La decisión del cierre del Coro Nacional de Niños y un costo que no se mide
El Gobierno nacional oficializó la disolución del Coro Nacional de Niños, una institución creada en 1967 y con casi seis décadas de trayectoria. La decisión quedó establecida mediante el Decreto 687/2026, que también instruye a la Secretaría de Cultura a crear un programa de formación artística destinado a niños y adolescentes.
La medida llegó después de meses de incertidumbre.
Antes de Semana Santa, sus integrantes habían sido notificados de la suspensión de ensayos, conciertos y actividades “hasta nuevo aviso”, sin mayores explicaciones. Desde entonces, chicos, familias y docentes se reunieron de manera autoconvocada para defender la continuidad de un espacio que describen como una familia.
En diálogo con el periodista Héctor Alí, la maestra Inga Iordanishvili, directora de la Fundación Camerata Stradivari, puso el foco en una dimensión que no figura en los argumentos administrativos del decreto: el daño que provoca una decisión abrupta sobre las infancias.
“¿Quién va a responder por el corazoncito traumado de cada niño y de cada niña? ¿Quién va a reparar el daño a esa niña que está llorando, a la que le quitaron su mundo?”, cuestionó.
Un espacio elegido por los chicos
Los integrantes del coro relataron que continuaron encontrándose por amor a la institución y expresaron su frustración ante la imposibilidad de sostener una actividad que los acompañó incluso durante momentos difíciles de sus vidas.
También señalaron que desde 2022 no se incorporaban nuevos coreutas, una situación que impidió continuar con dinámicas históricas como el acompañamiento de los mayores a quienes recién comenzaban.
En sus testimonios reivindicaron además el trabajo de la directora María Isabel Sanz, a quien definieron como la cabeza de esa familia musical.
Iordanishvili, reconocida por su tarea educativa y social al frente de la Fundación Camerata Stradivari, remarcó que la participación en estas instituciones nace de una decisión personal de los niños y jóvenes.
“Los chicos eligieron ese coro. Fue una elección de ellos, nadie los obligó. Si a los chicos de mi orquesta o de cualquier otro coro les quitaran ese espacio, se les arrancaría el corazón de la misma manera”, sostuvo.
La directora explicó que su fundación mantiene las puertas abiertas para quienes se acercan por voluntad propia, sin convocatorias obligatorias, y que esa elección construye un vínculo afectivo que excede ampliamente el aprendizaje de una disciplina artística.
La música como contención y proyecto de vida
Para Iordanishvili, invertir en espacios de formación artística representa una forma concreta de acompañar el presente de niños y jóvenes y, al mismo tiempo, brindarles herramientas para construir su futuro.
“La contención profesional de los chicos es algo increíble para su presente y para su futuro. Invertir en esa contención es lo mejor que podemos hacer los adultos, porque significa salvar el presente, acompañarlos y asegurarnos el futuro”, afirmó.
La maestra advirtió que muchos niños atraviesan situaciones familiares, escolares o personales complejas y encuentran en la música un ámbito seguro de convivencia, aprendizaje y pertenencia. Por esa razón, cuestionó que una institución de esa naturaleza pueda desaparecer sin considerar previamente las consecuencias emocionales sobre sus integrantes.
El valor pedagógico del canto coral
La directora de la Camerata Stradivari también destacó el aporte académico del canto coral. Explicó que la práctica permite trabajar afinación, ritmo, solfeo, armonía, escucha colectiva y coordinación entre diferentes voces.
“Cualquier violinista toca mucho mejor si canta en un coro. Cuando se canta a cuatro voces o más, funcionan la teoría musical, el ritmo, el solfeo y la armonía.
Cantar en coro es de lo más valioso que se puede hacer por un instrumentista”, señaló.
Iordanishvili recordó la tradición polifónica de Georgia, su país natal, donde existen composiciones de ocho o más voces, para ejemplificar la complejidad y la riqueza formativa de la experiencia coral.
“La cultura y la educación son una inversión”
El decreto sostiene que los objetivos del Coro Nacional de Niños podrán continuar mediante un nuevo programa con un alcance más amplio y federal. Sin embargo, durante la entrevista se cuestionó que esa promesa pueda sustituir una institución con décadas de experiencia, equipos profesionales y vínculos ya construidos.
“La cultura y la educación son una inversión, pero siempre funcionan con muy pocos fondos. Quitarles lo poco que tienen es algo que realmente no se entiende”, expresó Iordanishvili.
Frente al cierre, la directora sostuvo que la respuesta debe ser continuar generando oportunidades y espacios de acompañamiento para las nuevas generaciones.
“Lo único que podemos hacer es seguir adelante, trabajar y hacer las cosas bien para poder dar futuro a nuestros jóvenes. Entre todos sí podemos”, concluyó.

