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“Nunca salimos del golpe de YPF”: Mosconi y la crisis que se profundiza

En medio del creciente reclamo de los intendentes salteños por la caída de recursos y la falta de respuestas nacionales, la situación de General Mosconi aparece como un caso extremo, pero también como una síntesis brutal de lo que ocurre en buena parte del interior profundo.

En diálogo con el periodista Héctor Alí en FM Pacífico, la intendenta Ana Guerrero Palma no apeló a eufemismos. Su diagnóstico fue directo: el municipio atraviesa una crisis económica que no solo se explica por la coyuntura actual, sino por una historia de deterioro estructural que nunca logró revertirse. “Somos un caso especial a nivel país”, planteó, al reconstruir el impacto que tuvo la privatización de YPF en los años noventa, un punto de quiebre que todavía define el presente de la localidad.

Una economía que nunca se recuperó

Mosconi creció al ritmo del petróleo y se desplomó con su retirada. Guerrero Palma lo explicó con claridad: tras la privatización, el municipio llegó a tener más de un 80% de desempleo, lo que derivó en una crisis social que dio origen a los históricos movimientos de desocupados y planes sociales. Desde entonces, la economía local se sostuvo con esquemas de asistencia, cooperativas y obra pública impulsada desde Nación. Pero ese modelo, que ya era frágil, hoy también está en retroceso. “La economía nunca se recuperó”, insistió la intendenta, al marcar una línea de continuidad entre aquel proceso y la crisis actual. Lo que cambia ahora es el contexto: los recursos que antes permitían amortiguar el impacto —regalías, programas nacionales, fondos específicos— se están reduciendo o directamente desapareciendo.

Coparticipación en caída y regalías en retirada

Uno de los datos más contundentes que dejó la entrevista es el nivel de deterioro de los ingresos municipales. Según explicó Guerrero Palma, Mosconi atraviesa su octavo mes consecutivo de caída en la coparticipación. A esto se suma el desplome de las regalías petroleras, que hoy se calculan en niveles “casi a la mitad” de lo que se percibía anteriormente.

La razón es tan simple como brutal: ya no hay producción significativa en la zona. Y lo poco que se percibe responde más a un esquema compensatorio que a una actividad real. El problema, además, excede lo local. La intendenta señaló que las empresas operadoras tributan a Nación, lo que limita la capacidad del municipio de capturar recursos directos pese a tratarse de territorios históricamente explotados. “Es una locura”, sintetizó, al describir un esquema en el que los municipios no participan de manera efectiva de la renta generada en sus propios suelos.

El otro eje crítico es la caída de programas nacionales que funcionaban como sostén del tejido social. Guerrero Palma mencionó la discontinuidad o reconversión de iniciativas como el Plan Remediar o Potenciar Trabajo, con miles de beneficiarios afectados. En ese contexto, el impacto es directo: más presión sobre los municipios y menos herramientas para responder. El escenario que describe es consistente con el resto de los intendentes, pero en Mosconi adquiere una intensidad mayor por su nivel histórico de vulnerabilidad.

Más allá de la coyuntura, la intendenta planteó una discusión de fondo sobre el modelo productivo. Y ahí el tono cambia: deja de ser solo diagnóstico para convertirse en una crítica estructural.

Guerrero Palma cuestionó que, mientras Mosconi fue durante décadas una de las principales zonas petroleras del país, hoy no reciba un esquema de compensación acorde al aporte histórico realizado. Incluso planteó la necesidad de repensar la distribución de recursos en función de nuevas economías, como el litio, sugiriendo que las regiones que hoy generan riqueza deberían contribuir a sostener aquellas que quedaron rezagadas. Pero fue más allá. Propuso, sin rodeos, la posibilidad de retomar la explotación petrolera en la zona, aun cuando no sea rentable en términos estrictamente económicos. El argumento no es técnico, es social: reactivar la producción implicaría recuperar empleo, reducir la dependencia de la asistencia estatal y devolver dignidad a una población históricamente golpeada.

“No será rentable, pero cambia la vida de la gente”, planteó, en una definición que expone la tensión entre lógica de mercado y política pública.

En un contexto donde los intendentes reclaman respuestas y el gobernador escala el conflicto con Nación, el caso de Mosconi aparece como un espejo incómodo. Uno que muestra, sin maquillaje, lo que pasa cuando la macro cierra… pero el territorio no.

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