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La noticia no es que hoy es el Día de la Madre, sino los abrazos que nos quedaron pendientes

Hoy es un día especial. Y no precisamente porque en la Argentina se celebre el Día de la Madre. Eso ya lo sabemos. La verdadera noticia, quizás, esté en todo aquello que esta fecha despierta en cada uno de nosotros.

Con una mañana gris y una leve llovizna que acompaña una realidad económicamente incómoda para muchas familias, los salteños celebran, festejan y honran a ese ser tan maravilloso y extraordinario que es una madre.

Entonces, ¿por qué estas líneas?

Porque yo ya no tengo madre, aunque siempre está conmigo. Porque soy un adulto mayor que la extraña horrores. Porque la calidez de su abrazo y la contención de sus palabras siguen siendo mi coraza frente a lo que vendrá. Porque su sabiduría, construida a fuerza de vida, continúa acompañándome.

Y porque esa presencia que sobrevive a su ausencia me invita hoy a saludar a todas aquellas mujeres que son madres y en quienes reconozco tantas de las virtudes que admiré en la mía.

Mujeres capaces de esfuerzos extraordinarios que, aunque desde afuera puedan parecer sacrificios, para ellas muchas veces son simplemente expresiones de un amor que no conoce límites.

Para ustedes, mamás, mamazas y recontramamás, estas palabras:

Queridas mamás:

¿Será la edad o será la nostalgia lo que me vuelve cada vez más sensible? ¿Será que extraño tanto a mi mamá que encuentro en este día, y a través de ustedes, una manera de seguir honrándola?

Quizás sea un poco de ambas cosas.

Lo cierto es que en cada una de ustedes reconozco la esencia de lo que significa ser madre. De muchas conozco sus historias, sus luchas, sus esfuerzos y ese enorme valor de convertirse, tantas veces, en el sostén de una familia que puede estar golpeada, dividida o maltrecha, pero que sigue siendo familia gracias a ustedes.

Y esta sensibilidad que los años parecen acentuar me permite decirles, sin pudores, que las quiero y las admiro. Que, de alguna manera, también forman parte de mi reconciliación con los recuerdos de mi propia madre.

Porque me quedaron tantas cosas por decirle y tantas otras por hacer… Sobre todo, las más simples, esas que no cuestan nada y que, sin embargo, pueden significarlo todo para el corazón de una madre: un abrazo sin motivo, una caricia inesperada, un sencillo «te amo, mamá».

A veces, los hijos vivimos convencidos de que nuestras madres son inmortales. Que siempre estarán allí, esperando, comprendiendo, perdonando, queriéndonos incluso cuando no sabemos demostrarles cuánto las queremos, cuánto las amamos.

Hasta que un día la vida, con su implacable manera de enseñarnos, nos demuestra que no es así.

Por eso, hoy quiero desearles un día maravilloso. Que reciban todo el amor que tantas veces entregaron sin pedir nada a cambio. Que las abracen, que las mimen y, sobre todo, que les digan cuánto las quieren mientras todavía pueden escucharlo.

Feliz Día de la Madre.

Y a la mía, donde yo sé que está, le dejo ese abrazo que tantas veces postergué y esas palabras que nunca deberían quedar pendientes:

Te amo, mamá.

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