Trabajar para pagarle a la app: La discusión por las tasas de interés
La secretaria general de Sitrarepa, (Sindicato de Repartidores), Belén D’Ambrosio, denunció días atrás que las tasas ofrecidas por las aplicaciones pueden alcanzar el 700% anual. “Tenemos situaciones de compañeros que extienden su jornada laboral para devolver los préstamos”, había advertido.
También afirmó que los repartidores trabajan entre 10 y 12 horas para cubrir gastos fijos y reciben comisiones de entre $1.500 y $3.000 por pedido. Carlos Cruz, de la Asociación Sindical de Motociclistas mensajeros y servicios, relativizó el porcentaje difundido a nivel nacional. Según dijo, ASIMM consultó a trabajadores que recibieron propuestas de PedidosYa con diferentes plazos de pago. “Nosotros estuvimos averiguando con muchos compañeros. Nos pasaban las ofertas por semana, por quincena o por 30 días y la tasa estaba entre el 138% y el 140% anual. Es más o menos lo que cobran los bancos”, explicó. El dirigente sostuvo que, entre los casos analizados en Salta, no se verificaron intereses anuales del 700%. También aclaró que no todos los trabajadores accedieron a los préstamos ni existe un endeudamiento generalizado. “No es como se dijo en algunos portales. Hay que ir al hueso de la cuestión y ver realmente qué les están ofreciendo a los compañeros”, reclamó. Sin embargo, su cuestionamiento a la cifra no implicó una defensa del sistema. Para Cruz, el problema más grave está en el control que ejerce la plataforma sobre el trabajador endeudado. “La realidad sigue siendo la cruel forma en la que están trabajando”, advirtió.
Cuando el trabajador ni siquiera es dueño de la cuenta
La situación es todavía más compleja para quienes reparten utilizando cuentas alquiladas. Según Cruz, algunos titulares dejan de trabajar, pero conservan perfiles bien posicionados y se los alquilan a otras personas. En algunos casos, el acuerdo incluye también la motocicleta. “Hay compañeros que alquilan cuentas y no son los titulares. El que realmente trabaja no puede sacar el préstamo porque el crédito queda a nombre del dueño de la cuenta”, explicó. Estas prácticas se producen en un sector atravesado por múltiples niveles de informalidad. Algunos trabajadores no tienen una motocicleta propia, carecen de licencia de conducir o no cumplen con los requisitos exigidos para abrir un perfil. La consecuencia es que quien realiza las entregas puede quedar completamente desprotegido. Si ocurre un accidente, la cobertura está asociada al titular registrado y no necesariamente a la persona que se encontraba conduciendo. “El titular cobra el alquiler de la moto y de la cuenta, mientras otro es el que sale a trabajar”, describió Cruz.
Cinco años reclamando una regulación
Frente a este escenario, ASIMM impulsa desde hace cinco años un proyecto para registrar a quienes trabajan en cadeterías, mensajerías y plataformas como Rappi, Uber y PedidosYa. La iniciativa no obliga a los repartidores a afiliarse al sindicato. Busca determinar cuántas personas trabajan en la actividad y avanzar en reglas mínimas sobre coberturas, condiciones laborales y responsabilidades empresariales. El proyecto obtuvo tres medias sanciones en la Cámara de Diputados de Salta. La última aprobación fue casi unánime, pero la propuesta volvió a quedar frenada en el Senado. “Sabemos que el Senado es una escribanía del gobierno de turno, pero también tiene que ser una escribanía de los trabajadores”, cuestionó Cruz. El referente sindical recordó que durante la pandemia los repartidores fueron considerados esenciales. Trabajaron mientras gran parte de la población permanecía dentro de sus hogares, pero una vez finalizada la emergencia sanitaria continuaron sin reconocimiento laboral, obra social, ART ni aportes jubilatorios. “Hay un limbo que se puede evitar si se regula esta actividad. Nosotros lo venimos gritando desde hace años”, señaló. Mientras la discusión legislativa sigue detenida, las aplicaciones continúan fijando las reglas. Deciden quién trabaja, quién recibe más pedidos, quién puede pedir un préstamo y cuánto de cada comisión será destinado a pagarlo. Para el repartidor endeudado, apagar la aplicación deja de ser una posibilidad real: si no se conecta, no cobra; si no cobra, no paga; y si no paga, puede quedarse sin la cuenta con la que trabaja.



