Judiciales

El caso Jimena Salas llega a los 5 años irresuelto y sin culpables

En pocas semanas, los salteños verán pasar un año más, y ya van cinco, sin que se sepa nada del brutal crimen de Jimena Salas, la joven madre que murió asesinada a cuchilladas en su casa de la localidad de Vaqueros el 27 de enero de 2017.

Si bien el año pasado, la Unidad de Grave Atentados contra las Personas llevó a juicio al viudo Nicolás Cajal y un vendedor ambulante, Horacio Vargas, como los principales responsables del asesinato, ambos acusados resultaron absueltos y el caso volvió a foja cero.

Para colmo, la fiscalía que había anunciado la apelación de la sentencia dictada por los jueces Francisco Mascarello, Federico Diez y Javier Armiñana Dohorman, de la Sala VII del Tribunal de Juicio, llegó tarde con los plazos y el veredicto quedó firme.

Desde el dictado del fallo, el 26 de mayo del 2.021, nada más se informó respecto al caso y menos si se abrieron otras líneas de investigación. La muerte de Jimena Salas generó gran conmoción en la sociedad, pues se cometió con una saña pocas veces vistas.

Ocurrió entre las 12.30 y las 13, cuando Salas se hallaba sola con sus dos hijas mellizas, menores de edad. La mujer residía en una casa del barrio San Nicolás y solía pasar la mañana sola, pues su marido trabajaba en una casa de electrodomésticos, en el centro de la ciudad.

Dos sujetos

El día del asesinato, y por lo ventilado en el juicio a Cajal y Vargas, la cuadra donde vivía Salas fue visitada por dos sujetos en un vehículo oscuro, del cual descendieron junto a perro raza Caniche Toy, color cenizas, el cual estaba supuestamente perdido.

Con la excusa de buscar a su dueño, los desconocidos golpearon varias puertas, entre ellas la de Salas, quien tenía una debilidad por las mascotas desvalidas, un dato que posiblemente los visitantes conocían de antemano, ya que en Salta no se dieron prácticamente hechos delictivos con esta treta.

Una vecina, que también había tenido contacto con uno de los sujetos, pudo describirlo, pero el retrato que se hizo a partir de su testimonio, no tuvo éxito hasta el momento, pues no se pudo localizar por las cámaras de video de la zona a ninguna persona con esa fisonomía.

La vecina sostuvo que lo despachó rápido de su casa, mientras Salas se mostró más solidaria y trataba de ayudar a localizar al dueño del cachorro, por lo que le dio acceso al sujeto al hall de su casa donde le tomó fotos al perro, para subirla a las redes y así tratar de dar con su propietario.

Un misterio

Lo que sucedió después, es hasta el momento todo un misterio, pues no se sabe cómo fue que el sujeto junto a otro cómplice terminó dentro de la casa. Y aún menos se conoce sobre la mecánica del asesinato, aunque por la cantidad de lesiones cortantes y golpes que tenía el cadáver de Salas, sí se puede afirmar que opuso una férrea resistencia.

También se pudo establecer que las dos niñas estaban dentro de la casa, cuando ocurrió el crimen y que en la habitación había un alhajero volcado y una caja fuerte abierta, pero no había señales de que se hayan llevado algún botín importante, lo cual incrementa la incógnita de un caso aún sin resolver.

Los rastros genéticos de los asesinos es el único indicio

De la escena del crimen, los peritos del Cuerpo de Investigaciones Fiscales pudieron obtener una pista muy importante. Se trata de los rastros de ADN de los asesinos, los que fueron extraídos de las manos de la víctima, quien se quedó con ellos al enfrentarse en lucha con los homicidas.

De acuerdo al estudio de estos ADN, se pudo establecer que ambos atacantes son familiares entre sí, aunque no se sabe en qué grado. La pista es muy importante, pues en el caso de que se llegue a un sospechoso, el cotejo genético podría cerrar el cerco para el detenido.

La gran tarea, por lo tanto, está centrada en atrapar al sospechoso correcto, para lo cual ya se hicieron 150 cotejos con otros delincuentes que fueron detenidos y también otros hombres que fueron investigados desde el inicio de la investigación.

Otras de las pruebas surgidas de la escena del crimen se pudieron obtener del estudio del teléfono celular de la víctima, aparato que los asesinos se llevaron y arrojaron en la ruta 9, donde un policía lo encontró. Para inutilizarlo, lo había estrellado contra el piso, no obstante, se pudieron recuperar algunas imágenes.

Entre ellas, estaban las fotos del perro usado como carnada y cierta parte del cuerpo del sospechoso que golpeó las puertas de las casas, pero no su rostro, lo que impidió avanzar con las pesquisas, las que se ciñeron al retrato hablado de una vecina.

Sin ninguna pista o indicio sobre los autores materiales, el móvil del hecho quedó muy lejos, aunque la principal teoría gira en torno a un robo frustrado, el cual se pudo haber complicado por la resistencia de Salas, quien incluso habría herido a uno de los atacantes, lo que desató la furia asesina.

En el cadáver de Sala, los peritos contabilizaron alrededor de 40 heridas cortantes, la mayoría de ellas en el cuello y otras en el torso, lo que evidencia una saña de los homicidas.

 

 

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