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Mercurio en Cabra Corral: “El Estado no puede mirar para otro lado”

La detección de mercurio en una muestra de agua del embalse General Belgrano encendió una alarma que, para el doctor en Biología Enrique Derlindati, no admite indiferencia ni respuestas apresuradas. El especialista aclaró que el hallazgo no permite afirmar por sí solo que todo Cabra Corral esté contaminado ni establecer automáticamente un riesgo para la población, pero sí obliga al Estado provincial a investigar.

El análisis de Enrique Derlindati para Nuevo Diario surge luego de que trascendiera un estudio preliminar de la Fundación Aljibe, según el cual una muestra profunda habría presentado una concentración de mercurio casi 40 veces superior a la esperada. La propia entidad señaló que se necesitan nuevas muestras, tomadas en diferentes sectores y profundidades, para conocer el alcance real de la situación. La difusión del dato generó distintas reacciones entre quienes desarrollan actividades en el embalse. Desde el sector vinculado con los catamaranes señalaron que no recibieron restricciones oficiales y que las reservas no se modificaron. También relativizaron el posible riesgo a partir de que el pescado no presenta cambios visibles en su color o textura. Para Derlindati, sin embargo, esa percepción no reemplaza los estudios científicos ni permite determinar si existe acumulación del contaminante en los organismos.

Una muestra no alcanza, pero tampoco puede ignorarse

El mercurio es un metal utilizado durante siglos en diferentes actividades industriales y tecnológicas. Su aparición en un ambiente acuático exige especial atención: “encontrar mercurio en una muestra de agua no permite, por sí solo, conocer la magnitud de la contaminación ni determinar automáticamente un riesgo para toda la población”, explicó Derlindati. Para establecerlo se requieren más muestreos, análisis de los sedimentos, estudios sobre los peces y una evaluación integral del funcionamiento del ecosistema. La detección temprana, no obstante, confirma que el elemento está presente y abre preguntas que deben ser respondidas: de dónde proviene, cómo se distribuye, en qué lugares se concentra y si ya está ingresando a la red alimentaria. El metilmercurio puede acumularse en los tejidos de los peces y aumentar su concentración a medida que avanza por los distintos eslabones de la cadena.

Antecedentes que llevan más de dos décadas

Para Derlindati, uno de los aspectos más inquietantes es que la presencia de mercurio en Cabra Corral no constituiría una novedad. Según indicó, investigaciones realizadas en 2002 y 2018 ya habían señalado la existencia del elemento en el ambiente y en ejemplares de pejerrey, una de las especies más conocidas y consumidas entre quienes pescan en el embalse. Esos antecedentes modifican el eje de la discusión. “Si existen antecedentes científicos de mercurio en el sistema y posteriormente vuelve a detectarse, la pregunta debería ser qué sabemos sobre su distribución y qué se hizo durante todos estos años”, planteó el especialista.

Cabra Corral constituye uno de los principales ambientes acuáticos artificiales de Salta y sostiene actividades pesqueras, turísticas, recreativas, náuticas y económicas. Por esa razón, Derlindati advirtió que su administración no puede quedar reducida a habilitar o prohibir la pesca, sino que demanda una intervención coordinada de las áreas provinciales de Ambiente, Salud, Turismo y Seguridad, junto con los organismos responsables de los recursos hídricos y pesqueros.

Pesca ilegal y alimentos sin trazabilidad

La captura y posterior comercialización de peces representa otro punto crítico. Los decomisos periódicos de miles de ejemplares muestran la existencia de una extracción que supera ampliamente la pesca recreativa individual y que involucra especies destinadas al consumo, entre ellas el pejerrey y el sábalo. La pesca comercial está prohibida en Salta por el artículo 16 de la Ley provincial 3.571, modificada por la Ley 5.113, y por su Decreto Reglamentario 120/99. Cuando las capturas se realizan y comercializan ilegalmente, se pierde la posibilidad de reconstruir quién extrajo los peces, de qué sector provinieron, dónde se vendieron y quiénes los consumieron. “En cualquier sistema en el que exista sospecha de contaminación, la trazabilidad de los alimentos deja de ser un detalle administrativo y se convierte en una herramienta de protección sanitaria”, sostuvo Derlindati. El análisis también incorpora a la pesca recreativa, particularmente la desarrollada desde los catamaranes. El especialista remarcó que no se trata de demonizar una actividad ligada a la cultura y a la economía de Cabra Corral, sino de establecer reglas apoyadas en información científica y no en intereses o presiones sectoriales. Que los peces no presenten alteraciones visibles no permite descartar la presencia de mercurio en sus tejidos. Precisamente por eso, la falta de información oficial genera incertidumbre tanto entre quienes desarrollan la actividad como entre quienes terminan consumiendo las capturas.

En este escenario, Derlindati consideró difícil de comprender que la Provincia proyecte avanzar con la siembra de miles de alevinos en Cabra Corral. “Antes de agregar organismos al ecosistema, primero deberíamos asegurarnos de conocer las condiciones en las que van a desarrollarse”, señaló.

“El verdadero problema de Cabra Corral no es solamente el mercurio. El verdadero problema sería saber que existe un riesgo y decidir mirar para otro lado”, concluyó Derlindati.

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