gabinete y Cada una de esas serpientes derivó en un nivel de hartazgo que se hizo audible intra y extra muros, en on y en off. La potencial salida de Adorni del Gobierno es deseada por los propios, excepto por el detalle de que nadie quiere su lugar. En especial, huyen quienes tienen aspiraciones en 2027. Una silla eléctrica abastecida por carpetazos internos, apta solo para soldados del estilo Sargento Cabral, otro héroe mitológico, pero criollo. De las causas perdidas.

La frase inicial puede cruzarse con otra, de un conocedor de la dinámica de La Libertad Avanza (LLA). “Se activó un grupo de Whatsapp que teníamos en 2023, el de Patricia Presidenta”. Entre las encuestas y el malestar interno, la senadora Bullrich activó una agenda paralela y no dudó en pedirle explicaciones al jefe de Gabinete, sorprendiendo al Gobierno. Cuentan los suyos que alguna vez pidió, en tiempos de Macri, la renuncia de un funcionario de tercer orden que no podía explicar una faltante de $4.000 en la caja chica.

Es que, a diferencia de gran parte de la plana libertaria, Bullrich sabe que no le debe nada a Milei. “Yo siempre juego fuerte”, repite entre los propios. Sin embargo, también desbarata la tesis de disputarle al líder libertario una eventual candidatura presidencial. “Si a Milei le va mal, a Bullrich le irá mal”, sostienen en su entorno, donde barajan la hipótesis de que, si se profundiza la imagen negativa del Presidente y la desaprobación de gestión, la ola arrastrará a todos. Desde ya que fueron leídas en todo el sistema político algunas encuestas que muestran hoy a la senadora por encima de Milei en intención de voto.

“Patricia no quiere ser la María Eugenia Vidal de Milei, que sonaba como Plan B en 2019 si Macri no llegaba”, discuten cerca de la exministra. Y aclaran que no es por una vocación de inmolarse por los violetas, sino “porque eso no funciona”. También le quitan peso simbólico al abrazo con Mauricio Macri, que generó suspicacias sobre un eventual retorno al PRO. Sí a un entendimiento y a un marco de acuerdos, pero jamás una alianza política entre dos dirigentes que se tomaron esa batalla como algo personal.

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