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A las declaraciones de Milei le respondieron desde los barrios: se come con deuda

Darío Limachi, referente de Barrios de Pie en Salta, cuestionó las declaraciones de Javier Milei sobre las dificultades para llegar a fin de mes y sostuvo que el Presidente se burla de una realidad que las familias enfrentan mediante deudas, más horas de trabajo y restricciones incluso en la alimentación.

En una entrevista realizada por el periodista Héctor Alí para FM Pacífico, el dirigente planteó que la continuidad de la vida cotidiana no demuestra que los ingresos alcancen, sino el esfuerzo cada vez mayor que hacen los hogares para sostenerse. Durante la conversación se reprodujo el fragmento en el que Milei descalificó la afirmación de que una parte de la población no llega con su sueldo al día 20 y preguntó cómo hace para vivir los diez días restantes sin comer ni beber. Para Limachi, ese razonamiento desconoce los mecanismos a los que recurren quienes agotaron sus ingresos y todavía deben alimentar a sus hijos, pagar los servicios o comprar medicamentos. “Me endeudo, me endeudo, todo el tiempo me endeudo”, expresó al describir la respuesta de esas familias, y remarcó que detrás de las cuentas que no cierran hay personas que trabajan durante todo el mes para cancelar obligaciones anteriores, sin lograr salir de una dinámica que vuelve a comenzar con el siguiente ingreso.

Trabajar para pagar deudas y volver a empezar

Limachi citó un relevamiento de su organización en barrios populares que, según explicó, registró un 86% de endeudamiento y un 77% de mora entre los casos relevados. También señaló que el 75% manifestó endeudarse para comprar alimentos, una situación que ubicó en el centro de su cuestionamiento al discurso presidencial. “Si vos tenés que endeudarte para comprar alimentos, tenés que endeudarte para pagar los servicios, tenés que endeudarte para salud, te das cuenta que estás llevando una vida que no tiene ningún tipo de consistencia y que no tiene ningún tipo de futuro”, sostuvo. En su descripción, los ingresos quedan comprometidos con tarjetas, bancos y préstamos, de modo que muchas familias comienzan el mes sin dinero disponible o con nuevas obligaciones pendientes. El dirigente también mencionó a quienes, después de cumplir una jornada laboral, suman varias horas de reparto o transporte mediante aplicaciones, trabajan los fines de semana en ferias o venden comida y pertenencias para completar los gastos del hogar. Para Limachi, esas estrategias explican cómo se sobrevive cuando el sueldo se termina y muestran el costo que queda fuera de la interpretación presidencial. En ese sentido, advirtió que antes de una situación extrema hay un recorrido de privaciones que incluye endeudarse, desprenderse de bienes y racionar la comida, mientras el esfuerzo cotidiano se intensifica sin garantizar que las necesidades básicas estén cubiertas.

Un cuestionamiento al modelo económico

El referente de Barrios de Pie sostuvo que la discusión debe ir más allá de la indignación por las palabras de Milei y alcanzar las decisiones económicas que, a su entender, profundizan las dificultades de trabajadores, comerciantes y pequeñas empresas. “Está bueno indignarse, está bueno expresar la bronca porque es necesaria y es saludable, pero también hay que discutir”, planteó, al cuestionar un modelo que considera orientado a beneficiar a sectores exportadores y financieros en perjuicio de las actividades que generan trabajo. En su análisis, el deterioro del comercio y de las pymes se refleja tanto en los problemas para conseguir empleo como en la necesidad de trabajar más horas por ingresos que resultan insuficientes. También vinculó ese malestar con la participación de distintos sectores en las movilizaciones por el financiamiento universitario, donde identificó reclamos que exceden la situación de estudiantes y docentes. Para el dirigente, la presencia de gremios, trabajadores desocupados y organizaciones sociales expresa una demanda más amplia de cambio de rumbo, aunque reconoció que las propias condiciones de precariedad dificultan la participación: trasladarse implica pagar colectivos y dedicar a una protesta horas que muchas personas necesitan destinar a buscar una changa.

La “implosión social” dentro de los hogares

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la advertencia de Limachi sobre lo que definió como una “implosión social” en los barrios, una forma de deterioro que no siempre se traduce en una protesta pública y que termina afectando los vínculos más cercanos. “Es una forma de descargar toda la frustración y el sufrimiento hacia adentro del hogar”, explicó, al mencionar las consecuencias sobre las relaciones con los hijos, las familias y los vecinos. Desde su perspectiva, el problema también debilita los lazos de solidaridad que permiten acompañar a quienes atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad. Por eso, insistió en la necesidad de reconstruir esos vínculos y transformar el malestar en organización, sin renunciar al reclamo de respuestas estatales. También advirtió que la pérdida de confianza en las instituciones puede alimentar propuestas que terminan debilitando las herramientas de protección de los sectores con menos recursos. “Esto no sirve no significa lo tiramos a la mierda y cada uno se sale solo, sino esto no sirve significa que debemos juntarnos para mejorarlo”, afirmó, al defender una salida colectiva frente a la frustración.

Para Limachi, la combinación de falta de empleo, ingresos insuficientes y dificultades profundiza la desesperación. Desde esa realidad respondió: detrás de quienes siguen adelante después del día 20 hay deudas, trabajos adicionales, privaciones y redes de ayuda que sostienen lo que el sueldo ya no alcanza a cubrir.

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