La inflación desacelera, pero la economía salteña todavía viaja a dos velocidades
El Índice de Precios al Consumidor registró en agosto una variación del 1,7% a nivel nacional y del 1,8% en el Noroeste, de acuerdo con el informe difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos. En los primeros ocho meses del año, la inflación acumuló un 21,3%, mientras que la variación interanual alcanzó el 33,5%.
La cifra mensual quedó por debajo del 2,1% registrado en julio y se ubicó dentro del rango que anticipaban las consultoras relevadas por el Banco Central. Sin embargo, detrás del promedio general persisten diferencias importantes entre regiones, rubros y hogares. La incidencia de los servicios, los alquileres, los alimentos y los gastos educativos determina que la inflación efectivamente soportada por cada familia pueda quedar muy por encima de ese 1,7%.
Consultados por Nuevo Diario, los economistas salteños Juan Pablo López López y Rolando Carrizo coincidieron en que la economía argentina presenta comportamientos muy diferentes según el sector observado. Mientras el agro, la minería, la energía y algunas actividades financieras exhiben indicadores favorables, la industria, la construcción, el comercio y numerosas pequeñas y medianas empresas atraviesan una situación mucho más compleja.
El contrapunto aparece al explicar el significado del dato. Para Carrizo, la baja de la inflación forma parte de un proceso de estabilización imprescindible para recuperar posteriormente el crédito, los salarios y la inversión. López López, en cambio, advirtió que el índice también se encuentra contenido por la retracción del consumo, el debilitamiento de los ingresos y la pérdida de capacidad de compra de amplios sectores sociales.
Un promedio que no alcanza para explicar todas las realidades
Carrizo señaló que el dato publicado por el INDEC debe interpretarse como un promedio ponderado, construido según la incidencia que cada bien y servicio tiene dentro de la canasta utilizada para medir el IPC.
“No es lo mismo una persona que alquila que otra que no lo hace, ni una familia con hijos en edad escolar que un hogar que no tiene ese gasto”, explicó. Por esa razón, sostuvo que el índice no pretende reproducir la experiencia particular de cada consumidor, sino señalar la tendencia general de los precios mediante una metodología uniforme. Esa diferencia ayuda a explicar por qué una parte de la población siente que sus gastos aumentaron muy por encima de la inflación informada. El peso de los consumos personales puede modificar de manera considerable el resultado: una familia que destina la mayor parte de sus ingresos al alquiler, los servicios, los alimentos o la educación enfrenta una variación distinta de aquella que tiene resuelta la vivienda o posee otra estructura de gastos.
Carrizo remarcó que la metodología permite construir una serie estadística comparable a través del tiempo y destacó la desaceleración conseguida desde los niveles inflacionarios registrados al comienzo de la gestión nacional. En su interpretación, el Gobierno avanzó en el ordenamiento fiscal, la estabilidad cambiaria y la recuperación de las exportaciones, aunque todavía debe lograr que esos indicadores se traduzcan en desarrollo y bienestar cotidiano. “El objetivo principal era bajar la inflación. Una vez que esté cerca de cero, los salarios podrán comenzar a recuperarse, pero todavía falta una parte del proceso”, afirmó.
El consumo planchado y los ingresos bajo presión
López López introdujo una lectura más crítica sobre las causas que explican la desaceleración. A su entender, la inflación permanece “cada vez más planchada” porque también se encuentran deprimidos el consumo y la actividad de buena parte de la economía. “La actividad no está creciendo de manera homogénea. Hay sectores como el campo, la minería o las finanzas que avanzan, mientras otros, como la industria, están decididamente a la baja”, señaló. El economista advirtió que la prolongación de esta dinámica puede provocar la pérdida de puestos de trabajo y de capacidad productiva cuya recuperación resultaría posteriormente muy difícil.
También vinculó el comportamiento de los precios con la reducción del poder adquisitivo. Según su análisis, los hogares con menores ingresos restringen consumos, postergan gastos o directamente dejan de comprar, una retracción de la demanda que contribuye a moderar determinados aumentos, pero no representa por sí misma una mejora en las condiciones de vida.
López López observó además un crecimiento del trabajo independiente y del monotributo, junto con mayores dificultades para afrontar los compromisos financieros de las familias. En ese punto, alertó sobre el endeudamiento mediante tarjetas, bancos y billeteras virtuales, con tasas que calificó como extremadamente elevadas, y cuestionó la ausencia de instrumentos de crédito accesibles para los sectores más golpeados. “La situación parece controlada cuando se mira solamente el índice, pero una parte de esa desaceleración tiene que ver con personas que poseen cada vez menos capacidad de compra”, sostuvo.
Servicios y gastos esenciales por encima del promedio
El informe del INDEC muestra que durante agosto varias divisiones aumentaron por encima del nivel general. En todo el país, vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles encabezaron las subas con un 2,8%, seguida por educación, con el 2,5%; salud y bienes y servicios varios, con el 2,4%; y comunicación, con el 2,3%. La inflación núcleo fue del 2% y los precios regulados avanzaron un 2,2%.
En el Noroeste, donde el nivel general llegó al 1,8%, bebidas alcohólicas y tabaco subió un 2,4%; vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, un 2,3%; salud, educación y bienes y servicios varios registraron también un 2,3%; mientras que restaurantes y hoteles aumentó un 2,7%. Alimentos y bebidas no alcohólicas se incrementó un 2%.
López López puso el foco en el peso creciente de los servicios y en las consecuencias de la eliminación de subsidios. Como ejemplo mencionó la situación de las familias que no cuentan con conexión a la red de gas y dependen de garrafas. Según indicó, el valor que finalmente se paga en los comercios barriales puede alcanzar entre 30 mil y 35 mil pesos por una garrafa de diez kilos, una cifra especialmente gravosa para los hogares de menores recursos.
El economista también cuestionó los aumentos de las empresas de medicina prepaga y afirmó que la desregulación favoreció incrementos que no siempre guardan relación directa con el nivel general del IPC.
Estabilidad no garantiza desarrollo
Aunque parten de valoraciones diferentes, ambos economistas coincidieron en que los resultados macroeconómicos no alcanzaron todavía a todos los sectores. Carrizo destacó el crecimiento del agro, la energía y la minería, pero admitió la caída de la construcción y el comercio, las dificultades de las pymes y la virtual ausencia de crédito productivo a tasas razonables. “La economía está viajando a dos velocidades: a una parte le está yendo muy bien y otra está sufriendo las consecuencias del ajuste”, resumió.
También aclaró que la estabilidad constituye una condición necesaria, pero no suficiente, para alcanzar el desarrollo. Entre los desafíos pendientes enumeró la recuperación del salario, el crédito y la infraestructura, así como la incorporación de los sectores actualmente rezagados.
López López coincidió en el diagnóstico de una economía fragmentada, pero reclamó una intervención más activa para sostener la industria, el empleo y el consumo. Para el economista, la discusión no puede limitarse a la reducción estadística de la inflación, sino que debe incluir qué actividades crecerán, cómo se distribuirán sus beneficios y cuál será el costo social del proceso.
La baja del número deja expuesto además un dilema que permanece abierto.


