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Milei se prepara para 2027 y busca blindarse con los gobernadores dialoguistas

Con la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2027, el Gobierno nacional comenzó a mover piezas para construir alianzas electorales con gobernadores dialoguistas y evitar que el oficialismo llegue debilitado a la próxima gran disputa nacional.

La estrategia apunta a contener el riesgo de fragmentación del voto antiperonista en las provincias y sostener la competitividad de La Libertad Avanza (LLA) en un escenario donde el desgaste de gestión empieza a hacerse visible.

Según reveló un informe publicado por Ámbito, en la Casa Rosada entienden que un calendario provincial cargado de derrotas anticipadas podría convertirse en un problema político serio antes de las presidenciales. Por eso, el oficialismo ya trabaja en acuerdos con mandatarios provinciales que, más allá de sus diferencias discursivas con Javier Milei, comparten intereses electorales concretos: sostener gobernabilidad y evitar que el peronismo recupere terreno.

Actualmente, los casos más consolidados son los de Leandro Zdero en Chaco, Alfredo Cornejo en Mendoza y Rogelio Frigerio en Entre Ríos, quienes ya vienen articulando políticamente con LLA. Pero el mapa de potenciales socios podría ampliarse. En San Juan, por ejemplo, el gobernador Marcelo Orrego aparece como una de las figuras mejor valoradas por el mileísmo, especialmente luego de mostrarse junto a Karina Milei en actividades oficiales vinculadas al sector minero.

La lógica detrás de estos acercamientos es sencilla: evitar que el voto opositor al peronismo se divida en provincias donde el PJ todavía conserva capacidad competitiva. En San Juan, el antecedente reciente dejó señales de alerta para el oficialismo local y nacional: el peronismo ganó las últimas legislativas mientras libertarios y provincialismo compitieron separados. En paralelo, el gobernador puntano Claudio Poggi también empezó a enviar señales compatibles con el discurso libertario. La reducción de cargos políticos y el énfasis en la austeridad fueron celebrados desde sectores de LLA, aunque referentes libertarios todavía consideran insuficientes las reformas encaradas en San Luis y reclaman una baja más agresiva de impuestos y desregulación económica.

La situación se vuelve más compleja en provincias atravesadas por crisis económicas o conflictos sociales. En Santa Cruz, Claudio Vidal enfrenta tensiones internas, conflictos docentes y desgaste político, mientras el peronismo intenta reorganizarse. En Chubut, Ignacio Torres aparece como otro dirigente con posibilidades de entendimiento con los libertarios, aunque sectores cercanos al gobernador admiten que el acuerdo sería más una necesidad electoral que una afinidad ideológica plena. La política argentina, es una máquina extraordinaria, donde todos terminan abrazándose después de insultarse seis meses en televisión.

También Misiones y Santa Fe muestran movimientos interesantes. En el caso santafesino, distintos referentes de Unidos dejaron abierta la puerta a un eventual acercamiento entre Maximiliano Pullaro y LLA, aunque el núcleo duro del gobernador intenta mantener cierta autonomía política. En Misiones, mientras tanto, el rovirismo atraviesa tensiones internas y crece el malestar por el respaldo parlamentario al Gobierno nacional sin contraprestaciones claras para la provincia.

El trasfondo de todas estas negociaciones expone un fenómeno más profundo: el progresivo reemplazo de las identidades partidarias tradicionales por acuerdos de supervivencia territorial. La fragmentación de Juntos por el Cambio, el debilitamiento del PRO y la crisis de representación en varios distritos obligan a gobernadores y oficialismo nacional a explorar esquemas pragmáticos antes que coaliciones ideológicas clásicas. En ese escenario, el mileísmo parece asumir una realidad que durante mucho tiempo intentó negar: para construir poder duradero en Argentina no alcanza con la épica antisistema ni con las redes sociales. Hace falta estructura territorial, gobernadores, intendentes y acuerdos. En otras palabras, exactamente aquello que Milei prometía dinamitar cuando empezó su carrera política.

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