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Día del Orgullo LGBTIQ+ en Salta: memoria, denuncia y resistencia política

En el marco del Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+, que se conmemora cada 28 de junio en recuerdo de la revuelta de Stonewall de 1969, distintas organizaciones de la diversidad volvieron a ocupar las calles en Salta para celebrar las conquistas alcanzadas, pero también para advertir sobre un contexto de creciente violencia, retroceso de derechos y legitimación social de los discursos de odio.

Nuevo Diario dialogó con Teresita Frías, periodista e integrante de la Asamblea Lesbotransfeminista, y con Pía Ceballos, activista, militante y referenta del colectivo travesti trans de Salta, quienes coincidieron en que el Orgullo no puede ser leído sólo como una fecha festiva. También es memoria, denuncia y exigencia política frente a las violencias estructurales que atraviesan a lesbianas, gays, bisexuales, travestis, trans y otras identidades de la diversidad.

“Este día volvemos a celebrar las conquistas alcanzadas por el movimiento de la diversidad, pero también es necesario recordar todo lo que sigue pendiente”, señaló Frías. En esa línea, remarcó que el Orgullo “no nació como una fiesta, nació como una respuesta política frente a la violencia, la discriminación y el intento permanente de borrar identidades y existencias”.

La periodista puso el foco especialmente en la situación de las lesbianas y en la invisibilización de los lesbicidios. A partir de la cobertura reciente de un caso, advirtió que muchas veces estos crímenes no son investigados como tales, lo que impide reconocer el contexto de odio y violencia estructural que los vuelve posibles.

“Nombrarlos importa porque las palabras también construyen justicia”, expresó. Y agregó que, cuando un crimen motivado por el odio hacia una identidad u orientación sexual no recibe esa calificación, “también se está negando el contexto de violencia estructural que lo hizo posible”.

Frías advirtió además sobre la ausencia de políticas públicas específicas, la falta de registros oficiales y las barreras institucionales que enfrentan las mujeres lesbianas al momento de denunciar situaciones de violencia. “Lo que no se cuenta, no se mide; y lo que no se mide difícilmente se convierta en prioridad para las políticas públicas”, sostuvo.

En ese sentido, defendió la importancia de la Educación Sexual Integral con perspectiva de género y diversidad, al señalar que no se trata de un contenido accesorio, sino de una herramienta de prevención frente al machismo, la misoginia y las violencias que también afectan al colectivo LGBTIQ+.

Una respuesta política frente al odio

Por su parte, Pía Ceballos explicó que este año la movilización en Salta se inscribe bajo la consigna “basta de travesticidios y transfemicidios”, a diez años de aquella primera marcha nacional contra los travesticidios realizada en Buenos Aires y replicada de manera federal.

La referente destacó la jornada que se desarrolló en el Monumento Güemes, con actividades previas y una marcha “Lejos de ser una celebración festiva, se planta como una respuesta política y colectiva contra la violencia estructural, la discriminación y el alarmante recrudecimiento de los discursos de odio”, expresó.

Ceballos apuntó contra la validación institucional de esos discursos y advirtió que no pueden ser confundidos con libertad de expresión. “Los discursos de odio son la antesala de la violencia física, la discriminación y el asesinato”, sostuvo.

También recordó que la expectativa de vida de las personas travestis y trans continúa ubicada entre los 35 y 40 años, una cifra que refleja “un desamparo estatal y social sostenido y crónico”. En ese marco, planteó que la marcha en Salta no solo reclama visibilidad, sino medidas concretas.

Entre las principales demandas, mencionó el pedido de justicia por Fernanda Arias, la reparación histórica para travestis y trans adultas mayores que atravesaron persecución policial y estatal, la implementación efectiva del cupo laboral travesti trans, el acceso a salud integral, el respeto a la identidad de género y la provisión de insumos básicos, como tratamientos y preservativos en los centros de salud.

“Nosotras seguimos levantando banderas que tienen que ver con reclamos urgentes en nuestra provincia”, afirmó Ceballos, quien también destacó la importancia de sostener la organización comunitaria en un tiempo atravesado por discursos de odio y retrocesos.

Desde Salta, el Día del Orgullo vuelve así a recuperar su sentido histórico: no solo celebrar la existencia, sino exigir condiciones reales para vivirla sin miedo, sin discriminación y con derechos garantizados. Porque para el colectivo LGBTIQ+, el orgullo también es una forma de resistencia frente a quienes todavía pretenden discutir lo básico: el derecho a la libertad de imaginar y elegir la familia, el deseo y el amor.

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