Nexus sostiene su apuesta para acercar el servicio de diálisis al interior de Salta

Mario Espeche, propietario de Nexus y presidente de CEPRIDIASA, dialogó con Nuevo Diario sobre el funcionamiento de uno de los centros de diálisis de la provincia y explicó por qué la infraestructura, el tratamiento del agua y la bioseguridad son factores determinantes. La apuesta por acercar este tipo de atención al interior cobra especial importancia para pacientes del Valle de Lerma y el Valle Calchaquí.
Hablar de diálisis es hablar de un tratamiento que forma parte de la vida cotidiana de miles de personas y que, por sus características, no admite interrupciones. Para quienes dependen de la hemodiálisis, concurrir a un centro especializado varias veces por semana durante horas es una rutina indispensable para sostener su calidad de vida.
En ese contexto, la existencia de centros especializados fuera de los grandes núcleos urbanos adquiere una importancia particular en una provincia extensa como Salta. La propia expansión de los servicios de hemodiálisis en el interior responde a esa necesidad: en muchos casos, los pacientes debían recorrer largas distancias varias veces por semana para acceder al tratamiento.
En diálogo con Nuevo Diario, Mario Espeche, propietario de Nexus y presidente de la Asociación de Centros Privados de Diálisis de Salta y Jujuy (CEPRIDIASA), explicó cómo funciona un centro de estas características y cuáles son los estándares que se deben tener en cuenta para garantizar la seguridad de los pacientes.
“Esto no solamente se hace con plata, se hace con conocimiento”, sostuvo Espeche al explicar que el diseño de una unidad de diálisis comienza mucho antes de la instalación de las máquinas. La elección del terreno, la calidad del agua, las cloacas, los circuitos internos y las condiciones de bioseguridad son parte de una planificación que debe responder a las necesidades específicas de los pacientes renales.
Una infraestructura diseñada para el paciente
Uno de los principales conceptos que destacó Espeche es que una unidad de diálisis debe estar diseñada alrededor del paciente.
Desde el ingreso al establecimiento hasta el momento de la sesión, cada recorrido tiene que estar pensado para evitar inconvenientes y reducir riesgos. Esto incluye accesos adecuados para personas con movilidad reducida, espacios de espera diferenciados, sanitarios propios y circuitos específicos para el tratamiento de pacientes que requieren medidas especiales de aislamiento.
En Nexus, por ejemplo, los pacientes con serología positiva o hepatitis B realizan su tratamiento en un sector diferenciado, con sus propios espacios de limpieza y reprocesamiento de filtros.
La separación no es un detalle menor. La bioseguridad es uno de los pilares de la atención de personas con enfermedad renal crónica y obliga a establecer circuitos que eviten la contaminación cruzada.
“Tratamos de preservar al paciente”, explicó Espeche, quien también hizo hincapié en la necesidad de que las personas puedan ingresar y salir del establecimiento bajo techo, especialmente considerando que muchos llegan en vehículos sanitarios o presentan dificultades para movilizarse.
Para un paciente que debe pasar varias horas conectado a una máquina y regresar al centro varias veces por semana, esos detalles forman parte de la calidad de atención.
El agua, un elemento central
Detrás de cada máquina de diálisis existe una infraestructura que muchas veces pasa inadvertida para el paciente, pero que resulta fundamental para que el tratamiento pueda realizarse de manera segura. Uno de los puntos centrales es el tratamiento del agua.
Durante el diálogo, Espeche explicó que el agua utilizada en la diálisis debe cumplir condiciones de calidad extremadamente exigentes porque interviene directamente en el proceso mediante el cual se depura la sangre.
El líquido de diálisis se prepara en el propio establecimiento a partir del agua tratada, bicarbonato y ácido. Esto permite controlar sus características y evitar depender de soluciones preparadas y transportadas desde otros lugares. “Nosotros dializamos con agua calidad farmacopea, inyectable”, explicó.
La infraestructura incluye además cañerías de acero inoxidable y sistemas destinados a la sanitización. Según detalló Espeche, se trata de una inversión significativa, pero necesaria para garantizar que el agua que interviene en el tratamiento tenga la calidad requerida.
Una máquina que reemplaza funciones del riñón
Durante una sesión de hemodiálisis, la sangre del paciente circula por un filtro que permite retirar sustancias tóxicas y exceso de líquido.
Espeche explicó que el procedimiento puede extenderse durante unas cuatro horas y que las máquinas permiten programar con precisión la cantidad de líquido que se necesita extraer.
En determinados pacientes se pueden retirar varios litros de líquido durante una sesión, mientras que el equipo controla permanentemente parámetros como la presión arterial, la frecuencia cardíaca y las características del líquido de diálisis.
La tecnología actual permite además ajustar el tratamiento de acuerdo con las necesidades de cada persona. “Estamos vigilando la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la glucemia”, explicó Espeche, al describir el nivel de monitoreo que existe durante una sesión.
El objetivo es que el paciente pueda atravesar el tratamiento de la manera más segura posible.
Tecnología para tratamientos cada vez más complejos
Espeche destacó que también se cuenta con tecnología para realizar hemodiafiltración, una modalidad que combina diferentes mecanismos de depuración y permite desarrollar tratamientos de mayor complejidad.
En 2024, la institución inauguró una unidad en Tartagal construida específicamente para nefrología, hemodiálisis, diálisis peritoneal y hemodiafiltración, con infraestructura específica para el tratamiento del agua, cañerías de acero inoxidable y sectores diferenciados para pacientes.
El desarrollo de estos centros tiene además una dimensión territorial. No se trata solamente de incorporar equipamiento, sino de llevar prestaciones complejas a lugares donde los pacientes necesitan atención sin tener que trasladarse constantemente hacia la Capital.
La importancia para el Valle de Lerma y el Valle Calchaquí
En una provincia donde las distancias son un factor determinante, acercar la diálisis a los pacientes puede representar un cambio sustancial en su vida cotidiana.
La experiencia reciente del interior salteño demuestra esa necesidad. El centro de hemodiálisis de Joaquín V. González, por ejemplo, permitió que pacientes de esa localidad y de otras poblaciones cercanas dejaran de recorrer cientos de kilómetros para recibir tratamiento tres veces por semana.
En julio de este año, el Gobierno provincial informó que la red pública de hemodiálisis ya alcanza distintos puntos del territorio y que el objetivo es reducir los traslados hacia la Capital. Actualmente existen centros públicos en localidades como Cafayate, Orán, Tartagal y Joaquín V. González, mientras se avanza con otro en General Güemes.
En ese mapa sanitario, la presencia de centros privados especializados también cumple un papel relevante.
Para las poblaciones del Valle de Lerma y el Valle Calchaquí, donde los traslados pueden convertirse en una carga física, económica y familiar, contar con alternativas de atención más próximas significa reducir horas de viaje y permitir que el paciente permanezca cerca de su entorno.
Espeche resumió que la calidad de un centro de diálisis no se mide solamente por la cantidad de máquinas que tiene, sino por todo lo que existe detrás de ellas.
La altura de una bacha para que el paciente pueda higienizar correctamente su acceso vascular, la temperatura del agua, la calidad del líquido utilizado, las cañerías, los circuitos diferenciados, la presión del ambiente y hasta la manera en que una persona desciende de un vehículo forman parte de un mismo objetivo.



